Se ha producido un enorme aumento de la automatización mediante robots industriales. Las cifras de la Federación Internacional de Robótica revelan que, mientras que en la década de 1970 la automatización era un fenómeno casi desconocido, con menos de 3000 robots industriales instalados en todo el mundo, el parque operativo de robots se acerca hoy a los 2,5 millones.
Al mismo tiempo, los países tienden a aplicar cada vez más políticas proteccionistas. Cobra fuerza la idea de que trasladar la producción de países extranjeros al propio país y renegociar los acuerdos comerciales permitiría recuperar empleos. Donald Trump ha sido quien más ha expresado esta idea: «La reforma comercial y la negociación de grandes acuerdos comerciales son la vía más rápida para traer de vuelta los empleos a nuestro país».
Cabe preguntarse si las tareas de producción relocalizadas serán realizadas por robots en lugar de por personas. Parecen estar en peligro, sobre todo, los empleos caracterizados por tareas rutinarias y fácilmente automatizables (como ocurre con varios puestos industriales). Presentamos una teoría económica y pruebas empíricas sobre la relación entre la automatización, la relocalización y los resultados del mercado laboral, utilizando datos sobre robots industriales de la Federación Internacional de Robótica y datos sobre insumos de producción de las Tablas Mundiales de Insumo-Producto. Desarrollamos una medida de la relocalización a nivel macroeconómico para dar cuenta del traslado de procesos de producción desde un país extranjero de vuelta al país de origen.
Nuestra investigación revela que el aumento de la automatización está asociado positivamente con la relocalización de la producción (definida como el retorno al país de origen de la producción que antes se había trasladado al extranjero). El mecanismo que la impulsa es que, con el tiempo, el uso de robots para producir de nuevo en el país de origen se abarata gracias a la creciente eficiencia de la automatización. La relocalización aumenta el empleo y los salarios de los trabajadores altamente cualificados, pero no los de los poco cualificados. La desigualdad aumenta como consecuencia de la creciente brecha salarial entre los trabajadores más y menos cualificados.
Los resultados muestran que el uso de un robot adicional por cada 1000 trabajadores en la producción se asocia con un aumento de alrededor del 3,5 % en la actividad de relocalización (el uso de un robot adicional por cada 100 trabajadores da lugar a un aumento del 35 %). La relocalización beneficia a los trabajadores profesionales, mientras que los trabajadores menos cualificados, que realizan tareas rutinarias y cuyos empleos pueden ser fácilmente desempeñados por robots, no se benefician. Las estimaciones muestran que, en promedio, un aumento del 10 % en la relocalización se asocia con un incremento anual de unos 1150 trabajadores en el empleo de las ocupaciones profesionales, lo que supone un aumento total de 535 000 trabajadores en nuestra muestra a lo largo del tiempo; sin embargo, no tiene efectos en los trabajadores de ocupaciones elementales.
Observamos una tendencia positiva en la actividad de relocalización entre 2000 y 2014. Esta tendencia se aprecia mucho antes de que entraran en vigor las políticas proteccionistas y se debe más bien al aumento de los costes laborales en antiguos destinos de deslocalización (países asiáticos, como China) y al incremento de la eficiencia de los robots y otras nuevas tecnologías (que abarata la producción en el país de origen mediante capital de automatización en comparación con la mano de obra). Además, los empleadores prefieren producir de nuevo en el país de origen para tener mayor flexibilidad o controlar mejor la calidad de los procesos de producción.
Un ejemplo (véase Economist, 2017) es Adidas, fabricante de ropa deportiva, que ha relocalizado la producción desde China e India a Alemania y Estados Unidos; así solo se crearon 160 empleos, frente a los más de 1000 de una fábrica asiática típica. Ahora, los robots realizan tareas de tejido, corte y fabricación aditiva, entre otras, en lugar de los trabajadores. Sin embargo, las máquinas todavía no pueden poner los cordones en los zapatos, por lo que las personas siguen siendo necesarias para estas tareas. Además, hoy en día trabajan en las fábricas sobre todo empleados más cualificados, como los ingenieros de máquinas.
Nuestro estudio desarrolla un nuevo modelo económico teórico que incorpora empresas que producen bienes intermedios: pueden hacerlo con mano de obra en el país de origen, deslocalizar la producción (utilizando mano de obra en el extranjero) o relocalizarla y emplear capital de automatización y robots en el país de origen. Las empresas buscan producir con el factor de producción más barato. Los resultados del modelo muestran que un mayor proteccionismo (aranceles a las importaciones), salarios más elevados en países que antes eran destinos de deslocalización y una mayor productividad de la automatización refuerzan la relocalización de las empresas. Cuando aumenta la productividad de la automatización, más empresas relocalizan la producción, sea cual sea el nivel de los aranceles. El modelo muestra que el proteccionismo acelera la relocalización, pero no mejora la situación de los trabajadores poco cualificados. Las predicciones del modelo reciben respaldo empírico mediante el desarrollo de una nueva medida de la actividad de relocalización y su aplicación a datos macroeconómicos de Europa y Estados Unidos.
Dado que el uso de robots aumenta rápidamente en todo el mundo, una consecuencia de cara al futuro debería ser que los empleados estén mejor preparados para los cambios en los mercados laborales y reciban más educación superior y formación.


