Este artículo se publica en colaboración con The Conversation.
En los últimos 15 años, 68 millones de personas lograron acceder a un saneamiento mejorado en las zonas urbanas del África subsahariana. Se trata de un logro importante. Sin embargo, en el mismo periodo, la población urbana creció en un estimado de 167 millones. Esto deja a otros 99 millones de habitantes urbanos sin acceso a un saneamiento mejorado.
Desde el inicio de este siglo ha aumentado el número de personas sin acceso a un saneamiento mejorado en 42 de los 51 países africanos. Con el rápido ritmo de urbanización en el continente, esta cifra seguirá aumentando.
Esto significa que hay 99 millones – y en aumento – de habitantes urbanos que corren un mayor riesgo de diarrea y otras enfermedades transmitidas por el contacto con heces. La falta de saneamiento en estas zonas provoca alrededor de 50.000 muertes al año (suponiendo una urbanización del 40 %).
Los riesgos para la salud asociados a un saneamiento deficiente incluyen el retraso del crecimiento en los niños y la desnutrición. Esto, a su vez, repercute en el desarrollo cognitivo. Además, las enfermedades causadas por un saneamiento deficiente impiden que los niños acudan a la escuela y que los adultos vayan a trabajar. Se estima que el impacto económico de la falta de saneamiento alcanza hasta 80.000 millones de US$ anuales para África.
Se necesita un nuevo enfoque
Por desgracia, lo que deberían haber sido 15 años de inversión en saneamiento en el marco de los Objetivos de Desarrollo del Milenio u ODM no se ha materializado en el África subsahariana. El saneamiento no recibió inicialmente la atención que merecía. Como resultado, hubo menos inversión y el progreso mundial fue más lento.
Los nuevos objetivos han tratado de abordar este problema. La meta de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles es lograr un acceso adecuado y equitativo al saneamiento para todos para 2030.
Pero ¿cómo logrará el África urbana subsahariana alcanzar la meta de acceso universal al saneamiento si el progreso va en retroceso?
Una forma de hacerlo es pensar en las vías hacia el acceso universal, en lugar de centrarse solo en una meta de acceso universal. En los últimos 15 años, la atención se ha centrado en la meta. Y esta se ha fijado definiendo el acceso al saneamiento como “mejorado” o “no mejorado”. Estas dos categorías se han determinado en función del tipo de tecnología utilizada.
Los sistemas de saneamiento mejorado incluían aquellos que se consideran capaces de separar higiénicamente las excretas humanas del contacto humano, como los inodoros con cisterna y las letrinas de fosa con losas lavables. Sin embargo, solo se han considerado mejoradas las letrinas privadas, es decir, aquellas a las que accede un único hogar.
Por otro lado, el saneamiento compartido se ha considerado “no mejorado” y no proporciona una separación higiénica de las excretas humanas. Sin embargo, es uno de los ámbitos en los que más progreso se ha registrado durante el periodo de los ODM. En las zonas urbanas del África subsahariana, la población que utiliza saneamiento compartido se duplicó, pasando de 64 millones a 128 millones.
Desmontar los mitos sobre el saneamiento compartido
Los sistemas de saneamiento compartido son una opción práctica en los asentamientos informales, donde el espacio es limitado y la tenencia de la vivienda y de la comunidad es insegura. Asimismo, existe un volumen creciente de investigaciones que cuestiona la suposición de que el saneamiento compartido es antihigiénico en comparación con las letrinas privadas.
Una investigación sobre los baños compartidos en zonas urbanas de Kampala reveló que, si bien los hogares con letrinas privadas consideraban que sus baños estaban menos sucios, en realidad apenas había diferencias entre los baños privados y los compartidos cuando lo compartían menos de cuatro hogares.
Las investigaciones que analizan la presencia de bacterias arrojaron resultados similares. Una reciente investigación realizada en Tanzania demostró que los sistemas de saneamiento compartido presentaban significativamente menos bacterias E. coli en los lugares donde las personas tocan los inodoros con las manos que el saneamiento privado. De hecho, contrariamente a lo que preocupa sobre la higiene del saneamiento compartido, en su modelo de regresión, el hecho de compartir se consideró un factor protector frente a la contaminación por E. coli .
En los próximos meses se tomarán decisiones sobre los indicadores que se utilizarán para medir el avance hacia los ODS. El Joint Monitoring Programme for Water Supply and Sanitation ha recomendado mantener el saneamiento compartido como no mejorado, ya que considera que el peso de las pruebas no es suficiente para cambiar las prácticas.
La necesidad de un cambio de enfoque
Considero que debemos pasar de centrarnos únicamente en el acceso universal a incluir vías realistas que atiendan adecuadamente la creciente demanda.
El hecho es que el saneamiento compartido seguirá siendo una realidad en las ciudades africanas. Por tanto, debe considerarse parte de la transición hacia el acceso universal y, como tal, mantenerse en la agenda de investigación e implementación para apoyar esta transición.
Acepto que hay buenas razones para considerarlo solo como un acuerdo transitorio. La mayoría de las personas que han utilizado aseos públicos reconocerán sus deficiencias.
Las dos principales barreras para que el saneamiento compartido se considere adecuado en los asentamientos urbanos informales de África oriental eran la falta de privacidad y la imposibilidad de acceder las 24 horas del día, ya que los encargados cierran las puertas por la noche. Pero creo que podemos diseñar un saneamiento compartido mejor que satisfaga las necesidades de las crecientes poblaciones urbanas actuales y contribuya a ofrecer un entorno más saludable a la población urbana de África.
La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor/a: Katrina Charles es docente y responsable del curso de Ciencia, Política y Gestión del Agua en la Universidad de Oxford.
Imagen: Niños caminan por un callejón donde las aguas residuales corren libremente en Pikine, Senegal, 16 de octubre de 2015. En uno de los primeros proyectos de este tipo en África, el Gobierno de Senegal y las organizaciones benéficas están instalando nuevos inodoros que convierten los residuos en compost o descomponen la materia con lombrices, con el fin de reducir los riesgos para la salud. REUTERS/Makini Brice.

