«Describir la ciencia como una serie de acciones, diciendo “hagamos ciencia”, genera más interés por la ciencia que describirla en términos de identidades, pidiéndoles que “sean científicos”», explica Marjorie Rhodes, profesora asociada del Departamento de Psicología de la Universidad de Nueva York y autora principal del estudio, publicado en la revista Psychological Science.
«Estos efectos se observan especialmente en los niños que son objeto de estereotipos que sugieren que quizá no sean el tipo de persona que tiene éxito en la ciencia; en este caso, las niñas», añade.
Estos hallazgos sugieren que las iniciativas para animar a las niñas a dedicarse a la ciencia —un campo en el que están infrarrepresentadas— podrían beneficiarse de describir la actividad de hacer ciencia, en lugar de animar a los niños a adoptar identidades de científicos, al menos durante la primera infancia.
«Las raíces de las disparidades de género en el rendimiento científico se afianzan en la primera infancia», observa Rhodes. «Esta investigación identifica un elemento del entorno de los niños en el que se podría intervenir para reducir las diferencias tempranas de género en el comportamiento científico de los niños pequeños».
La acción, no la identidad
Rhodes y sus coautores, entre ellos Sarah-Jane Leslie, de la Universidad de Princeton, señalan que los mensajes que los niños suelen recibir a través de los programas de televisión se centran en la identidad y no en la acción cuando se trata de ciencia.
Por ejemplo, en un análisis de 2017 de programas de televisión infantiles, Rhodes y Leslie descubrieron que los programas populares se refieren con mayor frecuencia a los científicos como un tipo de persona que a la ciencia como una actividad que realizan las personas. En otras palabras, concluyen, estos programas de televisión desaprovechan la oportunidad de usar un lenguaje más eficaz para animar a las niñas a interesarse por la ciencia.
En el estudio recién publicado, los investigadores realizaron cuatro estudios con niños de entre cuatro y nueve años. En ellos, se presentó la ciencia a los niños como una identidad («¡Seamos científicos! Los científicos exploran el mundo y descubren cosas nuevas») o como una acción («¡Hagamos ciencia! Hacer ciencia significa explorar el mundo y descubrir cosas nuevas»).
Después, se pidió a los niños que completaran un nuevo juego de ciencia diseñado para ilustrar el método científico. Los investigadores midieron la perseverancia según el tiempo que siguieron jugando.
Cabe destacar que las niñas a quienes inicialmente se pidió «hacer ciencia» perseveraron más en el juego de ciencia posterior que las niñas a quienes se pidió «ser científicas».
¿Y los niños?
En cambio, los efectos del lenguaje en los niños fueron más variados. Por ejemplo, uno de los estudios reveló que los niños menores de cinco años perseveraban más cuando el lenguaje se orientaba a la acción, mientras que los mayores de cinco mostraban niveles más altos de perseverancia cuando el lenguaje se centraba en la identidad.
En general, estos hallazgos sugieren que el lenguaje centrado en la identidad puede debilitar la perseverancia de algunos niños cuando adquieren nuevas habilidades, especialmente cuando los estereotipos culturales los llevan a preguntarse si poseen la identidad pertinente.
Los resultados concuerdan con otro estudio de Rhodes y sus colegas. Ese trabajo, publicado el año pasado en la revista Child Development, reveló que hablar con los niños sobre acciones prosociales mediante verbos —por ejemplo, pedirles que «ayuden» en lugar de que «sean ayudantes»— propiciaba más conductas de ayuda prosocial después de que los niños sufrieran contratiempos.
El trabajo contó con el apoyo de los Institutos Nacionales de Salud.

