¿Cómo afecta la composición por sexos del aula al rendimiento?

A graduating student waits to cross the street before Commencement Exercises at the Massachusetts Institute of Technology (MIT) in Cambridge, Massachusetts, U.S., June 7, 2019. REUTERS/Brian Snyder - RC15B2D28AF0
What role does gender play in educational performance?Image: REUTERS/Brian Snyder
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¿Cómo afecta la presencia de compañeros de alto rendimiento a los resultados a largo plazo de sus compañeros de clase? ¿Desempeña el género algún papel? La mayor parte de la bibliografía se ha ocupado de estas cuestiones por separado. Una línea de investigación se ha centrado en cómo la composición de género de una clase, curso, grupo o equipo afecta a un resultado, mientras que otra ha explorado los efectos de la capacidad de los compañeros (véase Sacerdote, 2014, para una revisión exhaustiva de estas literaturas). Estudios experimentales recientes sugieren que el rendimiento competitivo de las mujeres (por ejemplo, la decisión de participar en un torneo) se ve afectado por la composición de género del equipo o de la competición. Por ejemplo, las mujeres tienen más probabilidades de competir cuando sus posibles rivales son mujeres (Niederle et al., 2013), y la creencia de una mujer sobre la probabilidad de haber respondido correctamente a una pregunta de un campo se ve afectada por el estereotipo de dicho campo (por ejemplo, matemáticas frente a inglés), especialmente si su compañero de equipo es hombre (Bordalo et al., 2018).

En nuestro reciente artículo (Cools et al., 2019), nos preguntamos si existen consecuencias a largo plazo de asistir a un instituto con un número mayor o menor de alumnos y alumnas «de alto rendimiento». Nos interesa especialmente analizar los efectos educativos a largo plazo de esta exposición. Para ello, utilizamos datos de una cohorte reciente de estudiantes de secundaria en Estados Unidos procedentes de la Encuesta Nacional Longitudinal sobre Salud del Adolescente (Add Health). Add Health se diseñó para que los investigadores pudieran estudiar el impacto del entorno social (factores como amigos, familia, centro educativo y barrio) en el comportamiento de los adolescentes. Se han recopilado datos de estudiantes de los cursos 7.º a 12.º de una muestra representativa a escala nacional de unos 130 centros privados y públicos en 1994-95, con encuestas de seguimiento a un subgrupo seleccionado aleatoriamente de estudiantes de cada curso en los años siguientes. La última oleada (2008) contiene información sobre el nivel educativo alcanzado y otros resultados cuando las personas tenían entre 26 y 32 años.

La evaluación de un efecto causal de la exposición de los estudiantes a alumnos de alto rendimiento requiere una medida del rendimiento que se determine antes de las interacciones que se producen en el centro educativo (ya que, por ejemplo, un estudiante con gran capacidad puede llevar a otros a estudiar más, generando una correlación entre el rendimiento propio y el de los compañeros). Dado que las medidas del rendimiento de un estudiante, como la nota media (GPA), están muy correlacionadas con el nivel educativo de sus propios padres, utilizamos los niveles elevados de educación de los progenitores como indicador aproximado de los alumnos de alto rendimiento. Más concretamente, definimos a un estudiante como «de alto rendimiento» si alguno de sus progenitores tiene estudios postuniversitarios. El grado de exposición de un estudiante determinado a varones «de alto rendimiento» o a mujeres «de alto rendimiento» se mide entonces a nivel de curso como la proporción de varones (o mujeres, respectivamente) de ese curso cuyos progenitores tienen estudios postuniversitarios. En este cálculo, se excluye de tanto el numerador como el denominador a los progenitores del estudiante en cuestión.

