¿Por qué Leonardo da Vinci sigue fascinando al mundo moderno?

May 2 2019 marks the 500th anniversary of Leonardo’s death in Amboise in France
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Pocos maestros antiguos son tan venerables (y venerados) e instantáneamente reconocibles como Leonardo da Vinci. Pero considerar a Leonardo como un maestro antiguo —con todas las connotaciones de ser austero, tradicional, de alguna manera anticuado y aburrido— supone hacerle una grave injusticia a este hombre extraordinario. No hay nada anodino ni predecible en un hombre cuyas peculiaridades personales irritaban y frustraban a sus contemporáneos tanto como su genialidad y creatividad los deslumbraban y asombraban. Una cosa es segura: fuera lo que fuera Leonardo, viejo y aburrido no era.

El 2 de mayo de 2019 se cumple el 500.º aniversario de la muerte de Leonardo en Amboise (Francia), y este hito se celebra con una oleada de actividad que incluye, en el Reino Unido, una serie brillante e imaginativa de 12 exposiciones simultáneas por todo el país, cada una con 12 dibujos de Leonardo da Vinci procedentes de la Royal Collection de Windsor.

El dibujo ofrece una visión de cómo este pionero, que desafió todas las expectativas, veía el mundo que le rodeaba; por ello, no hay homenaje más adecuado a su vida que exponer 144 imágenes de Leonardo.

Sería divertido hacer un poco de turismo de exposiciones sobre Leonardo, ya que cada una de las 12 muestras se centra en un tema específico.

Gatos, leones y un dragón, c. 1517-18, tiza negra, pluma y tinta, aguada.Image: Royal Collection Trust / (c) Her Majesty Queen Elizabeth II 2018

Bristol Museum and Art Gallery, por ejemplo, alberga los dibujos relacionados con animales y sus movimientos, incluido el realmente cautivador Gatos, leones y un dragón (c. 1513-18), que debería zanjar de una vez cualquier sugerencia sobre la condición de Leonardo como maestro antiguo y austero.

Leonardo observa a un gato acicalándose, pero, finalmente, lo que registra ya no es un gato, sino el dragón más encantador, cuyas curvas sinuosas reflejan las de los gatos de la misma hoja de papel. La mente de Leonardo nunca dejó de estar en movimiento, y a través de sus dibujos se puede ver la mente de un artista en plena labor, capaz de pintar la majestuosa Última Cena y de extraer tanta diversión dibujando gatos a modo de garabato.

Aprendiz de taller

Los inicios de Leonardo como artista siguieron la vía tradicional del aprendizaje por contrato en el taller de un maestro consolidado, en este caso, el estudio de Andrea del Verrochio, un artista de gran éxito en el círculo de la familia Medici que era tan hábil hombre de negocios como artista.

La cabeza de Leda, c. 1505-8, tiza negra, pluma y tinta.Image: Royal Collection Trust / © Her Majesty Queen Elizabeth II 2018

El taller renacentista fomentaba una gran variedad de talentos: en un momento dado, un taller podía estar ejecutando imágenes a medida para un mecenas adinerado, al tiempo que colaboraba con otro taller en decoraciones al fresco a gran escala o en trabajos estructurales, o diseñando y produciendo decoraciones efímeras de papel maché dorado para un banquete. Se esperaba que los artistas fueran capaces de producir exquisitos diseños para joyas, prendas de vestir y libreas de animales para los acaudalados comerciantes de la Florencia renacentista. Mientras tanto, también producían en serie las populares bandejas de nacimiento que se entregaban a las madres en celebración del parto, pinturas sobre tabla para un mercado más económico, copiaban diseños heráldicos y bocetos de mapas.

Los talleres renacentistas prosperaron gracias a la variedad de habilidades reunidas bajo un mismo techo por un maestro como Verrochio: el equipo era más fuerte que la suma de sus partes individuales y se sustentaba a través de sus aprendices. Leonardo, sin embargo, destacó como maestro de todos los oficios, como el artista que sobresalía no en un arte, sino en todos ellos.

Pintor de corte

Leonardo era muy consciente de sus extraordinarios talentos y de su valor para los mecenas, y así lo expuso en una carta de solicitud de empleo en una de las cortes más pródigas de Europa, la de Ludovico il Moro Sforza, duque de Milán.

