Es alentador ver que Maitreyi Bordia Das explora con tanto interés la evolución del Índice de Progreso Social en su reciente artículo sobre inclusión social.
El Índice de Progreso Social es un marco para medir las diversas dimensiones del bienestar humano, desde las necesidades humanas básicas hasta la educación avanzada. Desde principios de 2014, los autores de este artículo hemos participado en la difusión del índice, tanto mediante seminarios académicos como presentándolo a funcionarios públicos que podrían estar interesados en utilizarlo como indicador institucionalizado, junto con el PIB tradicional y los índices económicos relacionados.
Al hacerlo, hemos encontrado entusiasmo entre estudiantes y ejecutivos en países tan diversos como Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Italia, Estonia, Polonia y Tailandia. Nos ha dado la impresión de que ha llegado el momento histórico de esta idea, y nos gustaría alentar no solo al Banco Mundial (donde trabaja Bordia Das), sino también a todas las instituciones públicas del mundo, a considerar el uso de este índice como estadística oficial.
También quisiéramos abordar algunos de los puntos planteados por Bordia Das en su artículo.
En primer lugar, en cuanto a la ponderación: Bordia Das señala que los índices de bienestar del Índice de Progreso Social reflejan los prejuicios de quienes lo diseñaron, pero, de hecho, los 12 componentes clave del bienestar se dejan deliberadamente sin ponderar. El único lugar donde se introduce la ponderación en el índice es en el análisis factorial, que se lleva a cabo a nivel de los indicadores de subcomponentes.
Para cada componente del índice se utilizan varios indicadores a fin de captar el desempeño con la mayor precisión posible, con la posibilidad de que algunos se solapen. Para contrarrestar ese solapamiento, el índice utiliza la técnica estadística del «análisis de componentes principales» para asignar ponderaciones a los indicadores que conforman cada componente. Sin embargo, estas ponderaciones no reflejan los juicios subjetivos de quienes diseñaron el índice sobre lo que es importante; son ponderaciones sencillas, determinadas estadísticamente.
El uso del análisis factorial estadístico permite que el índice aborde otra cuestión clave planteada por Bordia Das en su artículo: la especificidad del contexto. A la hora de crear índices generales de bienestar mundial, el contexto es, sin duda, un obstáculo. De hecho, el equipo de investigadores del Índice de Progreso Social lo ha señalado periódicamente. El principal reto no es tanto la comparabilidad como la coherencia entre las distintas variantes del índice.
Por tanto, sería perfectamente aceptable (manteniendo la coherencia y la comparabilidad entre los 12 componentes del índice) variar los indicadores para que reflejen el contexto de distintos estados o niveles. Al fin y al cabo, los mejores indicadores de inclusión social en Finlandia, con su Estado del bienestar altamente desarrollado, pueden ser muy distintos de los mejores indicadores de inclusión social en Tailandia, donde la inclusión depende más de las relaciones comunitarias informales. Una vez que aceptamos la diversidad de cada indicador, el análisis factorial desempeña un papel crucial para determinar cuáles son significativos para nuestros fines.
Bordia Das escribe que el Índice de Progreso Social parece tener demasiados indicadores y, por tanto, está mal definido (es decir, ¿qué estamos midiendo realmente?). Pero consideraríamos este gran número de indicadores una fortaleza, no una debilidad. Esto se debe a dos razones: en primer lugar, el bienestar humano es complejo y depende de una serie de factores; y, en segundo lugar, la cantidad ofrece seguridad.
Con 54 indicadores que contribuyen al índice general (según la edición de 2014), seguramente podemos permitirnos que algunos sean erróneos o que haya uno o dos controvertidos. El impacto de cualquier indicador individual en el índice general (y, por tanto, la posible distorsión causada por la falta de precisión) es bastante pequeño. Otra ventaja de que el número de indicadores sea grande y abierto es que crea en el índice una sensación de «algo para todos», lo que nos permite mantener una concepción amplia del bienestar humano.
En cuanto a la pregunta clave de los responsables de formular políticas sobre qué políticas aplicar, algo que interesa a Bordia Das en el Banco Mundial, así como a funcionarios públicos de todo el mundo, las fichas de resultados disponibles en el sitio web del Índice de Progreso Social pueden ser una rica fuente de inspiración. Para cada país incluido en el índice, es posible identificar claramente las fortalezas y debilidades relativas (en relación con un conjunto de países en una etapa de desarrollo similar), lo que facilita a los responsables de formular políticas definir un camino hacia el progreso social.
Nosotros, los autores de este artículo, vemos el índice como el inicio de una nueva forma de medir, que incorpora las lecciones de índices anteriores y crea algo de verdadero valor para la sociedad en su conjunto.
Autores: Mark Esposito es miembro del profesorado de la Harvard University Extension School, profesor asociado de Negocios y Economía en Grenoble Graduate School of Business y asociado sénior en University of Cambridge-CISL. Patrick O’Sullivan es profesor de Ética Empresarial en Grenoble School of Management y University of Warsaw.
Imagen: Niños juegan en la playa de Mount Lavinia, en Colombo, el 2 de octubre de 2011. REUTERS/Dinuka Liyanawatte

