Los gobiernos de Sierra Leona y Ruanda consideran que invertir en educación es un pilar central de sus estrategias económicas.
Sierra Leona destina más de una quinta parte de su presupuesto a la educación, ha implantado la educación preescolar y ha registrado un número récord de estudiantes que se gradúan en todos los niveles del sistema educativo.
Ruanda cuenta con un acceso casi universal a la educación primaria, ha creado sistemas para medir y mejorar los resultados de aprendizaje y destaca la necesidad de ampliar la formación técnica y profesional.
Estos países destacan frente a muchos otros, que están recortando los presupuestos educativos para ahorrar dinero.
Este es un momento decisivo para la educación. La crisis del costo de vida, que incluye el aumento de los precios de los alimentos y la energía, y la guerra en Ucrania están presionando a los responsables políticos para que recorten los presupuestos educativos. La tentación es grande porque los beneficios económicos de la educación no se materializan hasta décadas después y los estudiantes no pueden ejercer presión política mediante el voto.
Sin embargo, como asesores en educación de los gobiernos de Sierra Leona y Ruanda, hemos visto de primera mano cómo priorizan la financiación de la educación. A algunas personas, estos países quizá les parezcan candidatos improbables a convertirse en referentes educativos. Ambos sufrieron una violencia catastrófica en la década de 1990 y siguen estando entre los países más pobres del mundo. Pero se esfuerzan por cambiar esa realidad, y la inversión en educación es un pilar central de sus estrategias económicas.
En Sierra Leona, el actual gobierno ganó las elecciones presidenciales de 2018 con la promesa de ofrecer educación escolar gratuita y de calidad. Ahora destina más del 20 % de su presupuesto a la educación. Ha aumentado la matriculación en más del 30 %, ha implantado la educación preescolar, ha alcanzado la paridad de género, mejorado los resultados de aprendizaje fundamentales y registrado un número récord de estudiantes que se gradúan en todos los niveles del sistema educativo.
Ruanda cuenta ahora con un acceso casi universal a la educación primaria, con una tasa neta de matriculación del 98 %. Ha alcanzado la paridad de género en la matriculación en primaria y ha creado sistemas para medir y mejorar los resultados de aprendizaje, reforzado las evaluaciones del aprendizaje, impartido formación docente y destacado la necesidad de ampliar la educación y formación técnica y profesional.
Acceso: centrarse en las prioridades nacionales
En Ruanda, casi todos los niños comienzan la educación primaria, pero solo uno de cada 10 accede a la educación terciaria. Por ello, el objetivo es que permanezcan en la escuela y completen al menos los primeros 12 años de educación. En este contexto, Ruanda ha utilizado como marco el Índice de Capital Humano (ICH) del Banco Mundial para priorizar las medidas y las intervenciones. Está poniendo en marcha intervenciones ambiciosas para aumentar los años que los niños ruandeses pasarán en la escuela.
El gobierno de Sierra Leona también centra su atención en el ICH en los ámbitos de educación, salud y agricultura. Desde el presidente, el gobierno rinde cuentas alineando los pilares del desarrollo nacional con indicadores internacionales.
Calidad: medir el aprendizaje
En comparación con el acceso, medir y explicar las mejoras en la calidad de la educación es complejo. Hay múltiples factores y resulta difícil establecer un efecto lineal en los resultados de aprendizaje.
Dos indicadores del ICH pueden ayudar a los gobiernos a medir el rendimiento de sus inversiones en educación: «Puntuaciones armonizadas en las pruebas» y «Años de escolarización ajustados en función del aprendizaje». Sierra Leona y Ruanda obtuvieron las puntuaciones más bajas en estos indicadores del ICH. Ambos países han invertido mucho en reconfigurar sus sistemas educativos.
Ruanda ha estado utilizando diversas evaluaciones del aprendizaje, entre ellas la Evaluación del aprendizaje en las escuelas ruandesas (LARS), así como evaluaciones internacionales como las Evaluaciones de competencias en los primeros grados (EGRA/EGMA). La LARS se realiza cada dos años, pero se espera que, gracias a la digitalización de su herramienta de evaluación en 2020, pueda llevarse a cabo con mayor frecuencia.
Sierra Leona ha creado una unidad ministerial de evaluación del aprendizaje y está planificando evaluaciones periódicas en todo el país. El estudio EGRA/EGMA de 2021 mostró que las inversiones del gobierno en educación elevaron el rendimiento de Sierra Leona desde los niveles más bajos hasta por encima del promedio en siete años.
Actualmente, ambos países están ajustando sus planes de estudios en las áreas en las que los estudiantes tienen dificultades, mejorando la formación docente y desarrollando programas de refuerzo y recuperación para los estudiantes rezagados.
Acelerar el progreso: utilizar la innovación y la tecnología para apoyar el acceso y la calidad
Si se implementan bien, la tecnología y la innovación pueden ayudar a acelerar el progreso educativo a gran escala y con un costo bajo por estudiante. Juntas pueden iluminar el camino hacia un sistema educativo de primer nivel para cada niño, un objetivo que el Tony Blair Institute for Global Change ha explorado en trabajos recientes sobre políticas públicas.
En Sierra Leona, el gobierno puso en marcha el Desafío de Innovación Educativa, en el que los proveedores de servicios prueban nuevos enfoques para apoyar a las escuelas. En septiembre, el enfoque se ampliará a más de 100 000 estudiantes de primaria mediante una alianza con el Education Outcomes Fund.
Durante la pandemia de COVID-19, ambos países ofrecieron clases gratuitas por radio, televisión, teléfono e internet. De cara al futuro, ambos se proponen dotar de electricidad e internet al 100 % de las escuelas. En Sierra Leona, el objetivo inicial es llegar a 1 000 escuelas mediante el proyecto GIGA Connect; en Ruanda, el objetivo es equipar todas las escuelas con aulas inteligentes para 2023.
Construir apoyo político
Quienes promueven la educación deben mostrar a sus colegas del gobierno cómo esta contribuye a alcanzar objetivos en distintos ámbitos de las políticas públicas. Como afirma David Moinina Sengeh, ministro de Educación Básica y Secundaria Superior de Sierra Leona: «La educación pública de calidad es lo más parecido que tenemos a una solución milagrosa de aplicación universal para resolver los desafíos más intratables de nuestro planeta».
En efecto, la educación aumenta los ingresos personales y contribuye de manera significativa a reducir las emisiones mundiales, la desigualdad de género, la mortalidad infantil y materna e incluso los índices de delincuencia. Por ello, los ministros de Finanzas, Medio Ambiente, Igualdad de Género, Salud y Justicia son posibles aliados clave para asegurar inversiones.
Los ministros de Educación deben transmitir especialmente este mensaje a quienes controlan los recursos financieros. Solo con una financiación previsible y sostenible del erario nacional podrá la educación cumplir su promesa de impulsar un desarrollo económico amplio y el progreso social.
Conseguir aliados políticos implica adoptar un cuadro de indicadores como el ICH, que permita a esos aliados señalar cambios tangibles en la ampliación del acceso, la mejora de los resultados de aprendizaje y el impulso al desarrollo nacional, para que puedan atribuirse el mérito.
Al apoyar inversiones educativas claramente estructuradas, estos aliados pueden reivindicar su pertenencia a un grupo exclusivo de responsables políticos que piensan en el bienestar de su país desde una perspectiva generacional. Pueden convertirse en constructores de nación.

