Desde el primer pelele rosa o azul, los padres tratan de forma diferente a los niños y las niñas. Puede que lo hagan conscientemente o quizá no. Pero esto desempeña un papel importante en la formación del futuro de los niños.
Al fomentar estereotipos anticuados —dar muñecas a las niñas para que jueguen o decirles a los niños que no lloren—, reforzamos las expectativas sociales sobre los roles de género.
Es un tema que preocupa a muchas personas, incluido el primer ministro canadiense Justin Trudeau, a quien se atribuye la creación del primer gabinete con equilibrio de género del mundo tras llegar al poder en 2015 y que ha hecho campaña por la importancia de que las mujeres accedan a puestos de gran responsabilidad.
La BBC recientemente siguió un experimento social que intentaba averiguar qué ocurre cuando se eliminan las diferencias en el trato que reciben los niños y las niñas.

Ciclistas y muñecas
En colaboración con el Laboratorio Psicométrico de Londres del University College London, el programa evaluó las diferencias en la conducta y los rasgos psicológicos de niños y niñas, desde la confianza y la autoestima hasta la empatía y las habilidades sociales.
Aunque el experimento no pretendía ofrecer una solución definitiva a la desigualdad entre hombres y mujeres, sí mostró cómo puede manifestarse el sesgo de género inconsciente. Por ejemplo, cuando los niños vestían ropa de niña y viceversa, los adultos, sin saberlo, daban automáticamente muñecas a las «niñas» para que jugaran, mientras animaban a los «niños» a montar en bicicleta.
También mostró cómo los niños, incluso los de apenas siete años, ya están influidos por los estereotipos. Un niño afirmó que los hombres eran mejores porque eran «más fuertes y tenían más trabajos», mientras que otro dijo que los niños no deberían llorar.
En el programa, los científicos sostienen que no hay una explicación neurológica evidente para la brecha de género, pues no existe una diferencia significativa entre los cerebros masculinos y femeninos. Ambos son muy plásticos y están influidos en gran medida por las experiencias de la infancia.
Criar a feministas
En su intervención en la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos este año, el primer ministro canadiense Justin Trudeau explicó cómo pensaba criar como feministas tanto a sus hijos como a su hija.
Dijo que su esposa le había dicho que, además de animar a su hija a ser ambiciosa, debía «esforzarse igual en hablar con sus hijos... sobre cómo trata a las mujeres y sobre cómo crecerá para ser feminista, igual que papá».

Aunque estos esfuerzos por cerrar la brecha de género son encomiables, varios acontecimientos recientes que han acaparado la atención de los medios han puesto de relieve las dificultades para promover la igualdad de género.
Un ingeniero de Google que intentó sostener que las diferencias biológicas explicaban la escasez de mujeres en puestos técnicos y directivos de Silicon Valley encontró muy poco respaldo entre muchas personas. Sin embargo, también hubo un número considerable de quienes expresaron su acuerdo con él.
Por otra parte, como muestra de hasta qué punto la industria del juguete contribuye activamente a la brecha de género, la cadena estadounidense Target anunció en 2015 que dejaría de etiquetar los juguetes para niños o niñas. Las investigaciones han demostrado que, en realidad, los niños muestran pocas preferencias de género por los juguetes hasta que tienen edad suficiente para sentir la presión de sus pares.
La brecha de género mundial
El Informe global sobre la brecha de género 2016 del Foro Económico Mundial muestra lo lento que avanza el mundo hacia la igualdad entre hombres y mujeres.
De hecho, una comparación interanual muestra que, de los 142 países incluidos en el informe, solo 68 aumentaron su puntuación general en materia de brecha de género con respecto al año anterior, mientras que en 74 esta disminuyó.
Las brechas entre mujeres y hombres en cuanto a participación económica y empoderamiento político siguen siendo especialmente pronunciadas.

