La semana pasada se celebraron manifestaciones en todo el mundo para conmemorar el centésimo día del secuestro de más de 200 escolares nigerianas por parte del grupo extremista islamista Boko Haram. Desde su secuestro en abril, la indignación mundial no ha disminuido; por el contrario, ha impulsado un movimiento mundial para defender los derechos básicos de todas las niñas.
Activistas de organizaciones que luchan contra el matrimonio infantil, la trata de niños y el trabajo infantil, así como de organizaciones que exigen el derecho de los niños a asistir a la escuela, libres de intimidación, se han unido para demostrar la fuerza de la opinión pública mundial a favor de la educación universal y de un mundo libre de esclavitud infantil.
Pero lo de mayor trascendencia a largo plazo es que las propias niñas exigen que se tomen en serio sus derechos. Las niñas se han movilizado en Bangladés, donde crece el movimiento para establecer zonas libres de matrimonio infantil; en la India, donde Global March Against Child Labour se puso en marcha; y en África, donde se están creando clubes de protección infantil en casi todos los países.
La primera exigencia es que las niñas nigerianas regresen sanas y salvas a sus hogares y que las escuelas de Nigeria sean más seguras y estén mejor protegidas frente a las amenazas de Boko Haram (cuyo nombre significa “la educación occidental es un pecado”). Francia, el Reino Unido, Estados Unidos, China e Israel han intensificado su apoyo militar y técnico, incluido el reciente suministro de helicópteros y equipos de visión nocturna para la guerra en la selva con el fin de combatir al grupo, cuya campaña de terror ha causado 5.000 muertes en los últimos cinco años.
Solo en Nigeria, seis millones de niñas no asisten a la escuela; en todo el mundo, diez millones de niñas se convierten cada año en novias infantiles, y siete millones de niñas en edad escolar son trabajadoras a tiempo completo.
Ya no podemos dar por sentado un progreso constante, aunque accidentado, hacia la defensa de los derechos de las niñas. Los legisladores iraquíes están considerando reducir la edad para el matrimonio infantil a nueve años. El Council of Islamic Ideology de Pakistán pide que se supriman todos los límites de edad para contraer matrimonio. Y la India ha desaprovechado otra oportunidad de prohibir el trabajo infantil.
La creciente indignación de los adolescentes ante el matrimonio infantil y el trabajo infantil aún no es tendencia en Twitter ni en Facebook. Y la zona libre de matrimonio infantil de la región de Nilphamari en Bangladés, los grupos de empoderamiento infantil de los distritos de Dompu y Grobogan en Indonesia, los clubes por los derechos de la infancia en Uganda y la organización india Bachpan Bachao Andolan, que combate la esclavitud infantil, pueden no ser nombres conocidos para el público general. Pero la enorme brecha entre lo que las niñas exigen y las oportunidades que se les ofrecen está alimentando una lucha por la liberación dirigida por las propias niñas.
El mes pasado, con motivo del “Día del Niño Africano”, miles de jóvenes marcharon por las calles de Adís Abeba, Etiopía, y tomaron los parlamentos de más de 20 países africanos y asiáticos para exigir educación universal para las niñas. El 23 de julio, las niñas salieron a las calles en Pakistán, dirigidas por Baela Raza Jamil, de Idara-e-Taleem-o-Aagahi, que hace campaña por lo que las escolares nigerianas han perdido: el derecho a la educación.
En la India, las vigilias en solidaridad con las niñas de Chibok fueron dirigidas por Bachpan Bachao Andolan, que cada día rescata a niños de la trata y del trabajo esclavo. Girls Not Brides se movilizó en 45 países, recordando a sus 145 organizaciones hermanas de todo el mundo que muchas de las niñas de Chibok correrán la misma suerte que las niñas que pretenden proteger.
Cada vez más, los jóvenes de todo el mundo ven la conexión entre los secuestros en Nigeria, la violación y el asesinato de jóvenes en la India, los llamados “crímenes de honor” contra niñas paquistaníes que se casan en contra de los deseos de sus familias, la mutilación genital de niñas en toda África y la trata infantil para trabajos a tiempo completo, a menudo en condiciones de esclavitud.
Siete décadas después de que las Naciones Unidas adoptaran la Declaración Universal de Derechos Humanos, los derechos de las niñas aún no se toman en serio; por ello, las niñas están actuando para hacerse oír. Y, lenta pero firmemente, los incipientes movimientos locales por los derechos civiles se están uniendo a líderes mundiales: Girls Not Brides, Walk Free, y A World at School como parte de una coalición de emergencia para eliminar el trabajo infantil, el matrimonio infantil y la discriminación educativa contra las niñas. El calendario para lograrlo se presentará en la Asamblea General de la ONU en septiembre, en presencia del Secretario General Ban Ki-moon.
Las niñas deberían poder estudiar en un aula, libres de temor y sin necesidad de manifestarse en las calles. Este es un derecho básico; garantizar su respeto no puede llegar lo bastante pronto.
Publicado en colaboración con Project Syndicate. Autor: Gordon Brown, exprimer ministro y Chancellor of the Exchequer del Reino Unido, es Enviado Especial de las Naciones Unidas para la Educación Mundial. Imagen: Niñas en la escuela de Maiduguri, Nigeria, 24 de mayo de 2014. REUTERS/Joe Penney

