Las hormonas de la pubertad podrían dificultar algunos aspectos del aprendizaje flexible propio de la juventud, según sugiere un estudio con ratonas.
«Hemos descubierto que el inicio de la pubertad activa algo parecido a un “interruptor” en la corteza frontal del cerebro, que puede reducir la flexibilidad en algunas formas de aprendizaje», afirma la autora principal del estudio, Linda Wilbrecht, profesora asociada de Psicología y Neurociencia en la Universidad de California, Berkeley.
Aunque el estudio se realizó con ratonas jóvenes, los hallazgos, publicados en la revista Current Biology, podrían tener amplias repercusiones educativas y sanitarias para las niñas, muchas de las cuales entran en la primera etapa de la pubertad a los siete u ocho años.
«En los entornos urbanos actuales, la pubertad comienza cada vez más temprano en las niñas —debido a factores como el estrés y la epidemia de obesidad— y se ha asociado con peores resultados escolares y de salud mental», afirma Wilbrecht.
Los investigadores descubrieron cambios significativos en la comunicación neuronal de las cortezas frontales de las ratonas tras exponerlas a hormonas puberales. Los cambios se produjeron en una región del lóbulo frontal asociada con el aprendizaje, la atención y la regulación de la conducta.
«Que sepamos, este estudio es el primero en demostrar cambios en la neurotransmisión cortical debidos a las hormonas de la pubertad», afirma el autor principal, David Piekarski, investigador posdoctoral en el laboratorio de Wilbrecht.
En general, se ha observado que los niños tienen mayor flexibilidad cerebral o «plasticidad» que los adultos, lo que les permite dominar con más facilidad varios idiomas y otras materias escolares básicas.
Aunque siguen aprendiendo después de la pubertad, durante la adolescencia su atención cognitiva suele reorientarse hacia las relaciones con sus pares y un aprendizaje más social. Si los cambios hormonales comienzan ya en segundo o tercer grado, cuando los niños deben aprender habilidades básicas, un cambio en el funcionamiento cerebral podría ser problemático, afirma Wilbrecht.
«Deberíamos reflexionar más sobre cómo armonizar lo que sabemos de biología y educación para tener en cuenta que el cerebro de muchas niñas está pasando a esta fase adolescente antes de lo previsto».
Para el estudio, los investigadores indujeron la pubertad en algunas ratonas jóvenes inyectándoles hormonas puberales, como estradiol y progesterona, y la bloquearon en otras extirpándoles los ovarios.
Al medir la actividad eléctrica de las células cerebrales en las cortezas frontales de ratonas pospuberales, observaron cambios significativos en la actividad sináptica que, según se cree, regula la plasticidad cerebral.
También compararon las estrategias de aprendizaje de orden superior de ratonas prepúberes y pospuberales, poniendo a prueba su capacidad para encontrar cereales Cheerios escondidos en cuencos con virutas de madera aromatizadas con regaliz, clavo, tomillo o limón.
Cuando cada ratona descubría qué aroma estaba asociado con el Cheerio, los investigadores cambiaban esa asociación para que tuviera que adaptarse al cambio mediante ensayo y error y aprender la nueva regla.
En general, a las ratonas pospuberales les costó más adaptarse a los cambios de reglas que a sus congéneres prepúberes.
«Estos datos demuestran que la pubertad en sí, y no solo la edad, influye en la maduración de la corteza frontal», señala el estudio, que añade que será necesario investigar a los machos para determinar si los resultados actuales también se aplican al cerebro masculino.

