Túnez ha aprobado una ley que pretende facilitar a los emprendedores la creación, la gestión y la liquidación de empresas.
Como parte de un plan más amplio para convertir el país en un centro digital y fomentar el emprendimiento, la Ley de Startups prevé incentivos llamativos, entre ellos un salario financiado por el Estado para un máximo de tres fundadores por empresa durante el primer año de actividad, desgravaciones fiscales y un periodo de excedencia de un año para que los empleados del sector público y del privado creen una nueva empresa con derecho a reincorporarse a sus antiguos puestos de trabajo.
Los emprendedores tunecinos llevaban tiempo abogando por cambios en un sistema que, según afirmaban, limitaba la competitividad; y los miembros del ecosistema local de startups desempeñaron un papel clave en la redacción de la nueva legislación, lo que se ha elogiado como un ejemplo de «elaboración de políticas de abajo arriba».
La ley aborda obstáculos como los controles sobre las divisas extranjeras, que dificultan el acceso a la financiación, a los recursos y a los mercados exteriores.
También ofrece ayuda para orientarse en el laberinto de trámites administrativos y regulatorios que implica crear, desarrollar y liquidar una nueva empresa, además de financiación para asegurar patentes.
Además de animar a los jóvenes a convertirse en emprendedores, la ley pretende aumentar la contribución de sectores como la ciencia y la tecnología a la economía, que depende en gran medida del turismo y la agricultura.

Túnez ocupa el puesto 87 en la edición de 2018 del Foro Económico Mundial Informe sobre la Competitividad Global, que mide cómo les va a 140 economías en un mundo transformado por el rápido cambio tecnológico.
Aún está por ver si Túnez se convertirá en el próximo centro de alta tecnología, pero se espera que la Ley de Startups dé un impulso muy necesario al emprendimiento y a la competitividad.


