El desarrollo de competencias es fundamental para prepararse para el trabajo del futuro, incluso para empleos que aún no existen. Un niño que no sabe leer, escribir o realizar con soltura al menos operaciones matemáticas sencillas estará, por supuesto, poco preparado como adulto para destacar en las industrias del futuro impulsadas por la tecnología.
La semana que viene, dos grupos muy distintos —pero poderosos— debatirán cómo la crisis mundial del aprendizaje es, en realidad, una crisis de competencias que amenaza las perspectivas de las generaciones actuales y futuras. En Ginebra, durante la Cumbre Anual de Global Shapers, unos 400 «agentes de cambio» menores de 30 años intercambiarán ideas para atender las necesidades de sus comunidades mientras buscan tener un impacto mundial. Apenas unos días después, los ministros de Educación de los países del G20 se reunirán en Mendoza, donde la pregunta que todos se harán será: ¿cómo preparamos a nuestros niños y jóvenes para el futuro?
Los empleos del futuro exigirán que los estudiantes tengan sólidas habilidades cognitivas en matemáticas y lectoescritura, además de competencias interpersonales, como la resolución de problemas y el pensamiento creativo, que les permitan adaptarse a un entorno que cambia rápidamente. Sin embargo, millones de niños no están adquiriendo estas competencias, ya sea porque nunca empezaron la escuela, porque la abandonaron o porque su escuela no ofrece una educación de calidad.
Estamos en medio de una crisis mundial del aprendizaje: 617 millones de niños y adolescentes no dominan la lectura ni las matemáticas, según datos del Instituto de Estadística de la UNESCO (UIS). Los datos muestran que dos tercios de los niños que no están aprendiendo sí están escolarizados, o lo estuvieron, pero abandonaron la escuela.
La crisis del aprendizaje no solo resulta alarmante desde el punto de vista de la economía nacional; también amenaza la capacidad de las personas para salir de la pobreza gracias a mejores oportunidades de ingresos. Cada año adicional de escolarización puede mejorar las perspectivas laborales de una persona y aumentar sus ingresos entre un 10 y un 20 %, si adquiere las competencias necesarias. También es más probable que las personas con educación tomen mejores decisiones, como vacunar a sus hijos, y que las madres con educación envíen a sus propios hijos a la escuela. En pocas palabras, la crisis del aprendizaje supone un enorme desperdicio de talento y potencial humano.
La crisis del aprendizaje es mundial, pero se concentra en las regiones de bajos ingresos
La crisis del aprendizaje afecta a niños y adolescentes de todos los continentes. De los 617 millones de niños y adolescentes que no están aprendiendo, casi la mitad vive en países del G20, estima el UIS en un nuevo informe.

Al desglosar los datos por región, se observa que Asia central y meridional y África subsahariana soportan el mayor peso de la crisis del aprendizaje. Cerca del 80 % de los adolescentes escolarizados (de entre 12 y 14 años, aproximadamente) no puede leer al nivel mínimo de competencia.
Al prepararse para la vida y el mercado laboral, estos jóvenes adolescentes están claramente en desventaja frente a sus pares que pueden adquirir estas competencias en la escuela. Sus países también sufren una enorme pérdida de talento joven, que estará mal preparado para afrontar los desafíos que plantean los cambios tecnológicos en ámbitos como la robótica y la inteligencia artificial.
Pero la crisis del aprendizaje no afecta únicamente a las personas pobres. También repercute en regiones más prósperas, como América del Norte y Europa. Una proporción considerable de los adolescentes escolarizados (casi el 20 %) carece de las competencias básicas necesarias para progresar.
Los jóvenes sin educación primaria tienen más probabilidades de estar desempleados
Entonces, ¿qué significa esto para nosotros? Consideremos la proporción de jóvenes de 15 a 24 años que no estudian, no trabajan ni reciben formación (NEET). Como cabría esperar, entre los jóvenes en esta situación hay más personas con menos de educación primaria que entre quienes han seguido estudiando o trabajan.
Sin embargo, los datos también muestran que en casi un tercio de los países del G20, entre el 10 y el 15 % de los jóvenes que no estudian ni trabajan han completado estudios universitarios o equivalentes. Es posible que los mercados laborales tampoco puedan absorber a los graduados universitarios, pero hacen falta más investigaciones.
La crisis del aprendizaje merma gravemente la capacidad de los países y de quienes buscan empleo para aprovechar los beneficios del cambio tecnológico. Mientras los ministros de Educación del G20 se reúnen la semana que viene, los datos del UIS destacan tres conclusiones clave sobre la crisis del aprendizaje:
- La falta de acceso a la escuela significa que hay niños que nunca tendrán la oportunidad de adquirir las competencias fundamentales derivadas de la lectoescritura y la aritmética.
- Las escuelas no consiguen retener a los niños que se matriculan, lo que provoca altas tasas de abandono y un aprendizaje insuficiente.
- La baja calidad de la educación y de las prácticas en el aula está dejando a millones de niños y adolescentes sin las competencias necesarias para competir en la economía mundial.
El papel de la educación en el desarrollo de competencias es especialmente pertinente hoy. Los gobiernos de todo el mundo ya están examinando detenidamente este tema como parte de sus compromisos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El objetivo de educación (ODS 4) incluye diversas metas, como la igualdad de acceso a la formación profesional y universitaria, así como una educación primaria y secundaria gratuita y universal.
Para alcanzar estos objetivos y garantizar que todos los niños aprendan, necesitamos invertir de forma significativa en millones de niños y adolescentes de todo el mundo. Merecen la oportunidad de desarrollar sus propios talentos para poder ayudarse a sí mismos y contribuir al bienestar de sus familias y comunidades.