Dado que la encuesta Add Health contiene información sobre varias cohortes (o cursos) dentro de cada centro, nuestra estrategia de identificación aprovecha la variación casi aleatoria entre cohortes o cursos de estas proporciones de alumnos de alto rendimiento dentro del mismo centro. Es decir, aprovechamos el hecho de que, dentro del mismo centro, habrá variación accidental entre cursos en cuanto al número de chicos o chicas de alto rendimiento presentes.1

Para estudiar el efecto de la exposición a alumnos de alto rendimiento, estimamos una regresión del resultado en la edad adulta en función de nuestras variables principales: MF (la proporción de compañeros varones con progenitores que tienen estudios postuniversitarios) y FF (la proporción de compañeras mujeres con progenitores que tienen estudios postuniversitarios), controlando por los efectos fijos de curso y de centro. Incluimos un amplio conjunto de características individuales y de los compañeros, como la edad del individuo, la raza/etnia, un indicador de haber nacido en el extranjero, la puntuación del estudiante en el Test de Vocabulario de Imágenes Peabody (PVT), el logaritmo de la renta familiar, el nivel educativo de los progenitores y si la madre o el padre viven en el hogar.2 Las características de los compañeros incluidas son el porcentaje de mujeres, el porcentaje de cada raza/etnia y el porcentaje de nacidos en el extranjero en el curso del estudiante. Por último, también incluimos una tendencia temporal lineal por centro para tener en cuenta los cambios de barrio o de elección de centro a lo largo del tiempo.

La figura 1 muestra los coeficientes y el intervalo de confianza del 95 % de la regresión descrita anteriormente, en la que el resultado es si un estudiante llegó a completar una licenciatura en un college de cuatro años, con el coeficiente de las niñas en rojo y el de los niños en azul. La regresión se ejecuta por separado para niñas y niños. Los coeficientes de las variables clave de los compañeros, MF y FF (la proporción de compañeros varones y compañeras mujeres «de alto rendimiento» del estudiante, respectivamente), no son significativamente distintos de cero, salvo en el caso de MF para las niñas. Ese coeficiente negativo indica que estar expuesto a una proporción mayor de chicos «de alto rendimiento» reduce la probabilidad de que una niña complete una licenciatura unos 14 años después. La magnitud del efecto es grande: un aumento de una desviación típica (netas de los efectos fijos y de la tendencia temporal, esto equivale a 2,0 puntos porcentuales) en el porcentaje de chicos de alto rendimiento reduce la probabilidad de obtener una licenciatura en unos 2,2 puntos porcentuales. Quizá sorprendentemente, las chicas «de alto rendimiento» tienen poco efecto tanto sobre los chicos como sobre las chicas.3

Figura 1 Estimaciones de los coeficientes de los alumnos de alto rendimiento para la universidad

La figura muestra el intervalo de confianza del 95 % para las estimaciones de los coeficientes.

Investigamos los efectos heterogéneos y constatamos que el impacto negativo más fuerte de los chicos «de alto rendimiento» se produce en las niñas de la mitad inferior de la distribución de capacidades (medida por su puntuación en el PVT) y en aquellas cuyo al menos un progenitor tiene algún tipo de título universitario. Además, una mayor exposición a chicas «de alto rendimiento» tiene un efecto positivo sobre la probabilidad de obtener una licenciatura en el caso de las niñas de la mitad inferior de la distribución de capacidades y de aquellas cuyos progenitores no tienen estudios universitarios.

