3 formas en que una empresa puede ser socialmente responsable

A boy uses an iPad
With industries in flux, online learning will be an essential part of the digital economyImage: Kelly Sikkema/Unsplash
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Desde los pozos de las aldeas hasta la inteligencia artificial, «erosionar el tejido social» y provocar cambios sociales no deseados siempre han sido algunas de las críticas dirigidas contra distintas formas de tecnología, y nuestra época no es una excepción. A medida que evoluciona la tecnología, redefinimos las funciones de los gobiernos, las instituciones, las empresas y las personas, y establecemos nuevos contratos sociales sobre los comportamientos aceptables. Negociar estas nuevas normas exige hoy más tiempo y esfuerzo que nunca, pues la tecnología transforma todos los aspectos de nuestra vida y nos saca de nuestra zona de confort.

¿Quién debe velar por que usemos la tecnología de forma responsable como una fuerza para el bien social, y no como una herramienta para aumentar la fragmentación de la sociedad? La sociedad espera que los inventores y las empresas tecnológicas desempeñen un papel más activo en el control del uso de sus productos. El mundo empresarial está muy acostumbrado a hablar de los ciclos de vida de los productos con fines de marketing. Ahora también deberíamos pensar en el ciclo de vida social de nuestros productos y servicios: en cómo las sociedades adoptan, usan y transforman —o incluso «hackean»— lo que hacemos.

Las empresas de telecomunicaciones parten de una posición más ventajosa: nuestra actividad principal tradicional lleva intrínsecamente aparejada una dimensión de bien social, y trabajamos en un entorno muy regulado que a menudo exige alianzas público-privadas. Sin embargo, a medida que pasamos al mundo digital y experimentamos con nuevas tecnologías —entre ellas, la inteligencia artificial, la realidad aumentada y virtual y la robótica—, también debemos redefinir cómo hacer negocios de manera responsable.

Estas son algunas conclusiones clave de nuestra experiencia en el ámbito de los negocios socialmente responsables en Turkcell:

Aprender de la experiencia de los demás

Durante el último año, hemos ampliado nuestra presencia en los sectores de la conectividad, la educación, la salud, la energía, el entretenimiento y estilo de vida, y el transporte. Al principio, no todas las iniciativas fueron bien recibidas por nuestros grupos de interés, pero hay una lógica detrás de ellas: la digitalización afecta a todos y las herramientas con las que prestamos servicios son, en esencia, similares. Además, la vida digital de las personas a las que atendemos no se divide en compartimentos estancos: la educación pasa a formar parte del estilo de vida y el transporte se relaciona con la salud. Cuando invertimos en negocios más orientados al bien social, como la educación y la salud, a menudo nos encontramos en ámbitos que tradicionalmente se consideran más comerciales, y eso no es malo.

Un ejemplo de ello es nuestra aplicación móvil para las personas refugiadas sirias en Turquía. Empezamos dando prioridad a la conectividad, pero pronto nos dimos cuenta de que necesitaban un apoyo vital: ayuda para comunicarse con médicos y trabajadores humanitarios; acceso fácil y fiable a información sobre escuelas, farmacias y bancos; y ayuda para superar la barrera del idioma. Creamos Hello Hope, que es a la vez una herramienta de navegación, un servicio de apoyo a la traducción y un medio de aprendizaje de idiomas, y que pronto se convertirá en una fuente de noticias fiables. Para enriquecer el contenido, utilizamos los recursos de nuestra propia plataforma educativa, Tukcell Academy, y también colaboramos con Media Luna Roja Turca y diversos medios de comunicación.

«La tecnología nos quita el trabajo»: dar prioridad al reciclaje profesional

Quizá la mayor fuente de inquietud social sea la pérdida de empleos a medida que evoluciona la tecnología. En mi opinión, el debate actual no representa adecuadamente el potencial que la tecnología ofrece a personas con todo tipo de habilidades, talentos y trayectorias profesionales.

La mejora de las competencias del talento disponible destaca como un ámbito especialmente fértil en el que las empresas pueden beneficiarse de la tecnología, generar valor empresarial y, al mismo tiempo, aliviar los temores que acompañan al cambio. El mundo de la educación está pasando de sistemas tradicionales, limitados y basados en la admisión a un aprendizaje permanente; y las empresas ahora exigen competencias específicas de cada sector. El aprendizaje en línea y móvil se sitúa en la intersección de ambos mundos y ayuda a quienes tienen una formación más tradicional a adquirir nuevas competencias que evolucionan constantemente para acceder a empleos que las requieren. Al utilizar herramientas educativas en línea y móviles para volver a capacitar a sus empleados, las empresas pueden poner recursos a disposición de cientos de personas ocupadas, sin importar el tiempo ni el lugar; adaptar los contenidos para que cada usuario aprenda a su propio ritmo; y medir y comparar los resultados de forma fiable.

Nos beneficiamos ampliamente de este enfoque: Turkcell cuenta con más de 5.000 empleados y más de 200 socios internacionales y regionales, que durante el último año recibieron 2,1 millones de horas de formación a través de Turkcell Academy, el 72 % de las cuales se impartieron en plataformas en línea y móviles. Hemos invertido en mejorar las competencias de nuestro talento para gestionar incluso las transiciones tecnológicas más complejas, como la convergencia de las redes móviles y fijas y el despliegue de LTE-Advanced en todo el país. Ya está en marcha un enfoque similar para crear el talento necesario para la digitalización, y el 5G es el próximo proyecto previsto.

También ponemos nuestros conocimientos e infraestructura a disposición de otras empresas, ya que muchos de nuestros socios no cuentan necesariamente con los recursos para crear sistemas similares de manera eficiente. Mi consejo a las empresas de otros sectores es que busquen socios en la industria de las comunicaciones que puedan tener las capacidades que necesitan.

Invertir para marcar la diferencia

Turkcell apoya a los emprendedores a través de su plataforma de financiación colectiva Beehive y mediante varios proyectos, entre ellos Women Who Code the Future, un programa de formación para que las mujeres adquieran competencias digitales, como el desarrollo de aplicaciones móviles.

Nuestra experiencia demuestra que los proyectos que recibimos en estas plataformas suelen tener un marcado carácter progresista en lo social. A través de Beehive, ayudamos a financiar una impresora 3D que un padre desarrolló para que su hija pequeña pudiera fabricar sus propios juguetes. WeWalk, un bastón inteligente para personas con discapacidad visual, batió récords de financiación. Más de 1.000 mujeres de toda Turquía recibieron formación para adquirir competencias de desarrollo de aplicaciones para Android. El proyecto reconocido como ganador de esta iniciativa fue Otizmo; desarrollado por Gökçe Demir y Hilal Şener, el software utiliza señales detectadas por dispositivos vestibles para ayudar a diagnosticar el autismo.

Creemos que se trata de un círculo virtuoso. Damos prioridad a prestar servicios y apoyo a grupos con necesidades especiales: personas con discapacidad, refugiados, niños con discapacidad o con capacidades excepcionales, mujeres y emprendedores. A cambio, convierten la tecnología en soluciones a cuestiones y problemas sociales.

Volviendo a la pregunta que planteé antes: ¿quién debe asegurarse de que usemos la tecnología como una fuerza para unirnos y mejorar nuestras vidas, en lugar de generar más fragmentación? Mi respuesta es que las empresas tecnológicas como la nuestra pueden hacer más, y ya han hecho mucho. Una respuesta más breve, pero más complicada, es que la responsabilidad recae en todos nosotros, cada día y en cada decisión que tomamos.

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