Así afecta la cultura al desarrollo de su hijo

Ultra-Orthodox Jewish girls pose for a photographer near the beach in the southern city of Ashdod December 13, 2016. REUTERS/Amir Cohen
Children growing up in different cultures receive specific inputs from their environment.Image: REUTERS/Amir Cohen
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Desde juguetes educativos hasta directrices gubernamentales y los informes detallados de progreso de las guarderías, existen numerosos recursos para ayudar a los padres a seguir y facilitar el desarrollo de sus hijos. Pero, aunque hay trucos que podemos usar para enseñar a los niños a hablar, contar, dibujar o respetar a los demás, una parte sorprendentemente grande de cómo se desarrollan está determinada por la cultura en la que crecen.

El desarrollo infantil es un proceso dinámico e interactivo. Cada niño es único en su interacción con el mundo que le rodea, y lo que evoca y recibe de los demás y del entorno también moldea su forma de pensar y de comportarse. Los niños que crecen en diferentes culturas reciben aportes específicos de su entorno. Por ello, existe una gran variedad de diferencias culturales en las creencias y los comportamientos de los niños.

Sabemos por investigaciones con adultos que los idiomas moldean la forma en que las personas piensan y razonan. Además, el contenido y el enfoque de lo que la gente habla en sus conversaciones también varían entre culturas. Desde la primera infancia, las madres de diferentes culturas hablan a sus bebés de forma diferente. Las madres alemanas tienden a centrarse en las necesidades, los deseos de sus hijos o en ellos como personas. Las madres del grupo tribal africano Nso, por el contrario, se centran más en el contexto social. Esto puede incluir las interacciones del niño con otras personas y las normas que las rodean.

Esta exposición temprana afecta la forma en que los niños se centran en sí mismos o en su relación con los demás, lo que conforma su autoimagen e identidad. Por ejemplo, en los países de Europa Occidental y Norteamérica, los niños tienden a describirse a partir de sus características únicas, como “Soy listo” o “Se me da bien dibujar”. En cambio, en los países de Asia, África, Europa del Sur y Sudamérica, los niños se describen con más frecuencia a partir de su relación con los demás y de sus roles sociales. Ejemplos de ello son “Soy el hijo de mis padres” o “Soy un buen estudiante”.

Como los niños de diferentes culturas difieren en cómo piensan sobre sí mismos y se relacionan con los demás, también memorizan los acontecimientos de forma distinta. Por ejemplo, cuando se pidió a preescolares que describieran una experiencia personal especial reciente, los niños euroamericanos proporcionaron descripciones más detalladas, recordaron acontecimientos más específicos y expresaron con más énfasis sus preferencias, sentimientos y opiniones al respecto que los niños chinos y coreanos. Los niños asiáticos, en cambio, se centraron más en las personas que habían conocido y en cómo se relacionaban consigo mismos.

Efectos culturales de la crianza

Los padres de diferentes culturas también desempeñan un papel importante en la configuración del comportamiento y de los patrones de pensamiento de los niños. Por lo general, son los padres quienes preparan a los niños para interactuar con la sociedad en general. La interacción de los niños con sus padres suele servir de arquetipo de cómo comportarse con los demás, al aprender una variedad de normas socioculturales, expectativas y tabúes. Por ejemplo, los niños pequeños suelen desarrollar un estilo conversacional similar al de sus padres y eso a menudo depende de la cultura.

Los niños euroamericanos suelen ofrecer narrativas largas, elaboradas y centradas en sí mismos, que destacan las preferencias personales y la autonomía. Su estilo de interacción también tiende a ser recíproco, con turnos de palabra. En cambio, los relatos de los niños coreanos y chinos suelen ser breves, están orientados a la relación y muestran una gran preocupación por la autoridad. A menudo adoptan un papel más pasivo en las conversaciones. Las mismas variaciones culturales en la interacción también son evidentes cuando los niños hablan con un entrevistador independiente.

Las diferencias culturales en las interacciones entre adultos y niños también influyen en cómo se comporta socialmente un niño. Por ejemplo, en la cultura china, donde los padres asumen gran responsabilidad y autoridad sobre sus hijos, los padres interactúan con ellos de manera más autoritaria y exigen obediencia a sus hijos. Los niños que crecen en estos entornos tienen más probabilidades de cumplir las peticiones de sus padres, incluso cuando se muestran reacios a hacerlo.

En cambio, los hijos de inmigrantes chinos que crecen en Inglaterra se comportan de manera más parecida a los niños ingleses, que son menos propensos a seguir las exigencias de los padres si no están dispuestos.

De la clase al tribunal

A medida que el mundo se globaliza cada vez más, el conocimiento sobre las diferencias culturales en el pensamiento, la memoria y la forma en que los niños interactúan con los adultos tiene importantes implicaciones prácticas en muchos ámbitos en los que es necesario comprender la psicología infantil. Por ejemplo, los docentes pueden necesitar evaluar a niños de diversos orígenes culturales. Saber cómo piensan y hablan de forma distinta los niños de otra cultura puede ayudar al docente a entrevistarlos mejor como parte de un examen académico oral, por ejemplo.

Otro ámbito importante son las investigaciones forenses. Saber que los niños chinos tienden a recordar detalles sobre otras personas y a ser breves en su respuesta inicial a las preguntas puede permitir al investigador dedicar más tiempo a la práctica narrativa para preparar al niño a responder preguntas abiertas e incitarlo con preguntas de seguimiento.

Asimismo, saber que los niños chinos pueden ser más sensibles y dóciles ante las figuras de autoridad, y más obedientes ante un agresor dentro de la familia, puede hacer que el entrevistador necesite dedicar más tiempo a establecer una buena relación para ayudar al niño a relajarse y reducir la autoridad que percibe. También deben estar preparados para tener paciencia ante la reticencia a revelar abusos dentro de las familias.

Aunque los niños son únicos y se desarrollan a su propio ritmo, la influencia cultural en su desarrollo es claramente considerable. Puede incluso afectar a la rapidez con la que los niños alcanzan distintos hitos del desarrollo, aunque la investigación sobre este complejo tema aún no es concluyente. Lo más importante es que el conocimiento sobre las diferencias culturales también puede ayudarnos a identificar lo que todos los niños tienen en común: una curiosidad insaciable por el mundo y un amor por las personas que los rodean.

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