Sharanjeet Shan es galardonado con el Premio al Emprendedor Social del Año 2015 de la Fundación Schwab
No es irrazonable hablar de una crisis educativa en África. Las oportunidades de progreso que representan las poblaciones jóvenes parecen menos plausibles al contrastarlas con la realidad de que grandes cantidades de estudiantes abandonan la escuela sin los conocimientos y las competencias necesarios para incorporarse a la economía mundial.
Las mejoras previstas en educación durante los últimos 20 años no se han materializado, y se han visto agravadas por desafíos socioeconómicos, legislativos y de infraestructura.
Además de los sistemas educativos inadecuados, los jóvenes de hoy deben hacer frente a multitud de otros problemas socioeconómicos causados por las generaciones anteriores. La pregunta debería ser si los enfoques actuales de la educación en materias fundamentales como las matemáticas y las ciencias se limitan a transmitir lo que ya sabemos o si realmente preparan y capacitan a los estudiantes para encontrar soluciones a problemas de mayor envergadura.
Los departamentos de educación de los países africanos con resultados insuficientes afrontan una presión considerable para mejorar sus posiciones en matemáticas y ciencias frente a líderes educativos como Singapur, Finlandia y Malasia, y a menudo recurren a costosas estrategias de reforma. Con frecuencia se pide a las organizaciones no gubernamentales (ONG) que apoyen este proceso. La necesidad de ayuda externa es evidente cuando solo el 3 por ciento de los estudiantes de noveno grado en Sudáfrica obtiene al menos un 50 por ciento en matemáticas. Pese a la gravedad de estos resultados, las ONG aspiran a hacer algo más que simplemente apoyar a los gobiernos en la mejora de la educación.
Todo comienza por reconocer que no basta con resolver los problemas de los jóvenes por ellos, sin capacitar a nuestros jóvenes para que los resuelvan por sí mismos. Hay que preparar a los estudiantes para afrontar cuestiones que van más allá de lo que encontrarán en el aula.
La dificultad radica en que capacidades de orden superior, como el pensamiento crítico y la resolución de problemas, son difíciles de definir y, sin duda, de medir. No obstante, su presencia o ausencia tendrá efectos tangibles. Tanto las empresas como los gobiernos buscan en las escuelas a la próxima generación de innovadores y líderes. Para formarla, harán falta enfoques transformadores de la enseñanza de las matemáticas y las ciencias que vayan más allá de limitarse a trasladar el currículo de los libros de texto a la mente de los niños.
Aunque la comprensión matemática y científica sigue siendo un resultado esencial del proceso educativo, se perderán importantes oportunidades si estas materias fundamentales no se enseñan de una manera que desarrolle la capacidad de generar soluciones a los complejos problemas que afrontan las comunidades locales y otras, junto con la convicción de que los estudiantes son capaces de hacerlo.
La magnitud de la oportunidad perdida se hace evidente al considerar la ventaja que se obtiene al adoptar un enfoque transformador.
Un programa dirigido por una ONG y aplicado en escuelas con grandes desventajas ha observado que, en un año, cientos de niños pueden mejorar hasta un 60 por ciento su calificación final cuando reciben el apoyo y los recursos adecuados. En un proyecto de emprendimiento en la zona rural de Limpopo, en Sudáfrica, un estudiante creó un diseño de calzado galardonado que utilizaba caucho reciclado de neumáticos viejos.
El crecimiento de las poblaciones jóvenes en África debería ser motivo de optimismo, pero sus beneficios solo podrán materializarse si se enseña a los estudiantes y a los docentes responsables de su desarrollo a pensar más allá de lo que ya sabemos. Lo que ya sabemos no basta para resolver los problemas que ya tenemos.
Esta publicación apareció originalmente en Medium. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Sharanjeet Shan es director del Maths Centre Incorporating Sciences en Sudáfrica y galardonado con el Premio al Emprendedor Social del Año 2015 de la Fundación Schwab
Imagen: Collins Omondi enseña a chicos adolescentes durante un programa llamado «Your Moment of Truth». REUTERS/Katy Migiro.

