Cómo el cerebro nos impide aprender de nuestros errores y qué hacer al respecto

Society denigrates mistakes, meaning we are likely to feel shame for making them.
Society denigrates mistakes, meaning we are likely to feel shame for making them.Image: Pexels/Mikhail Nilov
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  • Cambiar nuestra forma de comportarnos requiere un gran esfuerzo cognitivo, por lo que es probable que volvamos a los mismos patrones de conducta y acciones en lugar de cambiar nuestra mentalidad, afirma un experto.

  • También podemos acabar repitiendo errores debido a un «efecto del ego» que nos lleva a aferrarnos a nuestras creencias actuales.

  • Sin embargo, los investigadores han identificado dos regiones cerebrales con «neuronas de supervisión de errores propios» que podrían ayudarnos a entender cómo afrontan los errores los seres humanos.

  • Mientras tanto, aprender a sentirnos más cómodos con nuestros errores puede ayudarnos a dejar de cometerlos en el futuro.

Aprendes de tus errores. Al menos, eso nos han dicho a la mayoría. Pero la ciencia demuestra que a menudo no aprendemos de los errores del pasado. En cambio, es probable que sigamos repitiendo los mismos errores.

¿A qué me refiero aquí con errores? Creo que todos estaríamos de acuerdo en que aprendemos rápidamente que, si ponemos la mano sobre una estufa caliente, por ejemplo, nos quemamos y, por tanto, es poco probable que volvamos a cometer ese error. Esto se debe a que nuestro cerebro genera una respuesta de amenaza ante estímulos físicamente dolorosos a partir de experiencias pasadas. Pero, en lo que respecta al pensamiento, los patrones de conducta y la toma de decisiones, a menudo repetimos errores, como llegar tarde a las citas, dejar las tareas para el último momento o juzgar a las personas por las primeras impresiones.

La razón está en la forma en que nuestro cerebro procesa la información y crea esquemas a los que recurrimos una y otra vez. En esencia, estos esquemas son atajos que nos ayudan a tomar decisiones en el mundo real. Pero estos atajos, conocidos como heurísticas, también pueden hacer que repitamos nuestros errores.

Como analizo en mi libro Sway: desentrañar los sesgos inconscientes, los seres humanos no somos racionales por naturaleza, aunque nos gustaría creer que sí. El exceso de información es agotador y confuso, así que filtramos el ruido.

Solo vemos partes del mundo. Tendemos a fijarnos en cosas que se repiten, haya patrones o no, y solemos conservar los recuerdos generalizando y recurriendo a categorías. También sacamos conclusiones a partir de datos escasos y usamos atajos cognitivos para crear una versión de la realidad en la que, de forma implícita, queremos creer. Esto reduce el flujo de información que recibimos y nos ayuda a conectar los puntos y rellenar los vacíos con cosas que ya sabemos.

En definitiva, nuestro cerebro es perezoso y cambiar el guion y los atajos que ya hemos construido requiere un gran esfuerzo cognitivo. Por eso es más probable que volvamos a los mismos patrones de conducta y acciones, incluso cuando somos conscientes de que repetimos nuestros errores. Esto se llama sesgo de confirmación: nuestra tendencia a confirmar lo que ya creemos, en vez de cambiar nuestra mentalidad para incorporar información e ideas nuevas.

También recurrimos a menudo al «instinto visceral»: un tipo de pensamiento automático y subconsciente que se nutre de la acumulación de experiencias pasadas al formular juicios y tomar decisiones en situaciones nuevas.

Según una nueva investigación, la meditación podría reducir la cantidad de errores.
Según una nueva investigación, la meditación podría reducir la cantidad de errores.
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A veces nos aferramos a ciertos patrones de conducta y repetimos nuestros errores debido a un «efecto del ego» que nos lleva a aferrarnos a nuestras creencias actuales. Es probable que elijamos de forma selectiva las estructuras de información y los comentarios que nos ayudan a proteger nuestro ego.

