Este año es crucial para la educación en todo el mundo. A pesar del compromiso de la comunidad internacional de garantizar la escolarización primaria universal, unos 58 millones de los niños más marginados del mundo siguen fuera de las aulas. Y, mientras procuramos ampliar el compromiso de la comunidad internacional para que, de aquí a 2030, todos los niños tengan la oportunidad de asistir a la escuela secundaria, debemos esforzarnos por proporcionar la financiación necesaria.
Por eso es tan importante el próximo Foro Mundial sobre la Educación, de cuatro días de duración, que se celebrará en Corea del Sur, país natal del secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon. Según la mayoría de las estimaciones, proporcionar educación secundaria universal costará a los donantes internacionales entre 22.000 y 50.000 millones de dólares adicionales al año, incluso después de que los países en desarrollo aumenten sus compromisos. Si no conseguimos recaudar ese dinero, es seguro que las esperanzas y aspiraciones de millones de niños se verán frustradas.
El Foro se centrará en cómo cerrar la brecha de financiación. Más adelante, el 7 de julio, la primera ministra noruega Erna Solberg y el ministro de Asuntos Exteriores Børge Brende convocarán una cumbre en Oslo con el objetivo de elevar el perfil de la educación entre las prioridades mundiales, revertir las tendencias negativas en la financiación e identificar formas de apoyar a los estudiantes de manera más eficaz. Otras conferencias, entre ellas la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo de Addis Abeba, el Congreso Mundial de la Internacional de la Educación, una asamblea pública #UpForSchool durante la Asamblea General de la ONU y el 28.º período de sesiones de la Conferencia General de la UNESCO, ofrecerán espacios para la acción y el debate.
Es apropiado que el primero de estos eventos tenga lugar en Corea del Sur y que Ban sea uno de los principales oradores. La historia personal de Ban ilustra la diferencia que la educación puede marcar al transformar una vida.
Criado en una Corea devastada por la guerra en la década de 1950, Ban cursó la enseñanza primaria —posible gracias a la ayuda de UNICEF— bajo un árbol. La UNESCO proporcionó los libros, que llevaban una inscripción que decía: «Los niños deben trabajar duro y, al hacerlo, saldarán su deuda con las Naciones Unidas». Nadie podría haber imaginado que uno de esos estudiantes saldaría su deuda convirtiéndose en secretario general y utilizando ese cargo para liderar una campaña, la Iniciativa Mundial La Educación ante Todo, con el fin de ofrecer a otros la oportunidad que él recibió.
La educación es fundamental para alcanzar todos los demás Objetivos de Desarrollo Sostenible; permite lograr avances en salud, empoderamiento de las mujeres, empleo y calidad de vida en general. El problema es que proporcionar un sistema educativo adecuado requiere al menos el 5 % del PIB de un país y, por lo general, alrededor del 20 % del gasto público. Pocos países en desarrollo han asumido un gasto de esta magnitud.
Por el momento, la ayuda externa será esencial. La capacidad de los países pobres para movilizar los recursos internos necesarios para ofrecer educación secundaria a todos tiene límites claros. La comunidad internacional debe ayudar a cubrir la diferencia recurriendo a fundaciones privadas, empresas, organizaciones benéficas y financiación mundial y nacional.
La causa de la educación aún carece de un gran filántropo como Bill Gates. Y, aunque la Alianza Mundial para la Educación recaudó más de 2.000 millones de dólares en su campaña de reposición de fondos, los programas de salud cuentan con más financiadores, como refleja, por ejemplo, el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, dotado con 12.000 millones de dólares. Solo recientemente Noruega ha asumido un papel de vanguardia al convertir la educación de todos los niños del mundo en una prioridad nacional.
Actualmente, la educación representa solo el 1 % de la ayuda humanitaria en situaciones de emergencia, a pesar de que millones de niños son refugiados que necesitan ayuda no solo durante días o semanas, sino a menudo durante años. Casi la mitad de la población infantil sin escolarizar —unos 28 millones de niños— reside ahora en países en conflicto, y millones están atrapados en campos de refugiados o ciudades de tiendas de campaña.
Entre las propuestas que se debaten en las reuniones de este año figuran la creación de un fondo para la educación durante las emergencias y de una plataforma de coordinación que ayude a canalizar recursos hacia lugares como Siria, donde el conflicto ha dejado a casi tres millones de niños sin escolarizar. Asimismo, en Nepal, 25.000 aulas necesitan urgentemente reconstrucción o rehabilitación para resistir los terremotos.
El esfuerzo por proporcionar ayuda humanitaria en situaciones de emergencia es solo una parte de la agenda de la educación mundial. Así como el Mecanismo Internacional de Financiación para la Inmunización proporciona mecanismos de financiación anticipada para la salud, ahora debemos considerar instrumentos de financiación innovadores, como los bonos de impacto social, que prometen no solo aumentar la matriculación, sino también mejorar la permanencia escolar y el aprendizaje de los estudiantes.
Hoy, los países más ricos del mundo gastan alrededor de 100.000 dólares en educar a un niño hasta los 16 años. En África subsahariana, en cambio, un niño medio de una familia pobre recibirá menos de cuatro años de educación, a un coste de 150 dólares al año, de los cuales solo 12 proceden de los países más ricos.
Nuestro objetivo a largo plazo debe ser garantizar que los ciudadanos de los países más pobres del mundo tengan no solo las mismas oportunidades educativas, sino también los mismos índices de logro educativo que sus homólogos de los países más ricos. Solo cuando esto se haya conseguido podremos decir que se ha ganado la lucha por el derecho a la educación y que hemos creado un mundo en el que todos los niños puedan hacer realidad sus esperanzas y aspiraciones.
Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Gordon Brown, ex primer ministro y ministro de Hacienda del Reino Unido, es enviado especial de las Naciones Unidas para la Educación Mundial.
Imagen: Estudiantes realizan un examen en el liceo francés Louis Pasteur. REUTERS/Vincent Kessle.

