Hace más de un año, el mundo tardó semanas en despertar al hecho de que más de 200 niñas habían sido secuestradas de su escuela en el norte de Nigeria.
Activistas de Nigeria y de todo el mundo lideraron un llamamiento a la acción. Y, una vez que todos conocieron por fin este horrible incidente, fue en el Foro Económico Mundial de Abuya donde vimos un avance en la acción con el lanzamiento de un nuevo enfoque para la seguridad escolar tras el secuestro.
La participación conjunta del Foro Económico Mundial, los líderes empresariales y los gobiernos fue crucial para hacer avanzar esta iniciativa. Y era fundamental que el Gobierno la pusiera en marcha en Nigeria.
Así pues, una tarea está en marcha, pero quedan muchas otras, mucho más grandes, por superar. El esfuerzo por crear un movimiento de Escuelas Seguras desde Pakistán y Nigeria hasta el Líbano y la República Democrática del Congo, Afganistán y más allá, donde debe garantizarse y protegerse la educación de niñas y niños, ha sido extraordinario.
Según el último informe de derechos humanos de la ONU, solo en 2012 se produjeron 3.600 ataques distintos contra instituciones educativas, docentes y escuelas.

Fuente: GCPEA
¿Podemos olvidar alguna vez el secuestro masivo de las alumnas de Chibok? Incluso esta semana —a 15 meses del ataque— nos dicen que algunas de las niñas han sido adoctrinadas para unirse a las fuerzas de sus secuestradores de Boko Haram.
¿Y habrá alguna vez un ataque tan atroz como el ocurrido en una escuela de Peshawar, Pakistán, exactamente hace seis meses, cuando terroristas masacraron a 132 niños, niñas y docentes inocentes?
Las escuelas, que ya gozan de los mismos derechos jurídicos que los hospitales en virtud del derecho internacional, deberían ser tan seguras como los hospitales que llevan cruces rojas y los edificios y vehículos de la ONU que ostentan el símbolo azul de la ONU. Refugios seguros y escuelas seguras equivalen a niños seguros.
Y hay que hacer saber a los autores de crímenes terroristas contra niñas y niños que asesinar o secuestrar a escolares es un crimen atroz que las autoridades internacionales castigarán.
Incluso en los lugares más peligrosos del mundo, ahora debemos establecer el derecho de TODOS los niños a la educación y hacer realidad de forma permanente una nueva idea de educación sin fronteras.
Sin embargo, la Iniciativa de Escuelas Seguras plantea ahora una pregunta mucho más amplia. ¿Qué estamos haciendo exactamente para ayudar a los niños en zonas de conflicto?
¿Cómo evitamos que las escuelas se utilicen como teatros de guerra? Actualmente hay más de 20 millones de niños a quienes se niega la educación porque viven en zonas de conflicto y de desastre.
Sin embargo, pese al creciente número de personas atrapadas en la tragedia, en 2014 solo se destinó a la educación el uno por ciento de la ayuda humanitaria total y el dos por ciento de los llamamientos humanitarios. ¿Cómo podemos fallarles a nuestros niños de una manera tan lamentable?
La promesa de Escuelas Seguras es fundamental, pero es impensable que el resultado final sea la ausencia total de escolarización. Los niños que no asisten a la escuela corren un riesgo inmediato de trabajo infantil, reclutamiento como niños soldados, matrimonio precoz y otras formas de explotación y trata sexual.
Tres meses después del terremoto de abril, que se cobró 8.000 vidas, cientos de miles de niñas y niños nepalíes siguen en grave peligro: sin hogar, aún en la calle y sin asistir a la escuela, y presa fácil para las bandas de traficantes de menores que pretenden venderlos en India por poco más de 500 dólares cada uno.
En situaciones de conflicto y emergencia, la inversión en educación puede salvar vidas a corto plazo y miles de millones de dólares en costos de oportunidad a largo plazo.
Ahora, por primera vez, existe la posibilidad de crear un Fondo Humanitario Mundial para la Educación en Emergencias, que movilizará recursos adicionales y coordinará eficazmente la ayuda, conectando la asistencia humanitaria al inicio de una emergencia con la ayuda al desarrollo durante la fase de reconstrucción.
El 7 de julio, donantes internacionales y socios del sector educativo se reunirán en Oslo para movilizar un renovado compromiso político con los 58 millones de niños que siguen sin asistir a la escuela.
Se puede lograr mucho, y rápidamente, y extraer lecciones clave de la Iniciativa de Escuelas Seguras, en particular sobre el trabajo en equipo y la voluntad colectiva de colaborar y hacer que las cosas se hagan.
A World at School elaboró un memorando de políticas basado en las mejores prácticas de organismos de la ONU y ONG, así como en el trabajo de la coalición mundial para proteger la educación de los ataques. El memorando destacó intervenciones en las escuelas y las comunidades para proteger la educación y garantizar su continuidad en caso de emergencias.
Un grupo de líderes empresariales nigerianos aportó entonces un fondo inicial de 10 millones de dólares. Al día siguiente, el Gobierno se comprometió a aportar 10 millones de dólares adicionales. En las semanas siguientes, el Reino Unido, Noruega, Alemania y el Banco Africano de Desarrollo asumieron compromisos para apoyar la iniciativa.
En noviembre se creó un fondo fiduciario de múltiples donantes de las Naciones Unidas para canalizar recursos internacionales adicionales al proyecto, con promesas de contribución de varios gobiernos más.
La iniciativa ya empieza a marcar una gran diferencia en los tres estados del norte que actualmente se encuentran en estado de emergencia. Se centra en la iluminación, los dispositivos de comunicación, los planes de emergencia y la promoción de zonas seguras para la educación, con la participación de docentes, padres, policías, líderes comunitarios y los propios jóvenes.
Para los estudiantes que corren mayor riesgo, se están desarrollando modalidades alternativas de escolarización. Uno de los primeros proyectos permitió que 2.400 de los estudiantes más vulnerables, afectados con mayor dureza por las actividades terroristas de Boko Haram, se matricularan en escuelas federales.
El programa es voluntario y requiere el consentimiento de los padres. A los estudiantes que se trasladan se les proporcionan gastos básicos, como comida y libros. Se pondrán fondos a disposición de los padres que vayan a las escuelas a visitar a sus hijos e hijas. Se están desplegando otros proyectos de escuelas seguras en los tres estados.
Está funcionando y prosperará allí donde se despliegue. Ahora tenemos que avanzar rápidamente para alcanzar otro hito importante en la búsqueda de la Educación Total.
En los próximos días necesitamos compromiso y una actitud de «sí se puede»: países que acudan a Oslo, contribuyan con un propósito claro, acuerden avanzar sobre la base de principios consensuados y comiencen a trabajar de manera diferente.
Necesitamos evitar urgentemente la pesadilla que podría hacerse realidad con facilidad: millones de niños que podrían pasar toda su edad escolar sin entrar jamás en un aula.
La publicación no implica el respaldo del Foro Económico Mundial a las opiniones expresadas.
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Autor: Gordon Brown es el Enviado Especial de las Naciones Unidas para la Educación Mundial.
Descripción de la imagen: Niñas en el aula de una escuela primaria de la localidad de Dobley, a 10 km (6 millas) de la frontera entre Kenia y Somalia. REUTERS/Thomas Mukoya