¿Qué mecanismos podrían explicar los efectos negativos sobre los resultados educativos a largo plazo de las niñas? Abordamos esta cuestión utilizando una serie de preguntas sobre confianza, aspiraciones y conductas de riesgo, formuladas en la primera oleada de la encuesta (es decir, mientras los estudiantes cursaban la educación secundaria). Mediante un análisis factorial, creamos un «índice» de autoconfianza y aspiraciones, y dos índices de conductas de riesgo (el primero refleja principalmente el consumo de alcohol y el segundo, las peleas físicas y los arrestos). También creamos una variable indicadora de si el individuo ha tenido un hijo antes de cumplir los 18 años. Como muestra la figura 2, que representa los coeficientes de MF y FF para niñas y niños en cada uno de estos indicadores, constatamos que las niñas expuestas a una mayor proporción de chicos «de alto rendimiento» tienen una confianza y unas aspiraciones significativamente menores, son más propensas a participar en algunas formas de conducta de riesgo (consumo de alcohol) y tienen más probabilidades de tener un hijo antes de los 18 años. Los efectos de las chicas «de alto rendimiento» sobre otras niñas son mixtos, ya que reducen algunos tipos de conducta de riesgo (consumo de alcohol), pero aumentan otros (peleas). Los resultados para los chicos son muy distintos. No hay un efecto significativo de los compañeros varones de alto rendimiento sobre los chicos, pero una mayor exposición a compañeras mujeres de alto rendimiento reduce su conducta de riesgo (en ambos índices) y la probabilidad de paternidad adolescente.

Figura 2 Estimaciones de los coeficientes de los alumnos de alto rendimiento para la autoconfianza y el riesgo

La figura muestra el intervalo de confianza del 95 % para las estimaciones de los coeficientes.

Nuestro estudio muestra que los chicos «de alto rendimiento» tienen un efecto negativo y persistente sobre los resultados educativos a más largo plazo de las niñas. Aunque no podemos afirmar si esto se debe, por ejemplo, a que los docentes prestan más atención a estos chicos (y, en consecuencia, menos atención a las niñas) o a que estos chicos ejercen un efecto directo sobre las niñas, los resultados sugieren que la autoconfianza y las aspiraciones de estas últimas se ven afectadas negativamente y que tienen una mayor tendencia a participar en conductas de riesgo, incluida la maternidad antes de los 18 años.

Referencias

Bordalo, P., K. B. Coffman, N. Gennaioli y A. Shleifer (2018), «Beliefs about Gender», documento de trabajo.

Cools, A., R. Fernández y E. Patacchini (2019), «Girls, Boys, and High Achievers», CEPR Discussion Paper n.º 13754.

Feld, J. y U. Zölitz (2018), «Peers from Venus and Mars: Higher-Achieving Men Foster Gender Gaps in Major Choice and Labor Market Outcomes», documento de trabajo.

Hoxby, C. (2000), «Peer effects in the classroom: Learning from gender and race variation», NBER Working Paper n.º 7867.

Lavy, V. y A. Schlosser (2011), «Mechanisms and impacts of gender peer effects at School», American Economic Journal: Applied Economics 3(2): 1-33.

Mouganie, P. y Y. Wang (2017), «High Performing Peers and Female STEM Choices in School», documento de trabajo.

Niederle, M., C. Segal y L. Vesterlund (2013), «How costly is diversity? Affirmative action in light of gender differences in competitiveness», Management Science 59(1): 1-16.

Olivetti, C., F. Patacchini e Y. Zenou (2018), «Mothers, Peers, and Gender-Role Identity», Journal of the European Economic Association.

Sacerdote, B. (2014), «Experimental and Quasi-Experimental Analysis of Peer Effects: Two Steps Forward?», Annual Review of Economics 6(1): 253-272.

Notas al final

[1] Hoxby (2000), Lavy y Schlosser (2011), y Olivetti et al. (2018), entre otros, utilizan la misma estrategia de identificación.

[2] El Test de Vocabulario de Imágenes Peabody se utiliza ampliamente para medir la capacidad verbal y se ha demostrado que guarda una correlación positiva con el CI.

[3] Los efectos negativos de los chicos «de alto rendimiento» sobre las chicas coinciden con los hallados por Mouganie y Wang (2017) en el contexto de estudiantes de secundaria en China, y por Feld y Zölitz (2018) en el de una escuela de negocios neerlandesa. Nuestros datos permiten demostrar que los efectos negativos comienzan en la educación secundaria y tienen consecuencias importantes a largo plazo.

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