Por qué es hora de cambiar los expedientes académicos de secundaria

Students wait for photos at a drive-thru graduation ceremony at University High School amid the coronavirus disease (COVID-19) outbreak, in Los Angeles, California, U.S., June 12, 2020. REUTERS/Lucy Nicholson - RC2Y7H9TEIYL
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  • Los expedientes académicos actuales solo reflejan los logros académicos y están orientados a las evaluaciones y los exámenes;

  • No incluyen testimonios sobre el carácter, las competencias desarrolladas, los logros fuera de la escuela ni las experiencias profundas;

  • Tres pasos pueden rediseñar los expedientes académicos y los sistemas de certificación escolar para que incluyan mejor todos los tipos de personalidad, estilos de crecimiento personal y relatos.

Al graduarse, los estudiantes deben presentar pruebas pertinentes de su competencia en determinadas áreas académicas para poder acceder a la universidad o al trabajo.

Las universidades británicas solicitan los resultados de exámenes en determinadas asignaturas. Revisan las declaraciones de los estudiantes, que en esencia justifican su admisión a un curso. Las universidades europeas exigen calificaciones aprobatorias, pero rara vez preguntan por los intereses o los logros extracurriculares de los estudiantes. Las universidades norteamericanas suelen interesarse más por la persona en su conjunto y solicitan una declaración personal detallada que demuestre su carácter y desarrollo social. Sin embargo, incluso en este enfoque más integral, lo primero es el promedio de calificaciones.

El problema no es lo que se pregunta, sino lo que no se pregunta. El sistema actual de certificación escolar no refleja el panorama completo: en el expediente no figuran testimonios sobre el carácter, las competencias desarrolladas, los logros fuera de la escuela ni las experiencias profundas. Esto se debe a que el currículo se reduce por motivos pragmáticos y, al final, la escuela y el aprendizaje se convierten en un proceso transaccional impulsado por un conjunto frío de cifras que corresponden a las calificaciones de las asignaturas.

Este proceso de reducción causa mucho daño: desinterés entre quienes no se ven reflejados en esas métricas, enseñanza poco inspiradora enfocada en los exámenes, sesgo sistémico hacia los estudiantes por razones sociológicas, compresión del currículo en el aula, estrés, empollar para los exámenes, instrumentalización del aprendizaje, superar obstáculos y manipular los sistemas. A muchos se les daña la autoestima y desarrollan metaestereotipos contra sí mismos, que se resumen en esta simple condena personal: «No se me da bien la escuela».

Un problema social más amplio

Históricamente, las niñas han sido excluidas de las escuelas y hasta hoy no están suficientemente integradas en las estructuras escolares de todo el mundo. Cuando sí lo están, el ámbito profesional de alto estatus y muy bien remunerado de las STEM suele estar dominado en gran medida por los chicos. La cultura de la mayoría de las escuelas suele ser masculina, y las dinámicas del patio amplifican los rasgos y las conductas masculinos en lugar de los femeninos, a veces reforzadas por currículos y entornos de aprendizaje obsoletos e incluso misóginos.

Número de niños y niñas sin escolarizar entre 1998 y 2014Image: Our World in Data

Como se obliga a las escuelas a reducir la experiencia humana a un expediente de calificaciones, se vuelven cada vez menos inclusivas y favorecen ciertos tipos de personalidad, estilos de crecimiento personal y relatos en detrimento de otros.

A menudo se cita erróneamente a Albert Einstein como alguien a quien se le daban mal las matemáticas. Al contrario, tenía claramente un gran talento académico y sobresalía hasta que fue a una escuela de Múnich, donde encontró un currículo tan limitado que acabó abandonándola. La historia de Einstein es una de las muchas de niños superdotados que dejan la escuela porque «el sistema» no les permite desarrollar sus pasiones.

