Cómo transformará la tecnología el aprendizaje en la era de la COVID-19

The traditional degree programme could decline in favour of shorter, more focused courses reflecting the job market.Image: Glenn Carstens-Peters/Unsplash
Este contenido ha sido traducido automáticamente con IA.

• Una «gran desagregación» hará que los programas de grado tradicionales den paso a empresas que ofrecen formación especializada en habilidades blandas, habilidades básicas, pensamiento crítico u oportunidades de establecer contactos.

• Los cursos más cortos, las elecciones profesionales orientadas al retorno de la inversión y el cambio hacia el aprendizaje permanente impulsarán nuevos modelos de negocio en la educación.

• El contacto persona a persona, así como la IA, será esencial para el futuro de la educación.

Lynda Gratton y Andrew Scott, autores de The 100-Year Life: Living and Working in an Age of Longevity, ofrecen tres características que definirán el trabajo en el siglo XXI.

En primer lugar, es probable que las personas vivan mucho más tiempo. Ser centenario pronto se volverá habitual. En segundo lugar, la vida útil de las organizaciones se reducirá significativamente, por lo que el empleo a largo plazo se convertirá en cosa del pasado. En tercer lugar, el concepto de jubilación se desvanecerá, en parte por razones económicas y en parte por elección propia.

Al combinar todos estos factores, es fácil ver cómo una persona podría tener que dedicar varios años a aprender y desaprender para construir una cartera profesional viable. Pero si las instituciones de educación superior no cumplen con su labor de enseñarnos, ¿cuáles son nuestras alternativas?

La gran desagregación

Históricamente, la educación ofrecía un conjunto difuso de formación en habilidades básicas, habilidades blandas y pensamiento crítico, junto con la oportunidad de establecer contactos y, asimismo, de demostrar nuestro valor ante los empleadores mediante una titulación reconocida. Lo que presenciamos ahora, sin embargo, es una «gran desagregación» de la educación, en la que distintas empresas y comunidades intentan captar una parte del conjunto. Por ejemplo, la escuela en línea Lambda School se centra únicamente en la formación en habilidades básicas, preparando a personas de todos los orígenes para carreras en informática. Su modelo de acuerdo de participación en los ingresos (ISA) no cobra a los estudiantes nada por la matrícula hasta que consiguen un empleo bien remunerado, momento en el que devuelven el 17 % de sus salarios durante dos años. Si no consiguen un empleo en un plazo de 60 meses, la tarifa se condona. Así, podemos ver que Lambda tiene un enfoque exclusivo en las habilidades básicas y dedica mucha menos atención a la demostración de valor, las habilidades blandas, las redes de contactos y los demás aspectos de una educación tradicional.

Cambio de áreas de enfoque

La desagregación de la educación ha provocado cuatro cambios tectónicos: las elecciones profesionales impulsadas por el retorno de la inversión (ROI), un avance hacia el aprendizaje permanente, duraciones más cortas y nuevos modelos de negocio.

El primero son las especializaciones orientadas al ROI. Tras las recesiones y emergencias como la que estamos viviendo, suele producirse un aumento de las decisiones profesionales impulsadas por el ROI. Un notable 80 % de los estudiantes encuestados en la UCLA afirmó que, para ellos, la educación era un medio para conseguir empleo. Sin embargo, solo el 50 % de los rectores de universidades estadounidenses (un cargo equivalente al de rector en el Reino Unido) compartía esa opinión. Está claro que existe una discrepancia entre lo que quieren los estudiantes y lo que ofrecen las universidades tradicionales.

Los estudiantes quieren aprender habilidades tangibles, como programación, marketing y ventas, en un plazo condensado. Se podría argumentar que este pensamiento cortoplacista acabará pasando factura algún día, pero la demanda de estas habilidades en la actualidad es innegable.

El segundo cambio que presenciamos es el avance hacia el aprendizaje permanente. El modelo tradicional consistía en concluir toda la educación, incluidos los programas de MBA y máster, lo antes posible, y aplicar después ese aprendizaje al trabajo. Este modelo ya no funciona hoy en día. La nueva normalidad consiste en alternar periodos de estudio y aprendizaje a lo largo de la vida laboral.

Estudiantes atraviesan una puerta con tecnología de reconocimiento facial al entrar en la Universidad de Pekín, en Pekín (China), el 31 de agosto de 2020.Image: Reuters/Thomas Peter

Se trata de una enorme oportunidad para emprendedores e inversores. Las personas de entre 26 y 35 años que buscan la superación personal y el aprendizaje permanente constituyen la mayor oportunidad en China, muy superior a la educación primaria y secundaria o a la preparación de exámenes. Aunque este análisis del gasto se centra en China, muchas de sus conclusiones serán válidas para el resto del mundo.

El tercer cambio que observamos es que los estudiantes quieren cursar programas de menor duración. Debido al enfoque en el aprendizaje permanente, los estudiantes están dispuestos a dedicar periodos más breves a cada bloque de aprendizaje. Make School, que también cuenta con un campus presencial y se especializa en el estudio basado en proyectos, ofrece una licenciatura de dos años con tasas de empleabilidad muy altas. Hay muchos ejemplos similares. La lógica para los estudiantes es que, si tienen que volver a la escuela varias veces, cada programa de estudio no debería ser demasiado largo. Las personas quieren que su tiempo cuente y aprovechar las últimas tendencias.

Por último, presenciamos un cambio en los modelos de negocio. La creciente popularidad de los ISA refleja un cambio de actitud, ya que los estudiantes no están dispuestos a realizar grandes pagos únicos por adelantado. Esto no solo cambia el mercado de financiación estudiantil, sino que también obliga a las instituciones educativas a centrarse en los resultados de los estudiantes, en concreto en su empleabilidad.

