Un avance científico ha revelado hasta qué punto nuestra inteligencia está determinada por nuestros genes.
Un estudio reciente realizado con casi 80.000 personas —60.000 adultos y 20.000 niños— descubrió 40 nuevos genes vinculados a la inteligencia. Esto eleva a 52 el número de genes que se sabe que influyen en nuestro coeficiente intelectual.
Se cree que este nuevo conjunto de genes vinculados a la inteligencia puede explicar alrededor del 5 % de las diferencias en el coeficiente intelectual de las personas.
Los investigadores responsables del estudio han añadido una salvedad: se sabe que diversos factores ajenos a la genética contribuyen al coeficiente intelectual y a la inteligencia general.
Aun así, se espera que este último descubrimiento permita algún día a los científicos responder mejor a la pregunta de qué pesa más, la naturaleza o la crianza, a la hora de comprender los orígenes de nuestra inteligencia.

El análisis genético da sus frutos
La investigación, dirigida por la profesora Danielle Posthuma, del Centro Médico Universitario VU de Ámsterdam, se llevó a cabo mediante dos formas distintas de análisis genético.
En total, 40 de los genes identificados con ambos métodos no se habían relacionado anteriormente con la inteligencia.
Una de las correlaciones más sólidas entre la genética y la inteligencia se observó en mutaciones de un gen llamado FOXO3 y en el código que promueve su expresión.
FOXO3 forma parte de una vía que desencadena la muerte celular como resultado de ciertos factores de estrés químico.
Curiosamente, estos mismos genes también se asociaron con un mayor nivel educativo, una circunferencia de la cabeza más grande al nacer, una vida más larga y el autismo.
Otros factores influyen en la inteligencia
Además de la genética, muchos factores también influyen en el coeficiente intelectual de una persona. Entre ellos se encuentran desde las condiciones en el útero, hasta la nutrición, el entorno social e incluso la contaminación.
Es posible que miles de genes estén vinculados a la inteligencia, pero para llegar al fondo de esta teoría habría que analizar millones de genomas.

