La educación superior es más popular que nunca en América Latina y el Caribe (ALC), donde las tasas brutas de matrícula han aumentado drásticamente: del 17 % en 1991 al 43 % en 2012, según estimaciones del Banco Mundial. En Colombia, el aumento de la tasa fue muy similar al de la región, pero en Chile fue aún más notable: del 21 % al 71 %. Este cambio reflejó no solo mayores inversiones privadas en educación, sino también políticas públicas destinadas a ampliar el acceso, como un mayor apoyo financiero para los estudiantes (Chile) y una expansión geográfica de las instituciones de educación superior (Colombia). En el proceso, la composición del alumnado de estas instituciones en ambos países se volvió mucho más inclusiva; en otras palabras, la educación superior ya no es solo para los hijos de familias de altos ingresos.
Pero ¿están obteniendo estos estudiantes de educación superior (y sus familias) el valor de su dinero en términos de mejores empleos y mayores ingresos? Para investigarlo, realizamos recientemente un estudio empírico (con Graciana Rucci, del Banco Interamericano de Desarrollo, y Miguel Sarzosa, de la Universidad de Maryland) que sugiere que invertir en educación superior no siempre es rentable.
Cálculos de riesgo y recompensa de la educación superior
El estudio reproduce el ejercicio económico que los posibles estudiantes y sus familias podrían realizar para determinar si invertir en educación superior y, de ser así, qué título e institución específicos elegir. Mediante registros administrativos y un marco económico sencillo, encontramos que en Chile y Colombia los títulos universitarios tienen, en promedio, una tasa de rentabilidad positiva: 62 % en Chile y 26 % en Colombia. En cambio, la educación técnica no es rentable en promedio, con rendimientos netos esperados iguales o cercanos a cero (véase la tabla).
Los rendimientos de la educación técnica son inferiores a los de la universitaria
(Promedios y heterogeneidad de los rendimientos netos de la educación postsecundaria)
Chile Colombia Universidad Técnica Universidad Técnica Promedio 62 % 0 % 26 % -2 % Desviación estándar 0,66 0,38 0,45 0,64
Fuente: Gonzalez-Velosa, Rucci, Sarzosa, Urzua, 2014. En Colombia, los títulos técnicos no incluyen los programas del SENA. Esta institución no proporciona información sobre los resultados laborales de sus graduados.
Sin embargo, estos promedios son algo engañosos, dado que existe una amplia dispersión en los rendimientos netos tanto de las instituciones universitarias como de las técnicas. Por ejemplo, un título universitario en Chile situado en el percentil 90 de la distribución tiene una tasa neta de rentabilidad del 167 %, mientras que un título en el percentil 10 tiene un rendimiento negativo del -16 %. En Colombia, la mayoría de los graduados de educación técnica obtienen rendimientos netos que oscilan entre -33 % y 25 %, según el programa educativo que elijan. Para los graduados que obtienen una tasa de rentabilidad negativa, esto significa que les habría ido mejor si no hubieran terminado la universidad y, en su lugar, hubieran recibido el ingreso correspondiente al percentil 75 de la distribución de ingresos de los trabajadores que solo completaron la educación secundaria.
Además, en Colombia, un graduado universitario tiene un riesgo del 30 % de obtener un rendimiento económico neto negativo (un riesgo del 22 % en Chile) (véase la figura). La situación es aún peor entre quienes tienen un título postsecundario técnico o vocacional: casi el 60 % corre el riesgo de obtener rendimientos netos negativos (uno de cada dos graduados en Chile).
Un riesgo sorprendente de obtener rendimientos negativos al invertir en educación superior
(Proporción de graduados de educación superior que obtienen rendimientos netos positivos/negativos)

Fuente: Gonzalez-Velosa, Rucci, Sarzosa, Urzua, 2014. En Colombia, los títulos técnicos no incluyen los programas del SENA. Esta institución no proporciona información sobre los resultados laborales de sus graduados.
