3 maneras de lograr que el futuro del trabajo sea justo y flexible

Highwire walker Aisikaier, from the far-western Chinese region ofXinjiang, performs on a wire about 110 metre above the Great Wall nearBeijing, September 16, 2002. Three Chinese tightrope walkers areperforming daily on the 1,004-metre-long wire over the Great Wall untilSeptember 22 as part of a cultural festival marking China's traditionalMid-Autumn Festival, which falls on September 21 this year.REUTERS/Wilson ChuASW/RCS - RP3DRIEEXCAA
Balancing act ... unconventional work need not mean an unstable incomeImage: REUTERS/Wilson Chu
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Definir el rumbo adecuado para las políticas laborales en el mundo del trabajo actual, que evoluciona rápidamente, es un desafío complejo. Tendencias como los desequilibrios de competencias, la economía de plataformas y la digitalización están transformando el trabajo tan rápido que la elaboración de políticas va a la zaga.

Como proveedor de soluciones para la fuerza laboral, buscamos destacar el papel que desempeña un mercado laboral bien regulado en la competitividad de un país. En el mejor de los casos, las políticas protegen los derechos de todos los trabajadores, a la vez que impulsan la competencia leal y generan oportunidades. Se trata de hacer que el futuro funcione para todos. En el peor de los casos, las políticas intentan resistirse al cambio y crean condiciones desiguales que, con el tiempo, perjudican a todos.

Lograr este equilibrio es más importante que nunca. Muchas naciones, empresas y trabajadores corren el riesgo de quedarse atrás en la carrera por la competitividad y la prosperidad. Pero no tiene por qué ser así si actuamos ahora para convertir nuestros mercados laborales en entornos que funcionen para todos.

Un futuro más justo

¿Cómo hacerlo? En primer lugar, debemos aceptar algunas verdades. La incertidumbre económica está transformando el mundo del trabajo. El contrato de trabajo por tiempo indefinido y la idea de «un empleo para toda la vida» están siendo cuestionados. Aproximadamente un tercio de los trabajadores de Estados Unidos y Europa trabaja por cuenta propia. Más de la mitad de la fuerza laboral de América Latina, India y China no tiene un contrato formal. Hoy, en muchos ámbitos, el trabajo flexible ya es la norma, no una fuerza disruptiva.

Por desgracia, la mayoría de los marcos normativos de todo el mundo no están preparados para esta nueva realidad. Se basan en formas de trabajar obsoletas y hacen poco por fomentar o facilitar el nuevo mundo laboral.

Debido a regulaciones obsoletas, los trabajadores con distintos tipos de contrato suelen tener un acceso desigual a la atención sanitaria, las pensiones, la educación y la formación, así como a otras prestaciones sociales. Esto debe cambiar para que los países sigan siendo competitivos y nuestras empresas y trabajadores puedan sobrevivir en la era digital. A menudo se dice que quienes dan este paso encontrarán oportunidades y recompensas.

A partir de datos recopilados durante 10 años, el Informe de Competitividad Global 2017-2018 del Foro Económico Mundial, publicado este mes, presenta argumentos convincentes a favor de actualizar las políticas actuales. «La competitividad se fortalece, no se debilita, al combinar distintos grados de flexibilidad en la fuerza laboral con una protección adecuada de los derechos de los trabajadores», escriben sus autores.

Image: Foro Económico Mundial

Flexibilidad y seguridad

No es necesario sacrificar la protección social para dar cabida a la flexibilidad. Tampoco hay que sacrificar el rendimiento para compatibilizar ambos conceptos.

Los países que quieren lograr un crecimiento sostenible deben atender a las diversas formas de trabajo y tener en cuenta los derechos de todos los trabajadores. Para que nuestros responsables políticos adopten plenamente la flexibilidad y la protección social —la «flexiseguridad»—, necesitamos innovaciones sociales que otorguen a todos los trabajadores los mismos derechos y prestaciones, independientemente de su tipo de contrato.

Esto creará condiciones equitativas para todos los trabajadores, de modo que las regulaciones y las políticas no favorezcan un tipo de trabajo sobre otro y todos se sientan capaces de actuar.

Entonces, ¿qué hay que hacer? Para empezar, necesitamos nuevas redes de protección social para esta nueva era. Podemos avanzar vinculando las prestaciones sociales a las personas, en lugar de a las empresas. Así, los trabajadores podrán acumular sus propias prestaciones, independientemente de su forma de trabajo. Incluso es posible agrupar y ajustar los derechos, y transferirlos entre distintos tipos de contrato o situaciones laborales.

Los responsables políticos también deberían actualizar la legislación de protección del empleo para que los mercados laborales sean más accesibles a quienes están fuera de ellos, con el fin de reducir el desempleo friccional y mejorar la empleabilidad de todos los trabajadores, algo esencial para su seguridad económica.

El Informe de Competitividad Global afirma: «Dado que se prevé que la automatización y la robotización alteren un gran número de empleos, será fundamental crear condiciones capaces de resistir las perturbaciones económicas y apoyar a los trabajadores durante los períodos de transición».

Los países que triunfen en el mundo del mañana serán aquellos que faciliten que las personas y las empresas adopten distintas formas de trabajo de manera sostenible y atractiva.

Lee aquí el Informe de Competitividad Global 2017-18 completo

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