Cómo mejora el aire limpio en las escuelas la salud y la capacidad de aprendizaje de los niños

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  • La contaminación del aire lleva mucho tiempo siendo una amenaza para la salud, pero la COVID-19 ha puesto de relieve la necesidad de mejorar la calidad del aire interior.

  • Las escuelas de todo el mundo deberían utilizar los fondos de ayuda por la COVID-19 para modernizar las infraestructuras de aire interior.

  • Los estudios muestran que el aire limpio propicia mejores entornos de aprendizaje.

El aire limpio puede ser un derecho humano fundamental, pero, por desgracia, no es una realidad para muchos niños en edad escolar de todo el mundo, lo que los expone a un mayor riesgo de contraer enfermedades transmitidas por el aire y de exposición a contaminantes. Pese a las medidas de mitigación, la COVID-19 seguirá acompañándonos durante mucho tiempo, por no mencionar los futuros virus y otras enfermedades que impiden que los niños vayan a la escuela, como el resfriado común, la gripe y el virus respiratorio sincitial (VRS). Aunque no podemos eliminar los gérmenes, sí podemos frenar su propagación en las escuelas si abordamos la filtración y la calidad general del aire.

La contaminación del aire lleva mucho tiempo siendo una amenaza para la salud humana, pero la pandemia mundial ha acrecentado la urgencia de abordar el aire interior. Dado que un estudiante estadounidense pasa, de media, más de 14.000 horas en un aula a lo largo de su vida —más de una cuarta parte de esta—, el aire dentro de las escuelas importa. También cabe señalar que las escuelas suelen estar muy concurridas, con normalmente cuatro veces más ocupantes que los edificios de oficinas con una distribución y una superficie similares. Sin embargo, la infraestructura educativa de la mayoría de los países del mundo lleva mucho tiempo infrafinanciada y sometida a una presión excesiva.

Dar prioridad al espacio físico

Dado que muchas escuelas reciben fondos de ayuda por la pandemia, existe una oportunidad sin precedentes para invertir en cambios duraderos que mejoren los entornos de aprendizaje actuales y beneficien a las futuras generaciones de estudiantes. Durante años, la infraestructura escolar ha ocupado un lugar bajo en la lista de prioridades de muchos países, pero la pandemia ha contribuido a elevarla en la agenda mundial y ha puesto de relieve el problema del aire interior.

Los gobiernos deben destinar fondos de ayuda a modernizar la infraestructura escolar, y los distritos escolares deben comprometerse a poner en práctica esas mejoras, con un renovado énfasis en la modernización de los sistemas de calefacción, ventilación y aire acondicionado (HVAC). Puede resultar tentador gastar los fondos de ayuda en los dispositivos tecnológicos más novedosos, pero primero debemos dar prioridad a la necesidad más básica: modernizar los edificios para ofrecer espacios saludables y seguros donde los niños puedan aprender.

Image: Trane.

La pandemia ha obligado a los administradores escolares de todo el mundo a probar diversas medidas para mantener las escuelas seguras. Aunque no han acaparado tanta atención como la obligatoriedad de las mascarillas y las innovaciones en vacunas, las mejoras de la calidad del aire mediante la ventilación y la filtración han demostrado ser una forma eficaz de frenar la propagación de enfermedades transmitidas por el aire. Por ejemplo, un estudio realizado por los CDC y el Departamento de Salud de Georgia concluyó que los casos de COVID-19 fueron un 39 % menos en las escuelas que mejoraron la ventilación del aire.

Dado que hay abundantes datos publicados y buenas prácticas sobre cómo modernizar las escuelas, los países no necesitan empezar de cero: pueden consultar recursos existentes, como el Informe sobre el estado de nuestras escuelas de 2021 y la Iniciativa Better Buildings del Departamento de Energía de EE. UU., y aprender de quienes están más avanzados en este proceso.

La comunicación y la transparencia son fundamentales, y actualmente muchos padres y docentes se sienten desinformados. Tanto si una escuela está trabajando para abordar la calidad del aire ahora como si tiene previsto hacerlo en el futuro, se debe informar periódicamente sobre el estado de las mejoras y las medidas adoptadas, para evitar que padres y docentes se encarguen por su cuenta de la supervisión de la calidad del aire, por ejemplo, introduciendo a escondidas monitores de CO2 en los edificios escolares.

La enseñanza a distancia es una solución temporal

Los docentes encuestados en ocho países afirmaron sistemáticamente que sus estudiantes habían perdido terreno en su educación al verse obligados a aprender a distancia durante la pandemia, lo que reveló que el aprendizaje en línea no es tan eficaz como la enseñanza presencial. Como era de esperar, los niños de hogares más pobres se vieron afectados de forma desproporcionada y sufrieron un mayor rezago en el aprendizaje, lo que agravó las desigualdades educativas existentes. Los docentes de escuelas con altos índices de pobreza consideraron que las clases virtuales eran especialmente ineficaces y les dieron una puntuación de 3,5 sobre 10.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para gestionar los riesgos emergentes de la COVID-19?

La tecnología permitió que los estudiantes siguieran participando mientras el mundo luchaba contra la pandemia, pero ahora, dos años después, está claro que los niños están mejor en el aula. El coste educativo del aprendizaje en línea es demasiado alto, y sus consecuencias sociales, emocionales y mentales son demasiado devastadoras. Mientras los docentes trabajan para que los niños recuperen el nivel académico, los gobiernos y los administradores escolares deben abordar la calidad del aire, fundamental para mantener sanos a los niños y abiertas las escuelas.

El aire limpio beneficiará a los estudiantes durante la pandemia y después

Además de frenar la propagación de virus transmitidos por el aire, las escuelas deben mitigar los efectos del cambio climático, incluida la modernización de instalaciones envejecidas para mantener a sus ocupantes seguros y cómodos ante el aumento de la contaminación y las temperaturas extremas. Para las escuelas que tienen dificultades para cumplir las normas actuales, la situación solo se volverá más complicada, así que deben actuar ahora. A largo plazo, los edificios escolares ineficientes resultan más costosos y generan facturas de servicios públicos elevadas. Si los sistemas de aire funcionaran mejor, los recursos ahorrados podrían reinvertirse en tecnología, libros, salarios docentes, etc.

La modernización de los sistemas HVAC para que supervisen la calidad del aire, mantengan temperaturas confortables y garanticen una filtración adecuada también podría mejorar el rendimiento académico. Un economista de la London School of Economics sostiene que la calidad del aire influye en los resultados de los exámenes: los estudiantes rinden peor cuando se les asigna a aulas con niveles más altos de contaminación del aire, y mejor en las aulas con purificadores de aire. También se ha relacionado la contaminación del aire interior con una mayor probabilidad de un aumento del absentismo escolar.

Aunque quizá no podamos frenar las variantes cada vez más transmisibles de la COVID-19, hay algo que podemos controlar con bastante facilidad: el aire. Debemos actuar ahora y hacerlo a escala mundial. La educación y la salud de nuestros niños dependen de ello.

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