El último siglo ha traído una considerable convergencia en los resultados laborales de hombres y mujeres. Sin embargo, pese a que las brechas de género en los logros educativos se han invertido y a la aplicación de políticas firmes contra la discriminación, en los países desarrollados persiste un nivel significativo de desigualdad de género en los ingresos y las tasas salariales, y el proceso de convergencia parece haberse ralentizado (Blau y Kahn, 2018).
En un artículo reciente (Kleven et al., 2018), ofrecemos una explicación sencilla de la persistencia de niveles tan elevados de desigualdad de género: los efectos de los hijos en las carreras profesionales de las mujeres, en comparación con las de los hombres, son grandes y no han disminuido con el tiempo. Como resultado, casi toda la desigualdad de género que persiste puede atribuirse a los hijos.
Para llegar a esta conclusión, aprovechamos datos administrativos únicos que abarcan a toda la población de Dinamarca desde 1980 y seguimos a parejas que tienen un hijo en común durante un período que va desde cinco años antes de tener su primer hijo hasta diez años después. En una serie de resultados laborales, observamos efectos grandes y pronunciados de los hijos: hombres y mujeres evolucionan en paralelo hasta el nacimiento de su primer hijo, divergen bruscamente justo después del parto y no vuelven a converger.
La figura 1 ilustra este fenómeno de la mejor manera. Muestra la evolución de los ingresos laborales totales de hombres y mujeres a lo largo del tiempo en relación con el año del nacimiento de su primer hijo, teniendo en cuenta el crecimiento salarial subyacente de la economía y el efecto del envejecimiento y la acumulación de experiencia de las personas. En los años previos al nacimiento del primer hijo, hombres y mujeres siguen una tendencia prácticamente idéntica, pero en los años inmediatamente posteriores, los ingresos de las mujeres caen un promedio del 30%.
Esta brecha del 30% se debe en parte a ajustes en la oferta laboral, ya que las mujeres disfrutan de la mayoría de los permisos parentales concedidos a los progenitores en Dinamarca. Pero, curiosamente, los ingresos de las mujeres siguen siendo casi un 20% inferiores incluso después de diez años, lo que refleja una brecha de género grande y significativa en las tasas salariales. Al investigar las causas de esta brecha salarial, documentamos que, tras la llegada de los hijos, las mujeres ajustan muchos aspectos de su comportamiento en el mercado laboral (ocupación, compatibilidad del entorno de trabajo con la vida familiar, trayectoria profesional, etc.), mientras que los hombres no lo hacen. Todos estos ajustes, en conjunto, tienen efectos grandes y significativos en la evolución de las tasas salariales de las mujeres con hijos.
Figura 1 El impacto de los hijos en los ingresos de hombres y mujeres

Nota: El gráfico muestra estimaciones de la evolución de los ingresos de hombres y mujeres en función del número de años transcurridos desde el nacimiento de su primer hijo, teniendo en cuenta el perfil subyacente de los ingresos a lo largo del ciclo vital. Las estimaciones se expresan en relación con el nivel de ingresos en el momento del evento -1, es decir, el último año antes del nacimiento del primer hijo.
Tras estimar el efecto de los hijos en los ingresos laborales de hombres y mujeres, volvemos a la población total y preguntamos qué parte de la brecha general de ingresos entre hombres y mujeres puede explicarse por el efecto diferencial de los hijos.
Como se muestra en la figura 2, observamos que la proporción de la brecha total de ingresos atribuible a los hijos se ha duplicado con el tiempo: pasó de alrededor del 40% en 1980 a cerca del 80% en 2013. Este cambio drástico refleja la combinación de dos cambios subyacentes:
la desigualdad de género en los ingresos relacionada con los hijos aumentó de alrededor del 18% al 20%; y la desigualdad de género total en los ingresos cayó de alrededor del 46% al 24%.
Para entender por qué ha aumentado la desigualdad de género en los ingresos relacionada con los hijos, cabe señalar que, aunque el efecto porcentual de los hijos en los ingresos de las mujeres ha disminuido ligeramente con el tiempo, la penalización se aplica ahora sobre una base mayor debido al aumento general de los ingresos de las mujeres en relación con los de los hombres, impulsado por el mayor nivel educativo de las mujeres.
Figura 2 Descomposición de la brecha de género agregada

Nota: La figura descompone la brecha de género transversal total en los ingresos de cada año desde 1980 en Dinamarca, separando el efecto de los hijos, el efecto de la educación y todos los demás factores (desigualdad residual). La descomposición dinámica de Oaxaca-Blinder utiliza los efectos estimados de los hijos en la figura 1 para calcular los ingresos contrafactuales de las mujeres con hijos, es decir, estimaciones de cuáles serían sus ingresos en ausencia de penalizaciones diferenciales por hijos para las mujeres en comparación con los hombres. Pasar de los ingresos reales a los contrafactuales de las mujeres con hijos reduce la brecha total de género en la cuantía indicada por el área azul oscuro inferior.
En conjunto, estos resultados muestran que, si bien la desigualdad de género en la educación ha disminuido enormemente en los últimos 30 años, la desigualdad de género relacionada con los hijos ha persistido y, por consiguiente, parece explicar la mayor parte de la desigualdad de ingresos que todavía existe entre hombres y mujeres.
A partir de esta observación, es natural preguntarse por qué la llegada de los hijos sigue afectando de manera desproporcionada a las mujeres tras décadas de esfuerzos por lograr la igualdad de género mediante leyes de igualdad de oportunidades, políticas de cuidado infantil y permisos parentales con protección del empleo. Una posible explicación es que los efectos observados se deben a las normas de género, que solo cambian lentamente con el tiempo.
Para explorar este efecto, examinamos la correlación entre el efecto de los hijos en las mujeres y el historial de participación laboral de los abuelos. Observamos que el efecto está estrechamente relacionado con el historial de participación laboral de los abuelos maternos pero no con el de los abuelos paternos, incluso después de tener en cuenta un amplio conjunto de características familiares. Por ejemplo, en las familias tradicionales, donde la madre trabaja muy poco en comparación con el padre, la llegada de los hijos afecta más negativamente a su hija cuando esta acaba convirtiéndose en madre.
Estos resultados están relacionados con el trabajo de Fernández et al. (2004), así como con investigaciones recientes sobre la importancia de las normas de identidad de género para los resultados laborales (Bertrand, 2011; Bertrand et al., 2015), y nuestros hallazgos sugieren que la identidad de género femenina se forma durante la infancia de una niña, a partir de los roles de género de sus padres.

