Los educadores ansían creatividad, los estudiantes anhelan lecciones pertinentes y los empleadores quieren que los graduados estén mejor preparados cuando llamen a la puerta del mercado laboral. A primera vista, parece poco realista lograr tanto en el contexto actual.
Pero, sobre el terreno, la conversación global sobre innovación en la educación es mucho más intensa y el deseo de deshacerse del anticuado sistema educativo nunca ha sido tan fuerte. De hecho, en 2014 la educación fue uno de los sectores más innovadores de Estados Unidos, con una financiación de capital riesgo y capital para empresas de tecnología educativa que se disparó hasta casi 1.870 millones de dólares (fuente: The New York Times).
En 2012, los MOOC sacudieron el mundo. De Chicago a Chengdu, en China, el público en general pensó que la innovación en la educación por fin había despegado. En efecto, la disrupción digital en general ha dado lugar a los MOOC, a portales como Khan Academy y a modelos de aprendizaje como el aprendizaje semipresencial y las aulas invertidas. Sin embargo, unos meses después, una fuerte oleada de críticas contra estos modelos innovadores emergentes llevó a la gente a creer que la innovación en la educación había muerto. ¡Caso cerrado!
Pero ¿son los MOOC y los dispositivos móviles soluciones independientes a los problemas que afronta la educación? ¿Depende el futuro de la educación exclusivamente de la tecnología?
No lo creo.
El futuro de la educación está en las bases, en manos de miles de educadores, emprendedores sociales, investigadores y expertos que trabajan sin descanso para construir un sistema educativo sostenible y significativo para todos. Por ejemplo, los jóvenes agentes de cambio incluidos en la lista de este año de Forbes 30 under 30 han contribuido de forma notable a transformar el sector educativo.
Entonces, ¿en qué consistirá la innovación en los próximos años? En qué aprendemos y cómo aprendemos y ponemos en práctica todo lo aprendido en nuestra vida cotidiana. La innovación consistirá en diseñar un nuevo currículo que responda a las «necesidades del mundo real», renovar el diseño de las clases para mejorar la interacción y la colaboración, reinventar el papel del docente en las aulas del futuro, aprovechar los macrodatos y la inteligencia artificial para mejorar los resultados del aprendizaje, y seguir avanzando en neurociencia para entender qué ocurre en el cerebro cuando aprendemos.
En todo el mundo, iniciativas tanto públicas como privadas han logrado avances sustanciales para reinventar la forma en que accedemos al aprendizaje, enseñamos y aprendemos. En el Reino Unido, Studio Schools están abriendo camino con un nuevo enfoque audaz del aprendizaje. Allí, los niños trabajan en proyectos que son «reales». En Estados Unidos, High Tech High se basa en el aprendizaje por proyectos. Allí, los docentes diseñan el currículo en lugar de limitarse a impartirlo.
En zonas remotas de Bangladesh, las escuelas flotantes alimentadas con energía solar permiten a los niños acceder al aprendizaje en medio de inundaciones crónicas. Otro ejemplo en la vecina India es la Riverside School , donde los niños se hacen cargo de los problemas locales y educan a los ciudadanos, ¡incluidos sus propios padres! Las escuelas privadas de bajo costo, como PEAS y Bridge Academy, atienden a las comunidades pobres de muchos países en desarrollo de todo el mundo.
La lista de ejemplos es interminable, al igual que las ideas innovadoras que brotan continuamente en la mente de los «impulsores y creadores» de la educación de todo el mundo.
Entonces, ¿ha estallado la burbuja de la tecnología educativa? Quizá… ¿Ha estallado la burbuja de la «innovación en la educación»? Todavía no. Los vientos de cambio apenas empiezan a cobrar fuerza.
Publicado en colaboración con WISE. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Sebastien Turbot es el director de contenidos y curador de la World Innovation Summit for Education, una iniciativa de Qatar Foundation
Imagen: Perfil de estudiantes que toman asiento para la ceremonia de entrega de diplomas en la Universidad de Harvard, en Cambridge. REUTERS/Brian Snyder.

