Cómo puede la educación moderar el crecimiento de la población

Cómo puede la educación moderar el crecimiento de la población
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En 2014, un análisis de datos de las Naciones Unidas realizado por la revista Science concluyó que era poco probable detener el crecimiento de la población en este siglo y proyectó que entre 9.600 y 12.300 millones de personas vivirían en el planeta en 2100.

Esto preocupa a muchos. Cuando el Pew Research Center preguntó a científicos estadounidenses si el crecimiento de la población mundial suponía un problema, el 82 % coincidió en que pondría presión sobre los recursos naturales del planeta. Otras preocupaciones van desde la inseguridad alimentaria y las implicaciones sociales del aumento del desempleo hasta la aceleración del cambio climático.

El crecimiento de la población es desigual. Muchos países desarrollados, por ejemplo, han visto cómo su tasa de fecundidad descendía por debajo de la tasa de reemplazo de 2,1 hijos por mujer. Algunos, como Bulgaria, han visto cómo su población pasó de 9 millones en 1990 a unos 7,3 millones en la actualidad, afirma Wolfgang Lutz, director fundador del Wittgenstein Centre for Demography and Global Human Capital.

En el otro extremo se encuentra Nigeria, donde, según él, la tasa media de natalidad es de 5,5 a 6 hijos por mujer. Según las Naciones Unidas, la población del país podría superar a la de Estados Unidos en 2050 y, de no controlarse, podría rivalizar con China en tamaño de población hacia finales de siglo.

En lo que respecta a frenar el crecimiento de la población, algunos gobiernos han intentado recurrir a la legislación para limitar el número de hijos que nacen. Por tentadora que resulte, la aplicación de una política de «un solo hijo» no funciona: como demuestra la experiencia de China, convierte un problema de crecimiento demográfico en uno de sociedad envejecida.

Entre las opciones más sostenibles figuran fomentar que las mujeres tengan menos hijos y que los tengan más tarde en la vida, mediante el aumento del acceso a los servicios de salud reproductiva, la elevación de la edad legal para contraer matrimonio y la participación activa de las mujeres en el mercado laboral, por ejemplo, facilitando el acceso al crédito.

Bangladés, por ejemplo, recurrió a las comunicaciones y a la sensibilización para cambiar la actitud de la población respecto al tamaño de la familia y para aumentar el uso de anticonceptivos entre las mujeres casadas. Como resultado, la fecundidad pasó de una media de más de 6 hijos por mujer en 1975 a algo más de 3 en la actualidad.

Una de las herramientas más poderosas para frenar el crecimiento de la población será la educación, afirma Mark Montgomery, profesor de economía en la Universidad Stony Brook e investigador del Population Council. «Hemos sido testigos de transiciones asombrosas, sobre todo en la década de 1970, en países que entonces eran pobres y en los que las tasas de fecundidad descendieron cuando aumentó el nivel educativo.»

Estudios realizados por el señor Lutz y su equipo respaldan esta idea. Los investigadores comprobaron que, de media, las mujeres malienses sin educación tuvieron casi 7 hijos. Entre las más instruidas, la cifra fue de unos cuatro.

«La educación reduce la natalidad y frena el crecimiento de la población», afirma. «Esto facilita el desarrollo de los países. Una fuerza laboral más formada también hace más fácil erradicar la pobreza y alcanzar el crecimiento económico.»

Por supuesto, el crecimiento económico trae consigo otro problema: el aumento del consumo. Combinado con el crecimiento de la población, añade presión al sistema. Una población mundial que viviera con el estilo de vida del estadounidense medio, por ejemplo, requeriría cinco veces los recursos disponibles en la Tierra, según la Global Footprint Network.

Además de las mejoras en energía limpia y eficiencia energética, la educación también desempeñará un papel. «Muchas encuestas muestran que la conciencia medioambiental está vinculada a la educación», afirma el señor Lutz . Con ese fin, su organización desarrolló una herramienta en línea que proporciona a los responsables políticos datos y análisis para ayudarles a elaborar programas que equilibren los objetivos sociales, económicos y medioambientales con los cambios demográficos.

Con la previsión de que 3.000 millones de personas —el 42 % de la población actual— se incorporen a la clase media en 2030, se trata de una cuestión que los países ya no pueden eludir, y la educación ayudará. Pues, en última instancia, como concluye el señor Lutz, «lo que importa no es el número de personas, sino lo que hay dentro de la cabeza».

Este artículo se publica en colaboración con GE LookAhead. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autora: Sarah Murray es redactora especializada en temas de empresa, sociedad y medio ambiente.

Imagen: Personas cruzan una calle en Tokio el 12 de julio de 2009. REUTERS/Stringer (JAPAN BUSINESS SOCIETY)

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