El otoño pasado dejé a mi hija mayor, Zoë, en la universidad. Cualquier padre que haya vivido ese momento sabe que es una mezcla única de tristeza, orgullo y asombro. ¿Hice todo lo que podía para prepararla? ¿Está preparada social, emocional y académicamente? La semana pasada, mientras nuestra familia viajaba junta durante las vacaciones de primavera, supe que le va bien, aunque tuvo que hacer algunos ajustes a la vida universitaria. ¿Y yo? Sigo adaptándome, pero ahora más que nunca me entusiasman su futuro y la gran aventura que ha emprendido.
Mis dos hijas tienen la suerte de asistir a excelentes escuelas públicas y han construido sólidas bases académicas. A pesar de todo eso, seguía preocupándome cómo sería la transición de Zoë de la escuela secundaria a la universidad, como le preocuparía a cualquier padre. Imaginemos, entonces, cuán grande puede ser la preocupación de un padre cuando la escuela de su hijo no tiene un alto rendimiento, y este no ha tenido acceso a clases exigentes en la secundaria ni a una amplia variedad de cursos. A menudo pienso en cuánto podrían agravarse esas preocupaciones para padres que no fueron a la universidad.
La preocupación de los padres por si sus hijos lograrán desenvolverse con éxito en la transición de la escuela secundaria a la educación superior es real y tangible. Las investigaciones muestran que esta transición suele ser difícil para los estudiantes en muchos aspectos y que se trata verdaderamente de un problema sistémico. El camino actual hace que demasiados estudiantes tengan que ponerse al día con sus compañeros.
Queremos, por ejemplo, que todos los estudiantes que terminan Inglés de 12.º grado estén preparados para cursar Inglés 101 en una universidad. Hoy, con demasiada frecuencia, no es así. Los estudios muestran que entre el 28 y el 40 por ciento de los estudiantes universitarios de primer ingreso se matriculan en al menos un curso de nivelación. En los colegios comunitarios, por sí solos, varios estudios han concluido que más de la mitad necesita cursos de nivelación para poder realizar trabajos de nivel universitario. Quiero dedicar unos comentarios a ese tema.
Históricamente, nuestro trabajo en Estados Unidos en la Fundación Bill y Melinda Gates se ha centrado en la preparación para la universidad y la educación superior. En la educación primaria y secundaria, hemos dado prioridad al apoyo a los docentes y a su profunda conexión con los estudiantes, así como a los estándares exigentes. En la educación superior, hemos investigado y apoyado programas que dejan claro qué reciben los estudiantes a cambio de su dinero y les ofrecen itinerarios guiados, aprendizaje personalizado y asesoramiento facilitado por la tecnología. Ahora estamos prestando nueva atención a una línea de trabajo interconectada: tender puentes entre la educación primaria y secundaria y la educación superior para garantizar que los estudiantes puedan hacer una transición fluida.
La fundación financia iniciativas para apoyar el diálogo entre el profesorado de secundaria y el de educación postsecundaria, a fin de que puedan comprender mejor el trabajo de los demás y determinar si también es posible armonizar mejor sus expectativas respecto de los estudiantes y los estándares.
A través de nuestras alianzas, también avanzamos hacia un entendimiento común de lo que significa estar preparado para la universidad y el mundo laboral. Una definición compartida abre la puerta para que los distritos y las escuelas adopten políticas que creen apoyos para los estudiantes con dificultades y aceleren el aprendizaje de quienes están preparados para la educación superior mediante cursos AP, matrícula dual, entre otras opciones.
A muchos estudiantes también les falta la información y la orientación esenciales que necesitan para planificar su propia transición. ¿Saben qué cursos deben tomar en la secundaria y en la universidad para alcanzar sus sueños? ¿Entienden el SAT y el ACT? ¿Saben cómo completar la FAFSA? El proceso suele ser confuso y poco claro tanto para los estudiantes como para sus familias. Seguimos escuchando a los estudiantes acerca de los apoyos que necesitan para lograr una transición exitosa y de cómo pueden encontrar y usar la información.
Los estándares y las expectativas compartidos, la información clara y accesible y los apoyos personalizados pueden ayudar a cerrar la brecha entre la educación primaria y secundaria y la educación superior para más estudiantes. En última instancia, todos los padres, ya sea que dejen a sus hijos en la universidad o el primer día de preescolar, quieren que sus hijos tengan éxito. Trabajamos para garantizar que esa oportunidad esté al alcance de todos los niños —los suyos y los míos—, independientemente de su código postal, de la escuela a la que asistan o de la situación económica de su familia. Seguiremos explorando este ámbito, y espero que se sumen a la conversación dejando abajo sus valiosos comentarios e ideas.
Este artículo se publica en colaboración con la Fundación Bill y Melinda Gates. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Gavin Payne, director de Políticas y Promoción del Programa de Estados Unidos, lidera el equipo responsable de desarrollar y ejecutar estrategias de participación para apoyar la ampliación y sostenibilidad del trabajo de la fundación en favor de una educación primaria y secundaria que prepare para la universidad y del éxito en la educación postsecundaria.
Imagen: Perfil de estudiantes que toman asiento para la ceremonia de entrega de diplomas en la Universidad de Harvard, en Cambridge. REUTERS/Brian Snyder.

