La pandemia ha demostrado lo importante que es el acceso a internet para la educación y el trabajo, y, sin embargo, 3700 millones de personas en todo el mundo no están conectadas.
Las empresas tienden a no priorizar la conexión de las comunidades más pobres, que a menudo carecen de recursos económicos e infraestructura básica.
El proyecto Giga está explorando el potencial de un esquema de créditos de conectividad, que incentivaría a las empresas a conectar zonas menos rentables.
Conectar a más personas a internet genera importantes beneficios para el desarrollo y para las empresas, pero se necesitarán una alianza sólida y un estándar global claro para que los créditos de conectividad funcionen.
La pandemia ha demostrado lo importante que es ahora el acceso a internet para la educación y el trabajo; las personas que no pueden conectarse se encuentran en una desventaja considerable. Actualmente, 3700 millones de personas en el mundo no tienen acceso a internet – casi la mitad de la población mundial. Las brechas tienden a darse en las zonas más pobres, ya que las empresas no pueden justificar comercialmente la inversión en comunidades con pocos recursos económicos. El coste de conectar a las comunidades más pobres también tiende a ser mayor, ya que carecen de otra infraestructura fundamental, como electricidad o carreteras.
Los créditos de conectividad son una posible solución. Funcionarían como los créditos de carbono, generando incentivos para que los proveedores de servicios y otras empresas tecnológicas amplíen sus redes hacia las regiones más pobres. En este sistema, instituciones como las escuelas recibirían créditos en función de la dificultad y el coste de conectarlas. Los operadores de red, los proveedores de servicios de internet y otros socios reunirían después créditos a medida que prestan servicios de conectividad.
El proyecto Giga, una alianza entre UNICEF y la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), explora actualmente el potencial de un esquema de créditos de conectividad para conectar escuelas en zonas pobres. El proyecto tiene como objetivo garantizar que todas las escuelas del mundo tengan acceso a internet, conectando a más de 1000 millones de jóvenes y dándoles acceso a información, oportunidades y libertad de elección. Ya está conectando las primeras escuelas de cada país socio e investiga diversas tecnologías, modelos de negocio y marcos regulatorios para ofrecer soluciones de conectividad de banda ancha a escuelas y comunidades.
Giga aportará, por primera vez, una idea de la magnitud de la necesidad de conectividad escolar. Actualmente, nadie sabe cuántas escuelas hay en el mundo. Giga ha cartografiado 1 millón en los últimos 18 meses, y en los próximos 36 meses el proyecto dispondrá de datos en tiempo real sobre entre 6 y 9 millones de escuelas.

Proyectos como Giga podrían desempeñar un papel clave en una iniciativa de créditos de conectividad. Trabajando con los ministerios de telecomunicaciones y de finanzas, el proyecto puede evaluar la dificultad de conectar una escuela determinada en función de factores como la distancia a la infraestructura existente o la dificultad del terreno. También puede ayudar a evaluar el funcionamiento real de la conexión. Dado que Giga supervisa la conectividad escolar en tiempo real, puede controlar la eficacia real y la distribución de gigabytes con un nivel de detalle minucioso. La supervisión de la conectividad también está integrada en la propia red; una vez que un centro está conectado, informa automáticamente de su estado de conectividad.
Las escuelas podrían actuar como centros de conectividad para las comunidades pobres
Con el tiempo, los créditos de conectividad podrían permitir a las escuelas acceder en línea a software o servicios, o incentivar la creación de bienes públicos digitales de código abierto. La idea sería que las escuelas también pudieran actuar como ‘centros de conectividad’, facilitando que otras organizaciones e individuos de la zona se conecten. Uno de los problemas de la conectividad rural está relacionado con la densidad de población e ingresos por usuario. Utilizar las escuelas como ‘centros’ de conectividad refuerza el argumento a favor de la inversión a nivel nacional. Abriría un nuevo mercado primario para los proveedores de servicios de internet y los operadores de red, así como un mercado secundario para una amplia gama de proveedores de alojamiento y otros socios de bienes públicos digitales
Respaldo a los créditos de conectividad
Conectar a más personas a internet ofrece numerosos beneficios, tanto en términos de desarrollo como de creación de oportunidades empresariales. Genera nuevos mercados para el comercio digital y la empresa, y más espacio para la innovación. A escala mundial, el mercado podría acceder al respaldo, o reserva, para emitir más créditos en determinadas zonas, o podría recaudar más fondos y aumentar el tamaño de la reserva, si fuera necesario.
Una de las muchas lecciones de la introducción de los créditos de carbono es que un esquema similar para la conectividad funcionará mejor si existe una alianza sólida y un estándar global y unificado desde el principio. Un marco de créditos de conectividad podría crear un mercado mundial para conectar a las poblaciones más difíciles de alcanzar.
Los gobiernos son el socio ideal para que los créditos de conectividad funcionen a nivel nacional. Ya gravan a los proveedores de servicios de internet y a los operadores de redes móviles, y conceden las licencias de espectro que estas empresas necesitan para operar. Esto abre la posibilidad de utilizar desgravaciones fiscales, subvenciones y otras garantías para que el esquema resulte atractivo para las empresas. El respaldo también podría proceder de las subvenciones nacionales existentes para las telecomunicaciones, como los Fondos de Servicio Universal, que a menudo están infrautilizados.
Para obtener más información sobre Giga y los créditos de conectividad, visite www.gigaconnect.org/credits

