La música puede ayudar a los niños pequeños a leer. Así es como

Children's reading books are seen on a shelf inside Widnes Library in Widnes, Britain September 12, 2018. REUTERS/Phil Noble - RC1FB98571B0
Music processing and language development share an overlapping network in the brain.Image: REUTERS/Phil Noble
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La neurociencia ha descubierto una clara relación entre la música y la adquisición del lenguaje. En pocas palabras, aprender música durante los primeros años de escolarización puede ayudar a los niños a aprender a leer.

La música, el lenguaje y el cerebro

El procesamiento musical y el desarrollo del lenguaje comparten una red superpuesta en el cerebro. Desde una perspectiva evolutiva, el cerebro humano desarrolló la capacidad de procesar la música mucho antes que el lenguaje y luego utilizó esa capacidad para crear y aprender el lenguaje.

Al nacer, los bebés entienden el lenguaje como si fuera música. Responden al ritmo y la melodía del lenguaje antes de entender el significado de las palabras.

Los bebés y los niños pequeños imitan el lenguaje que oyen usando esos elementos de ritmo y melodía; así surge ese habla cantarina que conocemos y nos encanta de los niños pequeños.

Los niños con formación musical leen mejor

La base de la lectura es el habla y, para aprender a hablar, los niños primero deben ser capaces de distinguir el habla de todos los demás sonidos. La música les ayuda a hacerlo.

Image: Universidad Northwestern

En última instancia, leer consiste en extraer significado de las palabras de una página. Varias habilidades se combinan para ayudarnos a construir esos significados, entre ellas la capacidad de distinguir los sonidos de las palabras y la fluidez lectora.

La fluidez incluye la capacidad de ajustar los patrones de acentuación y entonación de una frase, por ejemplo, para expresar enojo o alegría, y de elegir la inflexión correcta, como en una pregunta o una exclamación. Estas habilidades muy desarrolladas de procesamiento auditivo se potencian con la formación musical.

Los niños con formación musical también tienen mejores habilidades de comprensión lectora.

La música también puede darnos pistas sobre las dificultades de un niño con la lectura.
Las investigaciones han descubierto que los niños de tres y cuatro años capaces de mantener un ritmo musical constante estaban más preparados para aprender a leer a los cinco años que quienes no podían seguir el ritmo.

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Qué pueden hacer padres y docentes

El aprendizaje del lenguaje comienza desde el primer día de vida: los padres hablan y cantan a sus bebés. Los bebés estrechan sus vínculos con sus padres y su comunidad principalmente a través de la voz, por lo que cantarles fortalece ese vínculo y activa su red de procesamiento auditivo.

Llevar a los niños pequeños cada semana a una clase de música bien estructurada y de alta calidad desarrollará las habilidades musicales que, según se ha demostrado, son tan eficaces para aprender a leer. Es fundamental buscar clases que incluyan actividades de movimiento, canto y respuestas tanto al sonido como al silencio. Deben utilizar juguetes e instrumentos musicales de buena calidad.

Cuando se preparen para empezar la educación preescolar, una etapa crucial para el desarrollo del lenguaje, busquen programas de aprendizaje musical igualmente bien estructurados, impartidos a diario por educadores cualificados. Las canciones, las rimas y las actividades rítmicas que los niños hacen en preescolar y en la guardería los preparan para aprender a leer.

Los programas de música deben desarrollar las habilidades de forma progresiva. Deben animar a los niños a practicar el canto afinado, a usar instrumentos y a moverse con la música de manera improvisada y estructurada.

Al aprender música, también se debe enseñar a los niños a leer la notación y los símbolos musicales. Esto refuerza la conexión entre el símbolo y el sonido, que también es fundamental para leer palabras.

Lo fundamental es el aprendizaje musical activo. Poner música alta de fondo contribuye poco al desarrollo del lenguaje y hasta puede dificultar su capacidad para distinguir el habla de todos los demás ruidos.

Esto no significa que los niños necesiten silencio para aprender. De hecho, ocurre lo contrario. Necesitan diversos entornos sonoros y la capacidad de elegir la estimulación auditiva que necesita su cerebro. Algunos alumnos necesitan ruido para concentrarse; otros necesitan silencio, y cada preferencia depende del tipo de aprendizaje que se les pide realizar.

Los entornos sonoros no se definen únicamente por el volumen que alcanza la clase. También importa la calidad de los sonidos. Los chirridos de los frenos cada tres minutos, el aire acondicionado ruidoso, la música de fondo que funciona para algunos pero no para otros, y los golpes y estruendos irregulares afectan la capacidad de los niños para aprender.

Los docentes pueden permitir que los alumnos se entusiasmen durante las clases y hagan ruido cuando corresponda, pero conviene tener auriculares insonorizantes en el aula para quienes quieran aislarse del sonido.

Música para todos

Nuestra red de procesamiento auditivo es el primer y mayor sistema de recopilación de información del cerebro. La música puede reforzar los componentes biológicos básicos del lenguaje. Prepara a los niños para aprender a leer y los acompaña mientras avanzan en su proceso de lectura.

Lamentablemente, los alumnos desfavorecidos son quienes menos probablemente reciben formación musical en sus escuelas. Sin embargo, las investigaciones muestran que son quienes más podrían beneficiarse del aprendizaje musical.

Al buscar formas de mejorar los resultados de lectura de los niños pequeños, ofrecer más formación musical en los centros preescolares y las escuelas primarias podría ser un camino claro para avanzar.

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