Habla de su experiencia en el diseño y la construcción de, en la práctica, artillería de campaña y puentes Bailey; expone sus habilidades para minar muros y en el diseño paisajístico; su experiencia como arquitecto y escultor, y también promete que puede hacer «en pintura lo que pueda hacerse tan bien como cualquier otro, sea quien sea».

Morteros disparando contra una fortaleza, c. 1503-4, tiza negra, pluma y tinta, aguada.Image: Royal Collection Trust / (c) Her Majesty Queen Elizabeth II 2018

El duque de Milán nombró a Leonardo para su corte, y fue en la corte de Sforza donde Leonardo, con casi 30 años, pasó las dos décadas siguientes pintando sus obras más conocidas (la Mona Lisa, La Última Cena, La Virgen de las Rocas, la cautivadora Dama del armiño). Mientras tanto, trabajaba en el encargo que más cerca estaba del corazón de su mecenas: la fundición de una estatua ecuestre a tamaño natural en honor del padre de Sforza.

Leonardo, como artista, no se medía solo con sus contemporáneos, sino que su verdadera competencia eran los grandes maestros de la Antigüedad clásica. Y la única forma en que podía alcanzar una fama duradera a través de su obra era asegurarse de que sus obras, especialmente el monumento a Sforza, se convirtieran en modelos ejemplares. Estaban concebidas como demostraciones insuperables de sus habilidades y conocimientos.

El mayor legado que Leonardo dejó de sus años milaneses son sus cuadernos y dibujos (incluidos algunos de los que se exponen actualmente), y una de las razones de estos dibujos fue su empeño en dominar todo lo que pudiera necesitar para ejecutar de la mejor manera posible ese monumento.

Diseño para un monumento ecuestre, c. 1485-8, punta de metal sobre papel azul preparado.Image: Royal Collection Trust / (c) Her Majesty Queen Elizabeth II 2018

Necesitaba comprender la anatomía del animal y de su jinete: sus cuadernos muestran estudios extraordinarios de la anatomía, el movimiento y la expresión de humanos y animales, y Leonardo volvía una y otra vez al mismo motivo, trabajando sin descanso en diminutas variaciones.

Para fundir el gran monumento, necesitaba entender el comportamiento de los metales, el fuego y los minerales, así como los procesos mecánicos de fundición y elevación del monumento. Por ello, estudió máquinas, dibujó las existentes, mejoró diseños antiguos e inventó otros nuevos. Leonardo quería conocer los detalles minuciosos de las texturas, pero también necesitaba comprender el paisaje en su conjunto.

Diseños para cañones y morteros, c. 1485, pluma y tinta.Image: Royal Collection Trust / (c) Her Majesty Queen Elizabeth II 2018

Los cuadernos son enciclopédicos en sus temas y asombrosos por su complejidad y belleza. Es la incesante actividad de su dibujo lo que permite comprender el atractivo atemporal de este mayor de los artistas.

Leonardo murió hace 500 años en Amboise, en la corte de Francisco I, donde se retiró tras trabajar para algunos de los mayores mecenas de principios del siglo XVI. Viajó con el ejército de Cesare Borgia y dibujó algunos de los primeros mapas en perspectiva de pájaro.

Mapa del Valdichiana, c. 1503-4, acuarela, pluma y tinta, aguada de tinta sobre tiza negra.Image: Royal Collection Trust / (c) Her Majesty Queen Elizabeth II 2018

Permaneció en la Corte Papal de León X (Giovanni de’ Medici), experimentando con mecanismos de relojería y centrándose cada vez más en su estudio de fenómenos meteorológicos como las nubes y las inundaciones; aun así, lo único constante fue el dibujo.

Disfruten, pues, de estos dibujos que han llegado hasta nosotros a lo largo de 500 años de historia del arte, y aprecien que están mirando en el interior de la mente del mayor “hombre del Renacimiento” de todos.

El libro del Club de Lectura del Foro Económico Mundial de este mes es «Leonardo da Vinci», de Walter Isaacson. Puede leer un extracto aquí, o unirse al club de lectura aquí.

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