Los desafíos de Colombia: calidad y pertinencia educativa
El caso de Colombia es particularmente relevante. Con un ingreso per cápita de $7,800 (2013) y una tasa de matrícula en educación superior del 43 % (2012), el país ilustra los desafíos que otras naciones de la región afrontarán en los próximos años.
Si bien nuestros hallazgos muestran que en Colombia hay programas muy rentables, también sugieren que, una vez que se tienen en cuenta los costos anuales de la carrera, las extensiones y los años de experiencia laboral no adquirida, la educación superior no garantiza necesariamente una mejor situación socioeconómica para muchos colombianos.
Estos datos tan llamativos no sorprenden a quienes conocen las debilidades del sistema colombiano de aseguramiento de la calidad de la educación superior. Actualmente, solo hay 30 instituciones certificadas en el país, y los requisitos para quienes abren nuevos centros educativos no cumplen las normas internacionales mínimas. Además, tradicionalmente la certificación se concede en función de variables que miden los recursos institucionales (como la coherencia del proyecto docente, la infraestructura y el nivel educativo del profesorado), mientras que los logros de los estudiantes (como la calidad del aprendizaje y el desempeño profesional de los graduados) desempeñan, en el mejor de los casos, un papel secundario. Tanto el Banco Mundial como la OCDE han documentado estos y otros defectos sistémicos.
En los últimos meses, la compleja situación se ha convertido en un tema importante en la esfera política pública. Un ejemplo es el debate político que tuvo lugar recientemente en el Senado. Tras la denuncia fundamentada de uno de los senadores de la república sobre la calidad de la educación superior en el país, la recién nombrada ministra de Educación respondió que “compartía plenamente” las preocupaciones del senador y reconoció que al sistema “le faltan herramientas de aplicación para abordar los objetivos de calidad”.
El nuevo Plan de Desarrollo (febrero de 2015) ofrece al Ministerio de Educación la oportunidad de mejorar la situación. Es necesario reformular el sistema de aseguramiento de la calidad. Debe evaluar a las instituciones no solo según criterios tradicionales, sino también en función del desempeño laboral de sus graduados. Sin duda, se trata de una medida controvertida. Muchos expertos y responsables de políticas públicas parecen sentirse ofendidos cuando se consideran variables como las tasas de empleo y los ingresos medios como indicadores indirectos de la “calidad” de la educación superior. Sostienen que la educación y el conocimiento no pueden transformarse en mercancías comercializables. Sin embargo, ese argumento, que se utiliza con frecuencia en las organizaciones de instituciones educativas, no tiene en cuenta que, aunque los colombianos merecen un sistema educativo que promueva el pensamiento crítico, la reflexión y la creatividad, también merecen un sistema que no frustre sus expectativas económicas. De hecho, muchos otros países —como Chile, Ecuador, Perú e incluso Estados Unidos— comparten ahora estas preocupaciones.
Se han realizado importantes esfuerzos de política pública para ampliar la cobertura en Colombia, pero en su mayoría han estado ausentes los mecanismos institucionales que garanticen la calidad y la pertinencia. Chile no lo ha hecho mucho mejor. Las medidas correctivas son urgentes. Los mercados laborales modernos exigen personas con las competencias adecuadas. El crecimiento sostenible depende de una fuerza laboral productiva. Colombia debería garantizar un mayor acceso a la educación superior, pero no a cualquier sistema: también debería fomentar el acceso a una educación superior de calidad. Los costos económicos y sociales de no hacerlo son enormes.
Este artículo se publicó originalmente en el blog de Empleo y Desarrollo del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Sergio Urzúa es profesor asociado del Departamento de Economía de la Universidad de Maryland. Carolina Gonzalez-Velosa es economista del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Imagen: Estudiantes toman asiento para la ceremonia de graduación en la Universidad de Harvard, en Cambridge. REUTERS.

