El verano del Orgullo está ya en pleno apogeo en el Reino Unido. Cada vez más ciudades organizan y celebran eventos del Orgullo, con todas las banderas arcoíris, la purpurina y los mensajes políticos desafiantes que eso conlleva. Pero, más de 50 años después de que se despenalizara la homosexualidad en el Reino Unido, las personas LGBT todavía no sienten que puedan ser completamente ellas mismas.
Los resultados de la Encuesta Nacional LGBT del Gobierno muestran que las personas LGBT están menos satisfechas con sus vidas que el resto de la población general del Reino Unido. En respuesta, el Gobierno ha creado un plan de acción, para abordar algunos de los principales problemas planteados por las personas LGBT en la encuesta.
Por ejemplo, el plan se compromete a poner fin a las terapias de conversión de homosexuales: un proceso que pretende «tratar» o «reprogramar» los sentimientos homosexuales mediante una combinación de psicoterapia y oración. Aunque es una gran noticia que este proceso aborrecible y perjudicial se vaya a prohibir, el informe también destaca otros desafíos que afrontan las personas LGBT, incluidas algunas «cosas sencillas que las personas heterosexuales dan por sentadas».
Esto también se refleja en mi investigación en curso sobre las historias de vida de mujeres LGBTQ en el Reino Unido. A menudo, cosas muy corrientes y cotidianas pueden distinguirte, hacer que actúes con cautela u obligarte a ocultar quién eres realmente.
Pequeños sucesos, grandes repercusiones
Una gran sorpresa (al menos para las personas heterosexuales) es que más de dos tercios de las personas LGBT evitan darse la mano en público. Renuncian a una sencilla expresión de amor y pertenencia para evitarse problemas y esquivar enfrentamientos. Se me encoge el corazón cuando sé que mi esposa y yo vamos a soltarnos de la mano; ella me da un pequeño apretón adicional para decirme que todo está bien y nos soltamos mientras pasa la gente. Haces que tu relación sea invisible.
Las personas LGBT sopesan si deberían revelar su orientación sexual en el trabajo; el 30 % no habla abiertamente de su sexualidad con colegas de alto rango y el 57 % no lo hace con clientes o usuarios. Las charlas informales de los lunes por la mañana sobre lo que hiciste el fin de semana se convierten en un campo minado. Una de las participantes de mi estudio, profesional de salud comunitaria, disfruta conversando con sus pacientes: es una parte importante de su trabajo. Pero siempre se cuida de no mencionar a su novia, por temor a incomodar a los pacientes.
Una participante trans de mi investigación pasa los fines de semana con sus hijos. Son una familia muy unida, pero no puede evitar distraerse por las miradas de otras personas en los restaurantes. Se prepara para soportarlas y espera que los niños no se den cuenta.
El nacimiento de un hijo es un acontecimiento monumental en la vida. Otra de mis participantes fue interrogada de forma agresiva sobre quién era cuando intentaba volver a la sala de maternidad después de que su pareja diera a luz. Tuvo que demostrar una y otra vez quién era para poder estar con su familia, agotada física y emocionalmente; algo que no se exigió a los nuevos padres que la rodeaban.
Encontrar la felicidad en la diversidad
En el mejor de los casos, estos episodios son irritantes: merecen que pongas los ojos en blanco y sigas adelante. En el peor, socavan tu sentido de identidad, te hacen sentir que no tienes un lugar en el mundo. Se entiende por qué esto puede hacer que la gente se sienta menos satisfecha y menos segura de sí misma. Se entiende por qué incluso estas cosas cotidianas «pequeñas» podrían afectar a la salud y la felicidad de una persona LGBT.
«Salir del armario» no es algo que tengas que hacer una sola vez. No hay un gran suspiro de alivio cuando todo el mundo lo sabe. Lo haces continuamente: compartes esa parte de ti con las nuevas personas que conoces. Siempre corres el riesgo de tener conversaciones incómodas, sufrir discriminación o incluso violencia. Estos son los desafíos que afrontan las personas LGBT, y el Gobierno también debe abordar estas experiencias cotidianas.
El plan de acción de 75 puntos del Gobierno incluye propuestas para que la educación sexual en las escuelas sea más inclusiva. Son muy bienvenidas y hacen mucha falta, ya que una generación de niños LGBT no recibió —y todavía no recibe— preparación para la vida adulta. El legado de la Sección 28 —una ley que hasta hace 15 años prohibía a las autoridades locales «promover la homosexualidad», especialmente en las escuelas— todavía persiste.
La sensibilización y la formación en diversidad para el personal del NHS son esenciales, en particular para las personas trans; el 21 % afirmó que se ignoraron sus necesidades específicas al acceder a la atención sanitaria. El sistema de justicia penal debe tomar más en serio a las personas LGBT, especialmente cuando denuncian delitos de odio. En consonancia con estudios anteriores, las personas LGBT todavía temen recibir un trato peor que las víctimas heterosexuales de delitos.
Si el mundo en que vivimos aceptara más las diferencias —no solo en cuanto a la identidad sexual y de género, sino también todas las formas ricas y magníficas de diversidad que tenemos la suerte de encontrar en el Reino Unido—, seguramente más personas estarían satisfechas con sus vidas. El nuevo plan de acción merece ser bienvenido. Pero hacer que las personas sientan que está bien ser quienes son desde el momento en que se despiertan quizá requiera más de 75 medidas.

