Cómo ayudar al Líbano a educar a los niños refugiados de Siria

Cómo ayudar al Líbano a educar a los niños refugiados de Siria
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Cuando asumí la dirección del Ministerio de Educación y Educación Superior del Líbano en febrero de 2014, me enfrenté a dos enormes desafíos. Además de mejorar la gestión y la calidad del sistema de educación pública libanés, tenía que determinar cómo gestionar la llegada sin precedentes de refugiados de Siria: alrededor de medio millón de ellos eran niños.

Una posibilidad habría sido centrarse exclusivamente en ofrecer educación a los niños libaneses —y así mantener la condición que nuestro país ha tenido durante mucho tiempo como importante centro intelectual de Oriente Medio— y dejar el problema de los refugiados en manos de la comunidad internacional. Al fin y al cabo, el Líbano ya ha hecho mucho más que muchos otros países: ha acogido a más de un millón de refugiados sirios, pese a la intensa presión sobre la población local y la economía.

En cambio, consideré que, mientras estos niños estuvieran en suelo libanés, tenemos la responsabilidad de ofrecerles una educación de calidad en un entorno estructurado, para que, cuando por fin puedan regresar a Siria, tengan las habilidades y los conocimientos necesarios para reconstruir su país. A mi juicio, el mayor riesgo habría sido dejar a estos niños sin nada que hacer, perdiendo sus esperanzas y aspiraciones o, peor aún, obligarlos a trabajar o atraerlos hacia ideologías radicales.

Mi ministerio ha trabajado con la comunidad internacional, especialmente con UNICEF y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, así como con donantes internacionales como la Unión Europea, el Reino Unido y el Banco Mundial, para desarrollar la estrategia que llamamos Llegar a todos los niños con educación (RACE). Mediante esta iniciativa, nos hemos comprometido a apoyar a todos los niños y jóvenes desplazados de Siria, país que antes de la guerra había alcanzado una escolarización casi universal.

Pese a diversos contratiempos, durante el último año académico abrimos 1.000 escuelas públicas a estudiantes no libaneses. Al utilizar muchos de los edificios en doble turno, pudimos ofrecer escolarización a 106.795 niños refugiados sirios.

El próximo año quiero ir mucho más lejos. Mi objetivo es duplicar el número de niños sirios en nuestras escuelas públicas, hasta llegar a 200.000 estudiantes. Es una iniciativa enorme, teniendo en cuenta que solo 238.000 estudiantes libaneses asisten a escuelas públicas. Por eso encargué varios estudios para ayudarnos a elaborar una estrategia de matriculación ampliada para septiembre y establecí en el ministerio un equipo de gestión de proyectos cuya única tarea es garantizar que alcancemos este objetivo.

Sin embargo, el mayor desafío será conseguir la financiación necesaria. El principal obstáculo para ofrecer educación a los niños sirios el año pasado fue la falta de recursos. De hecho, pese a la fuerte demanda, la falta de financiación limitó considerablemente nuestra capacidad para aumentar la matriculación. Este año, mi plan es mostrarle al mundo que la planificación, las políticas y los sistemas estarán listos meses antes del inicio del año escolar, preparados para ampliarse si se consigue la financiación.

Es importante señalar que el Gobierno libanés prevé cubrir una gran parte del costo del programa. Calculamos que ofrecer una plaza en nuestras escuelas públicas a un niño refugiado costará aproximadamente 1.800 dólares al año; se pide a los donantes que aporten 363 dólares por estudiante en el primer turno y 600 dólares por estudiante en el segundo.

Sin embargo, lamentablemente, el costo de ofrecer educación a los niños es solo una parte del costo total de esta iniciativa. Algunos niños sirios necesitarán apoyo psicosocial y sanitario para afrontar el trauma inimaginable que han sufrido a causa de la guerra. Las dificultades lingüísticas harán que algunos tengan problemas para relacionarse con sus compañeros libaneses o aprender al mismo ritmo. Quizá sea necesario construir nuevas escuelas. Habrá que encontrar financiación para el transporte. Y, por último —algo importante para mí—, el programa tendrá que diseñarse de modo que los padres libaneses no se sientan obligados a sacar a sus hijos de la escuela pública y endeudarse para darles educación privada.

Cada uno de estos desafíos costará dinero; por eso esperamos que, a medida que se acerque el comienzo del año escolar en septiembre, la comunidad internacional aumente urgentemente su apoyo financiero al Líbano. Como no se vislumbra el fin de la crisis en Siria, es probable que tengamos que ofrecer educación a estos niños durante años. Por eso pido a los donantes que asuman compromisos plurianuales que nos permitan garantizar que los estudiantes puedan completar sus estudios.

El Líbano no puede soportar esta carga por sí solo. Afrontamos un déficit de 100 millones de dólares para el nuevo año escolar. Sin apoyo adicional de la comunidad internacional, nuestra visión no se hará realidad, pese a la firme voluntad política y a una planificación rigurosa. Al Líbano a menudo le cuesta atraer financiación debido a su condición de país de ingreso mediano, pero esta clasificación es engañosa, pues no tiene en cuenta las graves debilidades estructurales anteriores a la crisis siria ni la enorme proporción de la población residente compuesta por refugiados de Siria, Palestina e Irak que viven en una pobreza extrema.

Espero que en la cumbre de educación de Oslo quede clara la necesidad de ayudar a los países de ingreso mediano afectados por la fragilidad y los conflictos. Estoy agradecido a los donantes que nos han acompañado desde el principio, pero ahora necesitamos apoyo internacional adicional. Este septiembre tenemos la posibilidad de matricular en el sistema de escuelas públicas a casi la mitad de los niños refugiados de nuestro país. La alternativa es dejar a cientos de miles de niños en las calles, languideciendo en asentamientos informales y con un futuro incierto.

Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Elias Bou Saab es ministro de Educación del Líbano.

Imagen: Niños refugiados sirios estudian en un aula improvisada en un asentamiento informal de Zahle, en el valle de la Bekaa. REUTERS/ Mohamed Azakir.

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