En estos días, la educación superior está plagada de preocupaciones. Los líderes de todo el país coinciden ampliamente en que ampliar las oportunidades universitarias para estudiantes de todos los niveles económicos y sociales es una prioridad nacional. Pero quiénes se gradúan de la universidad en Estados Unidos, y en qué proporción, es un problema complejo y aparentemente irresoluble.
En Georgia State, estamos trabajando para encontrar la solución. Hemos invertido considerablemente en varias áreas —asesoría estudiantil, análisis predictivo y asignación estratégica de ayuda financiera y servicios de apoyo— y estamos viendo resultados extraordinarios.
En la última década, Georgia State ha aumentado su tasa de graduación en 22 puntos porcentuales, el incremento más marcado de cualquier universidad nacional. Gracias al sistema de seguimiento de alertas tempranas de la universidad, los estudiantes que tienen dificultades reciben ayuda cuando aún puede marcar la diferencia, antes de que sus problemas se acumulen hasta el punto de que recuperarse sea extremadamente difícil o improbable. La universidad ha aumentado en más de 4 puntos porcentuales las tasas de retención de un semestre al siguiente y, tan solo en el último año, ha reducido en medio semestre el tiempo que tardan los estudiantes en obtener su título.
En una universidad donde más del 55 por ciento de los estudiantes de grado reúne los requisitos para recibir las becas Pell, hemos eliminado varias brechas en las tasas de graduación que afectan a la gran mayoría de las universidades. Los estudiantes de Georgia State se gradúan a tasas similares en todos los grupos raciales y estratos socioeconómicos. En lugar de ofrecer soluciones específicas para determinados grupos, hemos elevado el nivel de apoyo y orientación para todos.
No existe una solución mágica para resolver el complejo y difícil problema de aumentar significativamente las tasas de graduación, sobre todo entre estudiantes de entornos económicamente desfavorecidos. Los baby boomers recuerdan demasiado bien el lema: «mira a tu izquierda, mira a tu derecha; dentro de cuatro años, uno de ustedes ya no estará aquí» (para graduarse). La mentalidad de «nadas o te hundes» del pasado ya no es aceptable. Creo que todos los estudiantes admitidos en Georgia State deberían graduarse. Debemos contar con programas que encaminen a los estudiantes cuando apenas comienzan a desviarse, en vez de esperar a que se estrellen para luego intentar sacarlos de la zanja y devolverlos al camino del éxito.
La transición de la escuela secundaria a una universidad es un paso importante y, a veces, difícil. Esperamos que los estudiantes trabajen con más ahínco y de manera más inteligente una vez que se matriculen en Georgia State. Algunos hacen esa transición sin dificultad, mientras que otros tienen problemas. La responsabilidad de la universidad es identificar dónde encuentran dificultades los estudiantes y luego brindarles el apoyo que necesitan.
Mediante un conjunto de programas y servicios adaptados a las necesidades de nuestros estudiantes identificadas empíricamente, entre ellos nuestra Academia de Éxito de Verano, los programas de tutoría entre pares, el programa Mantén viva la esperanza, las becas Panther Retention Grants, los cursos rediseñados y la asesoría proactiva, estamos logrando personalizar mejor nuestra universidad grande y compleja. Es responsabilidad de los estudiantes aprovechar la ayuda que se les ofrece para salir adelante mediante una mejor planificación y mejores habilidades y hábitos de trabajo. Esta fórmula lleva al éxito a cada vez más estudiantes de Georgia Stage cada año. Estamos graduando a 1.700 estudiantes más al año que hace apenas cinco años.
Juntos, estamos creando un modelo en el que el éxito estudiantil es el resultado esperado, no un juego de azar, y ya no depende de la situación económica familiar.
Publicado en colaboración con Impatient Optimists
Autor: Mark Becker es el presidente de Georgia State University.
Imagen: Estudiantes rinden un examen en el Liceo Francés Louis Pasteur de Estrasburgo, el 18 de junio de 2012. REUTERS/Vincent Kessle.