Un experimento descubrió que, cuando se recordaba a las personas sus éxitos pasados, era más probable que repitieran esas conductas exitosas. Pero cuando eran conscientes de sus fracasos pasados o se les hacía tomar conciencia de ellos, era menos probable que cambiaran el patrón de conducta que había conducido al fracaso. Así que, de hecho, seguían teniendo más probabilidades de repetir esa conducta.

Esto se debe a que, cuando pensamos en nuestros fracasos pasados, es probable que nos sintamos desanimados. Y en esos momentos es más probable que nos entreguemos a conductas que nos resultan cómodas y familiares. Incluso cuando pensamos con detenimiento y despacio, nuestro cerebro tiende a favorecer la información y los esquemas que usamos en el pasado, independientemente de si dieron lugar a errores. Esto se llama sesgo de familiaridad.

Sin embargo, podemos aprender de los errores. En un experimento, monos y seres humanos tenían que observar en una pantalla puntos ruidosos en movimiento y juzgar la dirección neta de su desplazamiento. Los investigadores descubrieron que ambos ralentizaban el ritmo después de cometer un error. Cuanto mayor era el error, más duraba la ralentización posterior, lo que mostraba que se estaba acumulando más información. Sin embargo, la calidad de esa información era baja. Nuestros atajos cognitivos pueden llevarnos a descartar cualquier información nueva que podría ayudar a evitar que repitamos errores.

De hecho, si cometemos errores al realizar una tarea determinada, el «sesgo de frecuencia» hace que sea más probable que los repitamos cada vez que volvamos a hacerla. Dicho de forma sencilla, nuestro cerebro empieza a asumir que los errores que cometimos antes son la manera correcta de realizar una tarea, lo que crea una «ruta del error» habitual. Así, cuanto más repetimos las mismas tareas, más probable es que recorramos esa ruta del error, hasta que queda tan arraigada que se convierte en un conjunto de atajos cognitivos permanentes en nuestro cerebro.

Control cognitivo

Suena desalentador. Entonces, ¿qué se puede hacer?

Contamos con una capacidad mental que puede contrarrestar los atajos heurísticos, conocida como «control cognitivo». Además, algunos estudios recientes de neurociencia con ratones nos están dando una idea más clara de qué partes del cerebro intervienen en ello.

Cuanta más culpa y vergüenza sentimos, y cuanto más intentamos ocultar nuestros errores a los demás, más probable es que los repitamos.Image: Unsplash/ Francisco De Legarreta C

Los investigadores también han identificado dos regiones cerebrales con «neuronas de supervisión de errores propios», células cerebrales que supervisan los errores. Estas áreas se encuentran en la corteza frontal y parecen formar parte de una secuencia de pasos de procesamiento, desde volver a centrar la atención hasta aprender de nuestros errores.

Los investigadores están estudiando si una mejor comprensión de este proceso podría contribuir al desarrollo de mejores tratamientos y apoyo para el alzhéimer, por ejemplo, ya que conservar el control cognitivo es esencial para el bienestar en la vejez.

Pero, aunque no comprendamos perfectamente los procesos cerebrales implicados en el control cognitivo y la autocorrección, podemos hacer cosas más sencillas.

Una de ellas es aprender a sentirnos más cómodos al cometer errores. Podríamos pensar que esa es una actitud equivocada ante los fracasos, pero, de hecho, es una forma más positiva de avanzar. Nuestra sociedad denigra los fracasos y los errores y, en consecuencia, es probable que sintamos vergüenza por nuestros errores e intentemos ocultarlos.

Cuanta más culpa y vergüenza sentimos, y cuanto más intentamos ocultar nuestros errores a los demás, más probable es que los repitamos. Cuando no nos sentimos tan mal con nosotros mismos, es más probable que podamos asimilar mejor información nueva que nos ayude a corregir nuestros errores.

También puede ser buena idea hacer una pausa en una tarea que queremos aprender a realizar mejor. Reconocer nuestros fracasos y detenernos a reflexionar sobre ellos puede ayudarnos a reducir el sesgo de frecuencia, lo que hará menos probable que repitamos nuestros errores y reforcemos las rutas del error.

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