Oleadas de disrupción

La desagregación de la educación provocará disrupción en múltiples oleadas.

La primera oleada incluirá canales de aprendizaje de habilidades técnicas con perspectivas de empleo directo. Pensemos, por ejemplo, en los campamentos de programación intensivos, los cursos masivos abiertos en línea con certificaciones y nanodegrees. Son oportunidades de arbitraje de alto potencial, pero muy pocas de estas disrupciones han funcionado a gran escala hasta ahora.

Una gran razón por la que las personas optan por estudios superiores es para establecer contactos, y ahí es donde probablemente se produzca la segunda oleada de disrupción. Las alternativas a las redes de contactos tradicionales, en forma de espacios de coworking, aceleradoras, redes privadas, asociaciones seleccionadas y comunidades de mentoría entre iguales, probablemente constituyan otra área de disrupción masiva.

Junto con las habilidades técnicas y las redes de contactos, es probable que haya un gran impulso de las habilidades blandas. Cabe esperar varias innovaciones en este ámbito en los próximos años. Es probable que las que funcionen sean capaces de demostrar beneficios tangibles para los estudiantes y los jóvenes profesionales. Quizá no haga falta ir a la universidad para adquirir habilidades blandas o establecer contactos.

Estudiar o trabajar en una institución u organización de élite transmite competencia a nuestra red de contactos. También aumenta nuestro valor social percibido. La cuarta oleada de disrupción probablemente sea la aparición de organizaciones en las que la pertenencia, la asociación o la afiliación transmitan una competencia igual o mayor.

El célebre teórico de la innovación disruptiva Clayton Christensen afirmó en su día que el 50 % de todas las universidades quebrará en un futuro próximo. La crisis de la COVID-19 sin duda ha empujado a muchas de ellas más cerca del colapso. Las que sobrevivan se adaptarán a la gran desagregación de la educación y combinarán dos componentes esenciales del aprendizaje en el siglo XXI: la IA y las comunidades.

IA + comunidad = futuro del aprendizaje

El modelo educativo de fábrica, propio del siglo XIX, tenía sentido cuando existían graves limitaciones en los recursos didácticos. Pero la IA puede ayudarnos a superar tales restricciones aprovechando tres de sus características definitorias: la percepción, el reconocimiento y la recomendación, y, con ello, creando un aprendizaje personalizado para los estudiantes y más tiempo libre para los docentes.

Intentemos visualizar una experiencia de educación superior impulsada por la IA. Funcionará en cuatro planos: la enseñanza virtual, la evaluación del aprendizaje, la búsqueda de oportunidades de prácticas y empleo, y la mentoría de compañeros y expertos.

Image: Brookings Education

Imaginemos a Sally sentada en Beirut. Está matriculada en un programa de aprendizaje a distancia que reúne a destacados profesores de ciencia de datos de todo el mundo y otorga un título muy valorado por los empleadores más codiciados. Asiste a las clases en un espacio de coworking. Al frente de la sala hay una cámara de vídeo que utiliza el reconocimiento facial y el análisis de la postura no solo para pasar lista, sino también para determinar si Sally presta atención. Quizá no se encuentre bien y no pueda concentrarse. Todos estos datos se introducen en su perfil de estudiante y se crea para ella una tarea personalizada. Sally completa su trabajo con la ayuda de un mentor entre iguales con el que ha sido emparejada según sus necesidades de aprendizaje. Entablan una amistad y, con el tiempo, empiezan a trabajar juntos en conjuntos de datos complejos. Descubren la manera de optimizar un algoritmo que resulta valioso para uno de los patrocinadores del programa. Tras varias rondas de ida y vuelta, deciden patentar su solución y trabajar en su idea de forma independiente. Pasan de un programa de grado a tiempo completo a una opción flexible a tiempo parcial diseñada para emprendedores.

Principal desafío

El escenario anterior puede parecer convincente, pero está abocado al fracaso a corto plazo. Hoy en día, existen innumerables plataformas de aprendizaje digital impulsadas por la IA que luchan por encontrar clientes. Incluso cuando los estudiantes se inscriben, solo el 3 % llega a completar los requisitos del curso.

De hecho, una investigación presentada por la doctora Susan Dynarski, de la Universidad de Míchigan, deja claro que, si bien la educación en línea funciona para los estudiantes adultos, puede perjudicar a los estudiantes con dificultades académicas y comprometer el aprendizaje conceptual. Está claro que al modelo de tecnología educativa basado en la IA le falta algo fundamental. Por eso existe una necesidad urgente de complementar las herramientas de aprendizaje basadas en IA con el poder de las comunidades. Este enfoque humanizará la forma en que pensamos tanto sobre la educación superior como sobre la tecnología.

Por muy sofisticados que sean nuestros dispositivos, resulta difícil identificarse con las pantallas brillantes y oscuras. Todos tenemos una necesidad fundamental de pertenecer, aprender y compartir. Necesitamos comunidades significativas, porque son multiplicadores de fuerza. Hacen que el aprendizaje sea divertido y crean un mecanismo de rendición de cuentas entre pares que da forma a una cultura de aprendizaje. La IA permite la personalización a gran escala.

Solo combinando la IA y las comunidades la educación superior será pertinente y preparará a los estudiantes para las aventuras de la Cuarta Revolución Industrial. La buena noticia es que las instituciones educativas tradicionales no son las únicas capaces de crear esta oferta personalizada. La desagregación de la educación significa que ahora compiten en el mercado muchos más agentes. Es probable que esto democratice el aprendizaje y lo haga accesible a algo más que a la minoría privilegiada que puede permitirse pagar un cuarto de millón de dólares por un título de posgrado.

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