La cuarta revolución industrial corre el riesgo de dejar atrás a las mujeres

Women wearing sunglasses work at a production line manufacturing electric machine parts at a factory in Luan, Anhui province, China November 17, 2018. Picture taken November 17, 2018. REUTERS/Stringer ATTENTION EDITORS - THIS IMAGE WAS PROVIDED BY A THIRD PARTY. CHINA OUT. - RC11E1AB4D40
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La Cuarta Revolución Industrial está, aparentemente, ya aquí. El término fue acuñado en 2016 por Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial.

En términos generales, se refiere a la desaparición de las fronteras entre las esferas física, digital y biológica. De forma más específica, trata de la digitalización de todo tipo de sistemas y procesos. La inteligencia artificial (IA) está a la vanguardia de esta realidad. Se trata de sistemas que, tal como lo define la Comisión Europea, la Comisión Europea lo define así, “muestran un comportamiento inteligente al analizar su entorno y emprender acciones … para alcanzar objetivos específicos”.

La IA se utiliza hoy en día en todo, desde las tecnologías de reconocimiento facial y de voz hasta el software de análisis de imágenes. También es una piedra angular de los coches autónomos y de la robótica avanzada.

Parte de la promesa de esta “revolución” es que la IA y tecnologías similares se utilizarán para impulsar el crecimiento económico, el desarrollo y un cambio social positivo. Pero es urgente una investigación crítica que permita evaluar qué efectos tiene y tendrá la cuarta revolución industrial sobre las poblaciones vulnerables y marginadas.

En Sudáfrica, se ha debatido en cierta medida sobre el discurso elitista en el que se desarrollan las conversaciones sobre la cuarta revolución industrial. Algunos han señalado la necesidad de garantizar que las políticas vinculadas a estos cambios atiendan las necesidades de todas las partes interesadas. Otros han analizado sus posibles efectos sobre la desigualdad en el mercado laboral del país. Sin embargo, se ha debatido muy poco sobre cómo podrían verse afectadas concretamente las mujeres.

Este es un descuido preocupante. El mundo de la cuarta revolución industrial parece destinado a estar dominado por formas de conocimiento y sectores –como la ciencia y la tecnología– que desde hace mucho tiempo están dominados por hombres.

Además, muchas de las oportunidades que se atribuyen a la cuarta revolución industrial se basan en internet. Sin embargo, como ha demostrado un reciente estudio, las mujeres tienden a tener menos acceso a las tecnologías basadas en internet que los hombres en África. Esto implica que el impacto en la vida y las oportunidades laborales de las mujeres se convierte en una cuestión de gran preocupación.

El futuro del trabajo de las mujeres

El futuro del trabajo ha sido uno de los principales puntos de debate en el contexto de las nuevas tecnologías y de la cuarta revolución industrial.

Con el aumento de la automatización, las personas que trabajan en “ocupaciones rutinarias intensivas” –como el trabajo de secretariado o de centros de llamadas– se consideran propensas a ser reemplazadas en el lugar de trabajo por computadoras, que se cree que son más eficientes y menos costosas. Se están preparando robots para sustituir los empleos de cuidado. Estos tipos de profesiones, junto con otras especialmente vulnerables a ser reemplazadas por robots o computadoras, están ocupadas generalmente por mujeres.

En Sudáfrica, donde el mercado laboral ya es más favorable a los hombres que a las mujeres, esto supone una seria preocupación.

Hay otras razones para preocuparse. La brecha digital de género en Sudáfrica, y en el continente africano en general, no hace más que ampliarse, ya que las mujeres tienen menor alfabetización digital, menos acceso a las tecnologías basadas en internet y menos contenido en línea relevante para ellas que los hombres. Esto sugiere que las mujeres también podrían quedar excluidas de las oportunidades de trabajo cada vez más digitales.

Además, debido a la carga de los cuidados y de las tareas domésticas que las mujeres suelen asumir además del trabajo remunerado, las mujeres disponen significativamente de menos tiempo que los hombres para realizar estudios y formación adicionales. Eso significa que no podrán mejorar fácilmente sus competencias digitales.

Estas realidades ponen de manifiesto algunas de las carencias de los objetivos políticos existentes en Sudáfrica en torno a la cuarta revolución industrial. Por ejemplo, el Libro Blanco sobre Ciencia, Tecnología e Innovación tiene como objetivo ofrecer formación en tecnologías de la información y la comunicación en todos los niveles. Pero, dados los problemas que he señalado, es menos probable que las mujeres se beneficien de ello que los hombres.

Entonces, ¿qué puede hacer el país de forma diferente?

Lecciones e investigación

Para empezar, podría aprender de otros países. En Ghana, una iniciativa llamada STEMbees no solo promueve la formación en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas para mujeres y niñas, sino que también aborda cuestiones sociales como la seguridad digital. Podría haber lecciones aquí para Sudáfrica.

El país también debería considerar cómo se puede utilizar la tecnología para empoderar y ayudar a las mujeres, en lugar de excluirlas. Existen numerosos ejemplos de ello a nivel mundial.

Junto con este aprendizaje, Sudáfrica necesita investigar y comprender a fondo los efectos de la cuarta revolución industrial en las mujeres, así como los obstáculos –ya sean educativos, sociales o tecnológicos– para acceder y utilizar los recursos basados en internet.

Las respuestas políticas para promover a las mujeres en los campos STEM deben abordar de forma integral tanto la falta de mujeres en estos campos como los factores estructurales que han provocado esta situación.

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