¿Cómo se están adaptando las universidades a la globalización?

¿Cómo se están adaptando las universidades a la globalización?
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En los últimos años, la globalización ha provocado niveles de cambio sin precedentes en ámbitos que van desde la economía hasta el medio ambiente, desde la forma en que hacemos negocios hasta la manera en que interactuamos con los medios de comunicación.

A medida que se acelera el ritmo de la globalización y se amplía su impacto, las universidades también han empezado a cambiar: cada vez reciben más estudiantes de otros países, coordinan —aunque no siempre estandarizan— títulos y calendarios, y colaboran tanto en investigación como en docencia.

A pesar de estos esfuerzos, todavía no hay consenso sobre lo que la globalización acabará significando para la forma en que las universidades educan a los estudiantes, interactúan con sus pares, colaboran con socios gubernamentales y privados, y definen sus misiones fundamentales.

Las principales universidades estadounidenses cuentan con un número considerable de estudiantes extranjeros, ofrecen cada vez más cursos sobre una amplia variedad de temas internacionales, respaldan un amplio abanico de programas de estudios en el extranjero y colaboran en una gama creciente de investigaciones con socios extranjeros. Pero apenas hemos empezado a comprender el volumen y la velocidad de las conexiones globales, y estamos muy lejos de haber modificado lo suficiente nuestros contenidos y métodos para apoyar a los estudiantes en un mundo profundamente interdependiente.

Cuando los problemas que afectan a todo el planeta no reconocen las fronteras nacionales ni los límites que tradicionalmente han separado las disciplinas académicas, las universidades deben adaptarse.

Ninguna universidad puede afrontar estos desafíos por sí sola. El progreso significativo depende de la formación de una nueva alianza global de socios académicos y del sector privado que cuenten colectivamente con los medios para realizar la investigación multidisciplinaria necesaria; el deseo de desarrollar nuevas formas de traducir rápidamente los descubrimientos en bienes y servicios beneficiosos; y la capacidad de educar, formar y emplear a una nueva generación de líderes, pensadores y científicos. También requerirá una colaboración intelectual a una escala nueva.

Un nuevo modelo para las universidades

Por eso hemos decidido dar un vuelco al modelo de compromiso global utilizado por las universidades estadounidenses. En lugar de establecer un campus internacional en el extranjero, Berkeley va a construir en su propio territorio un Berkeley Global Campus (BGC), a menos de 10 millas del campus principal. En el BGC, algunas de las universidades y empresas de alta tecnología más destacadas del mundo trabajarán codo con codo en un entorno universitario.

Además de su misión de investigación, el BGC contará con un sólido componente educativo, centrado en un Global College for Advanced Study. El plan de estudios del Global College proporcionará a estudiantes de posgrado internacionales y nacionales las herramientas para abordar los desafíos globales mediante un currículo centrado en la gobernanza global, la ética, la economía política y las relaciones culturales e internacionales.

Un campus global situado aquí, en el Área de la Bahía, ofrece ventajas importantes frente al modelo de campus en el extranjero. No solo podemos ofrecer un puerto seguro al respaldar la libertad académica, la transparencia, distintas formas de activismo y participación política, y la protección de la propiedad intelectual; también podemos globalizar en un contexto que genere un impacto local inmediato. Al desarrollar nuevos planes de estudio, preguntas de investigación y protocolos de colaboración, podremos observar cómo estas innovaciones pueden desestabilizar y transformar algunas de las estructuras básicas de nuestra propia universidad, que han demostrado ser muy resistentes al cambio.

El BGC es más que un campus nuevo; también servirá como centro físico de una incipiente «alianza estelar» de universidades globales de primer nivel. La idea de que debemos construir un nuevo sistema global de universidades es, en cierto nivel, una respuesta básica al reconocimiento de que los desafíos y oportunidades más importantes a los que se enfrenta la humanidad tienen ahora una escala global. En última instancia, nuestra interdependencia global no es solo un resultado contingente de nuevas formas de transporte y comunicación, sino también una oportunidad para alcanzar nuevos niveles de comprensión, reconocimiento y conocimiento mutuos. Afrontar con éxito los desafíos globales exige una colaboración que vaya más allá del ámbito gubernamental y llegue a las instituciones de educación superior, capaces de movilizar recursos intelectuales innovadores para desarrollar soluciones y estrategias.

Sin embargo, hay mucho más: las universidades son a la vez algunas de nuestras instituciones más confiables y más cosmopolitas, lo que las convierte en vehículos ideales para desarrollar y compartir ideas, valores, proyectos y productos globales. Si hacemos de estas aspiraciones el eje de nuestras colaboraciones, podremos trabajar a nuestra vez con gobiernos, empresas, sociedades y grupos de interés, y aprender a confiar y depender unos de otros. Esto también nos daría esperanza en un futuro en el que el conocimiento pueda ser progresista en lugar de peligroso, fundamental para la apertura, el progreso, la paz y una sociedad global mejor, y no un arma de los poderosos y los dominantes. De este modo, un consorcio global de universidades estrechamente interconectadas puede servir de modelo a gobiernos, industrias y sociedades sobre cómo confiar y colaborar.

Universidades al servicio del bien público

Lo que está en juego no podría ser más importante: si los desafíos a los que nos enfrentamos tienen una escala global y trascienden tanto las fronteras nacionales como los límites académicos tradicionales, debemos adaptar en consecuencia nuestra investigación y enseñanza. Estoy convencido de que contamos con el compromiso institucional necesario para proporcionar a nuestros estudiantes las herramientas intelectuales y la formación moral que necesitan para pensar y actuar más allá de los estrechos parámetros del interés propio o de las concepciones del bien limitadas al ámbito privado. Y aunque durante muchos años el espíritu público que sustenta las grandes universidades públicas estadounidenses se orientó principalmente a cuestiones e intereses nacionales, debemos desarrollar la voluntad y la capacidad de traducir y ampliar nuestra concepción del bien público para esta nueva era global.

Este nuevo modelo institucional está imbuido de un firme compromiso con el bien público y de la convicción de que el público es global. En los últimos meses, se han intensificado las batallas políticas en California en torno a la financiación de la educación superior pública, mientras continúa la retirada de inversiones del estado, lo que amenaza con socavar la preeminencia y las contribuciones sociales del principal sistema de educación superior pública de Estados Unidos. Para nosotros, estos debates han dejado claro que el futuro de las universidades y su papel en la promoción del bien común dependerán de una gama más amplia y una composición distinta de las alianzas. Ha llegado el momento de que el sector privado dé un paso al frente y apoye la educación superior pública de una manera acorde con los beneficios que obtiene gracias a la investigación que llevamos a cabo y a los futuros líderes que formamos.

Autor: Nicholas Dirks es rector de la Universidad de California, Berkeley

Imagen: El estudiante de primer año de Derecho Christopher Healy estudia en la Biblioteca Doe de la Universidad de California en Berkeley, en Berkeley, California, el 12 de mayo de 2014. REUTERS/Noah Berger

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