La evidencia más reciente sobre los rendimientos de la educación muestra que los rendimientos de la educación primaria ya no son los más altos, pues han sido superados por los de la educación terciaria. En mi blog, Que los ricos paguen la universidad: cambios en los patrones de rendimiento de la educación, sostengo que esto sugiere tres cosas:
1. La necesidad constante de centrarse en invertir en las personas pobres, asegurándose de que reciban una buena educación;
2. Una mayor inversión en la calidad de la educación, guiada por la evidencia sobre qué funciona para mejorar los resultados de aprendizaje; y
3. La ampliación de las oportunidades de educación terciaria, con énfasis en la recuperación de costos en el nivel universitario.
En respuesta (a la propuesta de recuperar los costos en el nivel de educación terciaria), mi colega Francisco Marmolejo pregunta si se trata únicamente de las tasas. Cita numerosos ejemplos de países e instituciones donde, por diversos motivos, no se han aplicado aumentos de las tasas. También plantea la importante preocupación por la equidad. Unas tasas excesivas pueden hacer que los estudiantes de familias más pobres no puedan permitirse asistir a la institución que elijan. Pero las finanzas públicas tienen límites y, ante una demanda social creciente de educación terciaria, es necesario reflexionar a fondo sobre las opciones. Francisco propone un conjunto integral de políticas que incluye integración, pertinencia, autonomía, igualdad de condiciones y «establecer mecanismos financieros que apoyen a los estudiantes sobre una base equitativa».
Coincido con Francisco en que la solución no se limita a las tasas; pero la recuperación de costos o, más precisamente, el financiamiento de la educación terciaria, es una parte importante de la solución. Retomo su propuesta de «establecer mecanismos financieros que apoyen a los estudiantes sobre una base equitativa».
El aumento de la demanda de educación terciaria —debido a la demanda mundial de mano de obra calificada, a los mayores rendimientos de la educación terciaria y a las aspiraciones sociales— pondrá a prueba el modelo actual de sistemas de educación terciaria subvencionados con fondos públicos y desafiará los modelos actuales basados en tasas. Ni siquiera ayudarán los sistemas tradicionales de préstamos estudiantiles, que tienen un desempeño deficiente.
Para garantizar la calidad, la pertinencia, la autonomía y la rendición de cuentas, será necesario gastar mucho más en educación terciaria. En realidad, solo hay tresfuentes de financiamiento: (1) fondos públicos, que son escasos y no crecen en la mayoría de los países; (2) fondos privados, que solo ayudan a financiar la educación de los ricos; y (3) ingresos futuros: lo que ganan los graduados una vez que terminan sus carreras.
Como ha escrito Nicholas Barr , los fondos públicos no bastan para ampliar el sistema y mantener la calidad. Depender de las tasas no ayudará a las personas pobres. Los programas tradicionales de préstamos estudiantiles —que exigen el reembolso automático al graduarse y dependen de garantías y del patrocinio de los padres— no ayudarán a ampliar las oportunidades, no promueven la equidad ni aumentan los recursos que ingresan al sistema. La mayoría de los sistemas educativos no pueden aprovechar los ingresos futuros de manera sostenible o equitativa. En la mayoría de los sistemas de financiamiento educativo, los recursos futuros se utilizan para financiar el sistema actual mediante sistemas tradicionales de préstamos estudiantiles, a veces llamados de tipo hipotecario.
Solo la tercera opción genera nuevos recursos para el sistema de manera equitativa y sostenible al utilizar los ingresos futuros para financiar el sistema actual y ampliarlo: los programas de préstamos o reembolsos estudiantiles contingentes al ingreso. En estos sistemas se cobran tasas y todos los estudiantes «pagan», pero tienen la opción de aplazar el pago hasta graduarse. A partir de entonces, el reembolso se basa en los ingresos laborales. Los préstamos contingentes al ingreso se cobran a través del sistema tributario. Se introdujeron por primera vez en Australia en 1989 para ayudar a los estudiantes universitarios a financiar sus costos de matrícula, cuando la matrícula en la educación terciaria en Australia era relativamente baja. Desde entonces, muchos países han seguido su ejemplo, incluidos Corea, Nueva Zelanda, el Reino Unido y Estados Unidos. Hay perspectivas para los préstamos contingentes al ingreso en Chile, Colombia, Alemania, Malasia y Tailandia.
¿Funcionan los programas contingentes al ingreso? La experiencia de Australia es positiva. La matrícula aumentó, incluso entre los grupos con menor riqueza.
Un enfoque más radical son los llamados «contratos de capital humano». Un contrato de capital humano es un producto financiero que permite proporcionar fondos a un posible estudiante mediante un acuerdo similar al de una participación accionaria , en el que quien aporta el financiamiento recibe una parte de los ingresos futuros del graduado durante un período determinado. Recientemente, varias empresas han comenzado a intentar suscribir comercialmente contratos de capital humano por primera vez. Al igual que los préstamos contingentes al ingreso, los contratos de capital humano se ajustan mejor a los intereses financieros de quien recibe los fondos, y el flujo de pagos exigido debería ser relativamente más asequible para las personas que atraviesan situaciones económicas adversas, como el desempleo u otras reducciones de los ingresos disponibles. Sin embargo, persisten desafíos jurídicos y regulatorios.
Los beneficios de los pagos contingentes al ingreso dependen de las tasas de reembolso. Esto supone un desafío considerable en los entornos de bajos ingresos e incluso en algunos de ingresos medios, donde los sistemas tributarios no están suficientemente desarrollados. Existen obstáculos importantes para adoptar programas contingentes al ingreso en países que carecen de una agencia eficiente para gestionar el pago de las deudas. ¿Puede el mercado privado hacerlo mejor?
Los altos rendimientos indican que la educación terciaria es una buena inversión privada. Sin embargo, la prioridad pública no es conceder un subsidio general a todos, sino realizar un esfuerzo concertado para mejorar una recuperación de costos justa, equitativa y sostenible en el nivel de educación terciaria.
Esta publicación apareció primero en el blog del Banco Mundial Educación para el desarrollo global . Su publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Harry Anthony Patrinos es gerente del sector de educación del Banco Mundial.
Imagen: Un estudiante lee bajo el sol de la tarde en el campus principal de la Universidad de Columbia, en Nueva York. REUTERS/Mike Segar

