Además de sus efectos en la salud, la COVID-19 tuvo un enorme impacto en la educación de los niños, pero apenas empieza a conocerse su alcance total.
Mientras los confinamientos por la pandemia siguen obligando a cerrar escuelas, está claro que quienes más han sufrido son los más vulnerables.
Recuperar los meses de educación perdidos debe ser una prioridad para todas las naciones.
Cuando la Organización Mundial de la Salud declaró la COVID-19 pandemia el 11 de marzo de 2020, pocos podrían haber previsto los efectos catastróficos que el virus tendría en la educación de los niños del mundo.
Durante los primeros 12 meses de la pandemia, los confinamientos hicieron que 1.500 millones de estudiantes de 188 países no pudieran asistir a la escuela en persona, lo que provocó efectos duraderos en la educación de toda una generación.
Como lo expresó un informe de la OCDE de 2021 sobre los efectos del cierre de las escuelas: «Pocos grupos son menos vulnerables al coronavirus que los escolares, pero pocos grupos se han visto más afectados por las respuestas políticas para contener el virus».
Aunque muchos cierres de escuelas se anunciaron como medidas temporales, persistieron durante todo 2020 y, en algunos casos, incluso después.
Aún en marzo de 2022, UNICEF informó que 23 países, donde viven alrededor de 405 millones de escolares, todavía no habían reabierto completamente sus escuelas. Mientras China luchaba por contener nuevos brotes de COVID-19, se cerraron escuelas en Shanghái y Xi'an en octubre de 2022.
La COVID ha puesto fin a la educación de algunos
Casi 147 millones de niños perdieron más de la mitad de su escolarización presencial entre 2020 y 2022, según UNICEF. La organización advierte que muchos, especialmente los más vulnerables, corren el riesgo de abandonar por completo sus estudios.
El peligro queda de manifiesto en los datos de UNICEF, que muestran que el 43% de los estudiantes no volvió cuando las escuelas de Liberia reabrieron en diciembre de 2020. El número de niños sin escolarizar en Sudáfrica se triplicó, de 250.000 a 750.000, entre marzo de 2020 y julio de 2021, añade UNICEF.
Cuando las escuelas de Uganda reabrieron tras permanecer cerradas durante dos años, casi uno de cada diez niños no volvió a las aulas. Y en Malaui, la tasa de abandono escolar entre las niñas de educación secundaria aumentó un 48% entre 2020 y 2021.
UNICEF afirma que los niños sin escolarizar se encuentran entre los más vulnerables y marginados de la sociedad. Son quienes menos probabilidades tienen de aprender a leer, escribir o hacer operaciones matemáticas básicas y, cuando no asisten a la escuela, corren el riesgo de sufrir explotación y pasar toda la vida en la pobreza y la privación, señala la organización.
Tiempo de aprendizaje perdido
Incluso cuando los niños asisten a la escuela, el tiempo de aprendizaje que han perdido debido a la pandemia agrava lo que UNICEF describe como «un nivel de aprendizaje alarmantemente bajo» en 32 países de ingresos bajos que ha estudiado.
«En los países analizados, el ritmo actual de aprendizaje es tan lento que la mayoría de los escolares tardarían siete años en adquirir las competencias básicas de lectura que deberían haber aprendido en dos años, y 11 años en adquirir las competencias básicas de cálculo», afirma la organización benéfica.
Un análisis de la crisis realizado por la UNESCO y publicado en noviembre de 2022 concluyó que los estudiantes más vulnerables fueron los más afectados por la falta de escolarización. Añadió que se había estancado el avance hacia el Objetivo de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas en materia de educación.
En América Latina y el Caribe, una región que sufrió uno de los períodos más prolongados de cierre de escuelas, las puntuaciones medias de educación primaria en lectura y matemáticas podrían haber retrocedido a niveles que no se veían desde hacía 10 años, afirma el Banco Mundial.
El Banco Mundial afirma que cuatro de cada cinco alumnos de sexto grado quizá no puedan comprender e interpretar adecuadamente un texto de extensión moderada. Como resultado, es probable que estos estudiantes ganen un 12% menos a lo largo de su vida que si la pandemia no hubiera interrumpido su educación, estima la entidad.
Se amplía la brecha de rendimiento
En India, la pandemia ha ampliado las brechas en los resultados de aprendizaje entre los escolares y quienes proceden de familias marginadas y vulnerables se han quedado más rezagados, según un informe de 2022 del Foro Económico Mundial.
Incluso donde las escuelas intentaron seguir enseñando mediante el aprendizaje a distancia, se perpetuó la brecha socioeconómica. En Estados Unidos, un estudio constató que el rendimiento en matemáticas de los niños cayó un 50% más en las zonas menos acomodadas, en comparación con los de los barrios más prósperos.
La consultora McKinsey afirma que los estudiantes de EE. UU. llevaban un retraso medio de cinco meses en matemáticas y de cuatro meses en lectura al final del año escolar 2020-21. Los estudiantes desfavorecidos fueron los más afectados: los estudiantes negros perdieron, en promedio, seis meses de aprendizaje.
Investigadores de Japón observaron un patrón similar: los niños desfavorecidos y los más pequeños fueron quienes más sufrieron por el cierre de las escuelas. Señalaron que los efectos adversos de verse obligados a estudiar en casa duraron más entre quienes vivían en peores condiciones.
Sin embargo, en Suecia, donde las escuelas permanecieron abiertas durante la pandemia, no disminuyeron las puntuaciones de comprensión lectora entre los niños de todos los grupos socioeconómicos, lo que llevó a los investigadores a concluir que el impacto de la pandemia por sí solo no afectó al rendimiento de los estudiantes.
Recuperar el ritmo de aprendizaje
Entonces, ¿qué se puede hacer para ayudar a la generación de la pandemia a recuperar el aprendizaje perdido?
El Banco Mundial propone 10 medidas que pueden adoptar los países, entre ellas pedir a las escuelas que evalúen las pérdidas de aprendizaje de los estudiantes y hagan un seguimiento de su progreso cuando vuelvan a las aulas.
La educación de recuperación y las medidas para evitar que los niños abandonen la escuela serán esenciales, afirma la entidad. Entre ellas podrían figurar cambios en el calendario escolar y modificaciones del currículo para centrarse en las competencias básicas.
También es necesario ampliar las oportunidades de aprendizaje en casa, por ejemplo, distribuyendo libros y dispositivos digitales cuando sea posible. El Banco Mundial afirma que también es fundamental apoyar a los padres en esta labor.
Los docentes también necesitarán apoyo adicional para evitar el agotamiento, señala el Banco Mundial. La entidad destaca la «necesidad de invertir de forma decidida en el desarrollo profesional de los docentes y utilizar la tecnología para potenciar su trabajo».