Hora de cambiar: un nuevo tipo de expediente académico

Es hora de cambiar la forma en que se describe a los estudiantes en sus expedientes académicos. Las calificaciones no bastan, y las escuelas deberían hacer mucho más que preparar en cadena exámenes para quienes aspiran a ingresar. Ha llegado el momento de establecer los parámetros más amplios e inclusivos que podamos imaginar para el florecimiento humano y de diseñar métricas de evaluación que permitan que brille la experiencia personal de cada individuo.

Ha llegado el momento de que las escuelas de todo el mundo se unan y rediseñen los expedientes académicos de secundaria y, luego, presenten con audacia estos nuevos expedientes a universidades, centros de educación superior e industrias.

Para ello, hay que dar tres pasos:

1. Rediseñar el sistema de créditos

Las escuelas deben diseñar un sistema de créditos que refleje el aprendizaje y el desarrollo de competencias, dondequiera que hayan tenido lugar. Para ello, deben establecer categorías de competencias que describan los logros en las asignaturas académicas, el desempeño extracurricular y las iniciativas personales y comunitarias realizadas.

Un punto de partida para estas áreas de crédito debería ser el sólido trabajo, documentado rigurosamente, de la Oficina Internacional de Educación de la UNESCO, cuyo trabajo sobre competencias globales ha definido siete grandes áreas que abarcan todas las posibles expresiones del florecimiento humano. Estas áreas son:

  • Aprendizaje a lo largo de toda la vida

  • Autonomía personal

  • Relacionarse con los demás

  • Relacionarse con el mundo

  • Relacionarse con herramientas y recursos diversos

  • Transdisciplinariedad

  • Multialfabetización

Estas áreas de crédito deberían abarcar tantas actividades imaginables como sea posible y permitir que brille cada tipo de inteligencia y que destaque cada personalidad, no solo la inteligencia lógica y verbal ni los tipos extrovertidos y analíticos. Hay que contar todas las historias.

2. Dar poder a los estudiantes

Una vez definidas estas áreas de crédito y codificadas y ubicadas en ellas tantas formas imaginables de florecimiento humano como sea posible (para activarlas al completarse), se debería dar a los estudiantes acceso a esta plataforma, que servirá como portafolio. Aquí podrán contar sus historias y deslumbrar al mundo con sus pasiones. Esto permitirá que las escuelas conozcan mejor a sus estudiantes y que estos sientan que a las escuelas les interesan más cosas que lo puramente académico.

Lo más importante es que permitirá a los estudiantes hacerse cargo de la selección y organización de su aprendizaje. Ya no se limitarán a encajar en una cuadrícula institucional; ellos mismos darán impulso a la trayectoria de su relato, su futuro currículum. Este acto de empoderamiento y autonomía personal cambiará significativamente la cultura de las escuelas. También empezará a influir en las dinámicas y la cultura del lugar de trabajo, a medida que pasemos poco a poco de un modelo de los años cincuenta, basado en valores institucionales, a un modelo orientado al futuro y basado en los talentos humanos.

3. Movilizar a universidades e industrias

Después, las escuelas deben abogar por la participación de las universidades. Si las pandemias u otras implosiones sociales en todo el mundo siguen alterando las estructuras monolíticas de los exámenes y las universidades necesitan buscar pruebas más amplias de los logros de los estudiantes, este nuevo tipo de expediente académico será necesario. También puede ayudarlas a tomar decisiones marginales sobre las admisiones.

Actuar ahora

Ya existen plataformas que permiten a las escuelas poner en práctica los pasos descritos anteriormente. En mi escuela, la International School of Geneva, estamos a punto de completar nuestro nuevo sistema de créditos y lo pondremos a prueba con los estudiantes durante este año académico.

Esta plataforma puede utilizarse para elaborar una descripción mucho más completa de los talentos de los estudiantes, reflejar el aprendizaje dondequiera que haya tenido lugar, celebrar el florecimiento humano y contar la historia completa. Esto no solo conducirá a un sistema educativo más inclusivo, sino también a un mundo más inclusivo, donde lo más importante no será ocupar un lugar predeterminado en la pirámide social, sino esforzarse por construir un mundo en el que todos tengan su lugar y en el que cada luz pueda brillar.

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