Los beneficios de la lectura a lo largo de toda la vida

Los beneficios de la lectura a lo largo de toda la vida
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La lectura por placer durante la infancia se ha relacionado estrechamente en investigaciones con el desarrollo del vocabulario y las habilidades matemáticas hasta los 16 años. Pero ¿sigue influyendo la lectura en la amplitud de nuestro vocabulario adulto? ¿Importa qué tipo de libros se leen, o lo que cuenta es simplemente cuánto se lee?

Nuestro estudio de una muestra representativa de más de 9.400 británicos nacidos en 1970 examinó cómo se desarrolló su vocabulario entre los 16 y los 42 años. La prueba consistía en pedir a las personas que emparejaran palabras de una lista con otras de significado similar de otra lista. Por ejemplo, se les pidió que encontraran otras palabras que significaran «hirsuto», «grotesco» o «cerebral».

La buena noticia es que el aprendizaje no se detiene al terminar los años escolares, tanto si leen con regularidad como si no. De hecho, los participantes de nuestro estudio mostraron grandes avances en vocabulario entre los 16 y los 42 años. A los 16, su puntuación media en la prueba de vocabulario era del 55 %. A los 42, los participantes obtuvieron una media del 63 % en la misma prueba.

Otra buena noticia es que los informes sobre la muerte de la lectura parecen haber sido exagerados. Más de una cuarta parte, o el 26 %, de los encuestados dijo que leía libros a diario en su tiempo libre, y otro 33 % afirmó que leía por placer al menos una vez al mes. Esto dejó a una minoría del 41 % que dijo que leía en su tiempo de ocio solo cada pocos meses o con menor frecuencia.

La universidad influye en las preferencias de lectura

Las personas diferían mucho en los tipos de libros que les gustaba leer, y esto estaba relacionado con su nivel educativo. Nos llamaron la atención las diferencias en los gustos literarios entre los graduados de las universidades británicas de élite del Grupo Russell y los de otras universidades. Al preguntarles qué tipos de libros solían leer, el 43 % de los graduados de universidades del Grupo Russell incluyó clásicos de ficción como Jane Eyre o La casa desolada, frente al 29 % de los graduados de otras universidades y al 11 % de las personas sin titulación.

La ficción literaria contemporánea de autores como Angela Carter o Paul Auster era aún más exclusiva. El 48 % de los graduados del Grupo Russell, el 30 % de los demás graduados y el 5 % de las personas sin titulación dijeron que solían leer este tipo de ficción. En cambio, la novela policiaca era el género de lectura más popular: la disfrutaba el 43 % de todos los encuestados. Fue el género más popular en nuestro estudio: el 36 % de las personas sin titulación y el 55 % de quienes tenían títulos del Grupo Russell dijeron que leían novelas policiacas.

Cuánto se lee y qué se lee

Entonces, ¿quiénes ampliaron más su vocabulario entre los 16 y los 42 años? Nuestro análisis estadístico tuvo en cuenta las diferencias en los antecedentes socioeconómicos de las personas y en sus puntuaciones en las pruebas de vocabulario a los cinco, diez y 16 años. Descubrimos que leer por placer tanto en la infancia como en la edad adulta influía en el ritmo de crecimiento del vocabulario entre la adolescencia y la mediana edad.

La lectura por placer durante la infancia pareció ejercer una influencia positiva a largo plazo en el desarrollo del vocabulario hasta los 42 años. Además, quienes seguían leyendo por placer con frecuencia a los 42 años experimentaron mayores avances de vocabulario entre la adolescencia y la mediana edad que quienes no leían.

Parece que no solo importa cuánto se lee, sino también qué se lee. Las personas de alrededor de 40 años que ahora leen ficción de alto nivel (como clásicos de ficción y ficción literaria contemporánea) fueron las que más ampliaron su vocabulario.

Recompensas para toda la vida

Nuestra investigación sugiere que fomentar el amor por la lectura desempeña un papel importante en la promoción del aprendizaje, tanto durante la infancia como en la vida adulta. Los beneficios de la lectura no terminan en la infancia, y el amor por la lectura adquirido en esa etapa puede reportar recompensas para toda la vida.

Hoy en día, los jóvenes tienen muchas exigencias que compiten por su tiempo, pero las nuevas tecnologías deberían facilitar más que nunca compartir libros e información sobre qué leer. Es fundamental que las escuelas promuevan la lectura por placer, por lo que resulta preocupante que muchas escuelas actuales no tengan bibliotecas escolares. La amenaza a las bibliotecas públicas también constituye una posible amenaza para el aprendizaje a lo largo de toda la vida.

Sobre todo, debemos plantearnos cómo fomentar el amor por la lectura en los niños que proceden de hogares con pocos libros, ya que sabemos que la falta de libros en el hogar es uno de los factores que más predicen el fracaso escolar. Una última conclusión de nuestra investigación es que no todas las lecturas benefician por igual el aprendizaje, y que los mayores avances se logran con obras de ficción que plantean mayores retos intelectuales.

Publicado en colaboración con The Conversation

Autora: Alice Sullivan es directora del Estudio de Cohorte Británico de 1970 en el Centro de Estudios Longitudinales del Instituto de Educación de la Universidad de Londres

Imagen: Niños, imitando las acciones del adulto que los acompaña, leen periódicos en Martin Place, en el centro de Sídney. REUTERS/Daniel Munoz

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