Debido a las pérdidas de aprendizaje relacionadas con la pandemia, se estima que los estudiantes que actualmente están en la escuela se enfrentan a una reducción de 10 billones de dólares en sus ingresos a lo largo de la vida;
Antes de la pandemia, se estimaba que, para 2030, más de la mitad de los niños y jóvenes del mundo no tendrían las habilidades ni las cualificaciones necesarias para participar en la fuerza laboral mundial emergente;
Obligados a repensar el funcionamiento de la educación tras la COVID-19, los sistemas educativos tienen la oportunidad de reimaginar el aprendizaje y dotar al alumnado de las habilidades cognitivas, creativas, sociales, emocionales y físicas necesarias para afrontar el futuro.
En todo el mundo, las respuestas de los sistemas educativos a la COVID-19 significan que el alumnado no está regresando a las mismas aulas que dejó a principios de este año. Es una perspectiva desalentadora, pero también una oportunidad para reimaginar el aprendizaje y modernizar nuestros sistemas educativos para el siglo XXI.
Las industrias y operaciones mundiales se han visto sacudidas por la escala y el ritmo del cambio en los últimos meses, y los sistemas educativos se encuentran entre los más afectados. Un número récord de niños y jóvenes se han visto afectados por el cierre de escuelas a causa de la COVID-19 y muchos quizá nunca vuelvan a la educación. Hemos sido testigos de cómo educadores y familias han dado un paso al frente y adoptado nuevos entornos y herramientas de aprendizaje; y hemos visto el poder de los enfoques lúdicos y atractivos para estimular el aprendizaje y el desarrollo de habilidades.
Los docentes han creado paquetes de actividades para que las familias las utilicen en casa con los niños que participan en los retos de #StoryCity y que ponen a prueba su imaginación para construir comunidades. Incluso padres y docentes han organizado «citas de juego» virtuales entre estudiantes, que ofrecen al alumnado la oportunidad de jugar con amigos a distancia.
Esta crisis del aprendizaje sin duda agravará las perspectivas de empleo futuras. Antes de la pandemia, la Comisión de Educación estimó que, para 2030, más de la mitad de los niños y jóvenes del mundo (800 millones) no tendrían las habilidades ni las cualificaciones necesarias para participar en la fuerza laboral mundial emergente.
Hoy en día, aproximadamente uno de cada cinco jóvenes del mundo, es decir, 267 millones, ya se ha visto afectado por el desempleo. En el futuro, también se espera que ganen menos. Debido a las pérdidas de aprendizaje relacionadas con la pandemia, se estima que los estudiantes que actualmente están en la escuela se enfrentan a una reducción de 10 billones de dólares en sus ingresos a lo largo de la vida, equivalente al doble del gasto público anual mundial en educación primaria y secundaria. Con 1.300 millones de personas que llegarán a la edad adulta en la próxima década, es fundamental que los enfoques educativos desfasados no se conviertan en una barrera más para los futuros trabajadores y líderes.
Aunque las habilidades académicas tradicionales son importantes, también hemos visto el papel que las experiencias lúdicas, creativas y atractivas tienen para ayudar a los niños a afrontar situaciones impredecibles y en rápido cambio. La creatividad y la capacidad de un niño para ser resiliente ante los desafíos impredecibles de la vida estarán entre las habilidades más demandadas que necesitará el alumnado actual en un mundo en rápido cambio. La investigación nos dice que las habilidades cognitivas, creativas, sociales, emocionales y físicas, cuando se integran con las habilidades académicas tradicionales, ayudan a formar estudiantes que pueden desenvolverse mejor en este mundo complejo.
Los sistemas educativos de todo el mundo se están reajustando con urgencia, conscientes de que están peligrosamente desfasados. Muchos aprovechan la oportunidad para modernizar sus sistemas para el siglo XXI, reimaginando el aprendizaje para dotar a los niños de las habilidades que necesitan para ser aprendices productivos a lo largo de toda la vida. Incluso antes de la pandemia, existía un creciente interés por pasar de la intención a la acción, de los proyectos piloto a la ampliación de escala y de los ejemplos aislados a la reforma sistémica.
Un pequeño número de naciones pioneras ya están a la cabeza en los esfuerzos por mejorar las habilidades creativas de su alumnado y hacerlo a gran escala. A principios de este año, la Fundación LEGO publicó un informe, Creating Systems - how can education systems reform to enhance learners’ creativity skills?, en el que se entrevistó a responsables políticos australianos, japoneses, tailandeses, escoceses y galeses sobre sus esfuerzos de reforma nacionales y regionales. El informe destaca iniciativas inspiradoras para reformar los planes de estudio, la evaluación y los enfoques de enseñanza. También ilustra programas innovadores con un compromiso creativo a una escala sin precedentes; cambios positivos en las prácticas de enseñanza y aprendizaje y mayores niveles de rendimiento; y pruebas de una mayor implicación, confianza y colaboración del alumnado.
El informe detalla 10 lecciones esenciales para los gobiernos a la hora de reiniciar y reimaginar el aprendizaje. La voluntad política, las alianzas, un lenguaje compartido, las pruebas, el intercambio de experiencias y la colaboración internacional desempeñarán un papel fundamental para lograr una reforma significativa y duradera.
Las decisiones de las próximas semanas y meses podrían resultar decisivas para facilitar u obstaculizar una generación de jóvenes, desde conseguir un empleo significativo hasta contar con las habilidades y los conocimientos que necesitarán para resolver los numerosos desafíos futuros a los que se enfrentará nuestro mundo. Como es probable que millones de niños sigan sin un aula física estable en un futuro previsible, nos enfrentamos a la amenaza muy real de que los planes de estudio virtuales se centren exclusivamente en la lectura, la escritura y el cálculo, en lugar de en actividades atractivas y prácticas que ayuden a fomentar una amplia gama de habilidades esenciales.
No debemos permitir que las desigualdades existentes se agraven. Por muy difícil que sea la pandemia para la educación, puede convertirse en un acontecimiento decisivo para construir sistemas educativos del futuro más equitativos y resilientes. Podemos —y debemos— reformar nuestros sistemas educativos y reimaginar el aprendizaje para dotar a todos los estudiantes de las habilidades que necesitarán para el futuro.



