Los Rankings Universitarios Mundiales han estado durante mucho tiempo dominados por instituciones del Reino Unido y Estados Unidos, que juntos ocupan la mitad de las 100 primeras posiciones.
Desde 2018, ha aumentado significativamente el número de universidades de economías emergentes que figuran en la lista.
Se trata de una buena noticia para la equidad global, ya que significa ampliar la base de las contribuciones intelectuales para resolver los apremiantes problemas globales.
El sector de la educación superior se caracteriza por desigualdades marcadas, al igual que muchos otros sectores de nuestro mundo profundamente desigual. La dotación de la Universidad de Harvard, por ejemplo, de 50.000 millones de dólares, es superior a todo el presupuesto nacional de investigación y desarrollo de Brasil. Según el Times Higher Education Rankings Universitarios Mundiales, las diez primeras universidades del mundo tienen su sede en solo dos países: Estados Unidos y el Reino Unido, que juntos también ocupan la mitad de las 100 primeras posiciones.
Si profundizamos en las 200 primeras posiciones del mundo, más de una cuarta parte de todas las instituciones, 57, son de Estados Unidos. Con 28 puestos para el Reino Unido y 22 para Alemania, estas tres potencias económicas occidentales por sí solas ocupan más de la mitad de los puestos disponibles. Los países clasificados como «economías emergentes» por el FTSE Group de la Bolsa de Londres representan solo el 7 por ciento de la lista de las 200 primeras del mundo. El dominio de las universidades de élite occidentales en la cúspide de los rankings sigue siendo persistente.
Sin embargo, en los últimos años se ha producido un cambio significativo y estimulante. Los datos de los rankings mundiales muestran que se está produciendo una gran nivelación global en la educación superior y la investigación. Simon Marginson, catedrático de educación superior internacional de la Universidad de Oxford, afirma que se trata de una excelente noticia para el mundo, ya que nos proporciona más creatividad, más diversa, y una mejor oportunidad de «resolver los apremiantes problemas globales de la civilización industrial».

El cambio más llamativo ha sido el auge de China – dos de sus universidades, Tsinghua y Pekín, entraron en el top 20 mundial en la edición 2022 de los World University Rankings, y diez llegaron a las 200 primeras, frente a solo dos hace menos de una década. Pero la nivelación va mucho más allá de China, y las economías emergentes en su conjunto están avanzando notablemente.
Los Rankings Universitarios Mundiales de Times Higher Education examinan más de 14,4 millones de publicaciones de investigación y recogen las opiniones de más de 20.000 académicos de todo el mundo, utilizando 13 indicadores de rendimiento. Los rankings se han ampliado rápidamente en los últimos años, ya que las universidades de todo el mundo se ofrecen voluntariamente a unirse al sistema global de evaluación comparativa de datos, porque ofrece indicadores internacionales de rendimiento rigurosos y comparables para seguir el progreso, así como una plataforma poderosa para que las instituciones obtengan visibilidad global. Los rankings cuentan con el respaldo de gobiernos que han reconocido el poder de las universidades con competitividad internacional para impulsar nuevos conocimientos y economías basadas en las competencias.
Pero la expansión de los rankings no solo ha supuesto un aumento significativo del número de universidades de economías emergentes que acceden a esta prestigiosa lista, sino que también ha incrementado su proporción de puestos. En 2018, las universidades de economías emergentes representaban el 33,8 por ciento de las 1.103 universidades incluidas en los Rankings Universitarios Mundiales. En la edición 2022, representaban el 42,0 por ciento de las 1.662 universidades clasificadas.
Y, mientras aumentan su proporción de puestos en la lista, también están subiendo posiciones dentro de ella. En Arabia Saudí, por ejemplo, la Universidad King Abudulaziz entró en el top 200 mundial este año, mientras que su vecina, la Universidad de Qatar, ha pasado de estar fuera del top 600 en 2016 a estar dentro del top 350 en 2022.
De hecho, el análisis de las últimas cinco ediciones anuales de los rankings —desde la edición 2018 hasta la de 2022— muestra que, si bien las universidades de economías emergentes solo aumentaron marginalmente su presencia en el selecto top 200, pasando del 5 por ciento en 2018 al 7 por ciento en 2022, sus posiciones dentro del top 200 mejoraron notablemente: subieron una media de 83 puestos.

Si bajamos en la tabla, más allá de las 200 primeras, se observa un patrón similar. Al analizar las 500 primeras, las economías emergentes aumentaron su representación del 10 por ciento en 2018 al 15 por ciento en 2022, con una posición media en el ranking que subió 111 puestos.
“Es bueno para todos —dijo Margison sobre los datos—. No significa que la educación superior y la ciencia en el mundo euroamericano, hasta ahora dominante, se hayan debilitado; de hecho, por lo que alcanzo a ver, se están fortaleciendo, especialmente en Europa Occidental. Significa más bien que la capacidad se distribuye de forma más amplia, lo que nos lleva a la era poscolonial en gran parte del mundo.
“Las poblaciones están cada vez más y mejor educadas, y el margen para la investigación original y la innovación basada en la investigación también se distribuye ampliamente. Esto significa más comprensión y creatividad, y más diversa. Significa ampliar la base de las contribuciones intelectuales para resolver los apremiantes problemas globales de la civilización industrial. Al fin y al cabo, estos problemas se originaron en gran medida en el mundo euroamericano, lo que hace menos probable que el mundo euroamericano por sí solo pueda resolverlos, así que ‘cuantos más, mejor’.”

