¿Cuál es, después de todo, el valor del espacio?

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  • Inmarsat, empresa mundial de comunicaciones por satélite, llevó a cabo el mayor estudio de este tipo del mundo para determinar cuánto sabe el público en general sobre el espacio.

  • El estudio reveló que solo el 8 % de las personas encuestadas asociaba el espacio con sus necesidades cotidianas de conectividad.

  • La nueva plataforma de Inmarsat, «¿Cuál es, después de todo, el valor del espacio?», pretende informar al público sobre el papel fundamental que desempeña el espacio para facilitar el desarrollo en la Tierra.

¿Ha perdido la gente de vista el valor del espacio y su papel en la vida cotidiana? ¿Lo ve más como ciencia ficción que como ciencia?

Como director ejecutivo de Inmarsat, la principal empresa mundial de comunicaciones móviles por satélite, tengo la suerte de estar en el centro de una de las industrias más apasionantes y dinámicas, que actualmente registra inversiones récord y enormes avances en innovación tecnológica: la industria espacial.

Desde conectar a las personas por tierra, mar y aire y mantener el comercio en marcha, incluso en medio de una pandemia mundial, hasta posibilitar viajes y negocios sostenibles a medida que se agravan las preocupaciones por el cambio climático, soy constantemente consciente de las enormes oportunidades que nos brinda el espacio.

Pero ¿cuánto sabe y comprende el público sobre el espacio? Cuando Inmarsat decidió realizar el mayor estudio mundial sobre las percepciones del valor del espacio, quisimos mostrar tanto sus magníficas posibilidades como los riesgos potenciales que conlleva.

El interés por el espacio

Aunque esperábamos una desconexión entre las perspectivas de la industria y del público, nadie anticipó la cruda realidad de los resultados de nuestro informe histórico, ¿Cuál es, después de todo, el valor del espacio?

De las 20.000 personas encuestadas en 11 países, solo el 8 % asociaba el espacio con la conectividad y los satélites de comunicaciones, y apenas el 38 % deseaba saber más sobre el tema. Sin embargo, sin los satélites y la tecnología espacial, el mundo se paralizaría por completo. Los aviones no podrían volar con seguridad, los barcos no podrían navegar por los océanos y dejarían de existir tecnologías cotidianas que damos por sentadas, como los cajeros automáticos, la televisión por satélite y los sistemas de navegación por satélite de los automóviles.

Entonces, ¿por qué hay una falta tan marcada de conocimientos o, para hablar con franqueza, incluso de interés por el espacio?

El mundo quedó cautivado por la primera era espacial y todas las maravillas que trajo consigo, como los lanzamientos de cohetes y el icónico alunizaje de Neil Armstrong. Sin embargo, los logros actuales, muchos de los cuales eran inimaginables entonces —como las misiones a Marte, el primer vuelo espacial íntegramente civil y el lanzamiento del telescopio espacial James Webb—, no despiertan el mismo entusiasmo.

Las personas encuestadas de 55 años o más, que vivieron la primera era espacial, siguen asociando el espacio con la exploración, pero parece que no comprenden bien su verdadero valor para la vida cotidiana actual. También existe una clara brecha generacional: los integrantes de la generación Z, que crecieron con los avances tecnológicos, parecen dar por sentados los datos y la voz virtual de los que tanto dependen, sin tener en cuenta su origen. En cambio, cuando se habla del espacio, es más probable que piensen en extraterrestres y películas de ciencia ficción.

Hacer posible la sostenibilidad en la Tierra mediante la sostenibilidad en el espacio

Y aunque la gente tiene esperanzas en lo que el espacio puede aportar a la lucha contra la pobreza y la escasez de alimentos en la Tierra, e incluso a la carrera por curar el cáncer, predominaba un profundo temor al espacio: el 97 % lo consideraba una amenaza.

Sus tres principales preocupaciones —la basura espacial y las colisiones, la contaminación del espacio y los daños a la atmósfera terrestre— coinciden con las mías. El espacio es un recurso valioso que ya nos ayuda a combatir el cambio climático en la Tierra.

Una vasta red de satélites recopila datos sobre el sistema climático de nuestro planeta, incluido el seguimiento de las emisiones de gases de efecto invernadero, la humedad del suelo y la temperatura de nuestros océanos.

Los satélites de comunicaciones reducen las emisiones en nuestros cielos al optimizar las rutas de vuelo y permitir que los aviones vuelen con mayor seguridad y más cerca unos de otros. Las tecnologías satelitales también permiten que la industria naviera reduzca su huella de carbono mediante operaciones más eficientes y rentables. Además, gracias a los satélites, la agricultura puede adoptar tecnologías del IoT para maximizar el rendimiento de los cultivos. La lista de beneficios del espacio es interminable.

Pero —y este es un pero importante—, para que el espacio haga posible la sostenibilidad en la Tierra, debemos garantizar la sostenibilidad en el espacio. Lo he dicho muchas veces y seguiré repitiéndolo mientras promuevo operaciones espaciales más seguras y sostenibles. Solo mediante la cooperación internacional entre reguladores, la industria y los operadores podremos proteger el entorno espacial. A medida que seguimos viendo crecer las megaconstelaciones, que supondrán el lanzamiento de cientos de miles de satélites más, junto con una enorme inyección de capital en el espacio, que, según las estimaciones, superará el billón de dólares en la próxima década debemos actuar con rapidez para garantizar una regulación equilibrada, con políticas más formales sobre la gestión del tráfico espacial y la mitigación de los desechos orbitales.

Proteger nuestro recurso más valioso en la segunda era espacial

Al entrar en la segunda era espacial, la industria espacial —incluidos Inmarsat y yo— tiene la responsabilidad de garantizar que todos comprendan el valor del espacio, de hacer realidad todo su potencial y de proteger este recurso invaluable para las generaciones futuras.

Esperamos que ¿Cuál es, después de todo, el valor del espacio?ofrezca una plataforma para dar a conocer las extraordinarias maneras en que el espacio mejora la vida en la Tierra, suscitar debates sobre cómo puede la industria proteger el entorno espacial e informar e inspirar a las futuras generaciones de científicos, ingenieros y matemáticos.

Porque, sin ellos, ¿cómo podemos esperar que el sector espacial continúe el extraordinario viaje que inició el 4 de octubre de 1957 con el primer lanzamiento de un satélite?

Lea más sobre la labor del Consejo Global sobre el Futuro del Foro Económico Mundial en materia de sostenibilidad espacial aquí.

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