Una investigación revela que incluso los niños pequeños muestran prejuicios raciales

Elementary school children share an electronic tablet on the first day of class in the new school year in Nice, September 3, 2013. REUTERS/Eric Gaillard (FRANCE - Tags: EDUCATION)
Researchers have found a new way to reduce racial bias in children through using a custom-built training app.Image: REUTERS/Eric Gllard
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Los prejuicios raciales pueden parecer un problema irresoluble. A los psicólogos y otros científicos sociales les ha costado encontrar formas eficaces de combatirlos, incluso entre quienes afirman apoyar una sociedad más justa e igualitaria. Una posible razón de esta dificultad es que la mayoría de las iniciativas se han dirigido a los adultos, cuyos prejuicios suelen estar profundamente arraigados.

Mis colegas y yo estamos empezando a analizar de nuevo el problema de los prejuicios raciales, estudiando sus orígenes en la primera infancia. A medida que aprendamos más sobre cómo se arraigan los prejuicios, ¿podremos intervenir antes de que se vuelvan permanentes?

Medir los prejuicios raciales

Cuando los investigadores de psicología empezaron a estudiar los prejuicios raciales, se limitaron a pedir a las personas que describieran sus pensamientos y sentimientos sobre determinados grupos. Un problema bien conocido de estas mediciones de los prejuicios explícitos es que la gente suele intentar responder a los investigadores de maneras que considera socialmente aceptables.

A partir de la década de 1990, los investigadores empezaron a desarrollar métodos para evaluar los prejuicios implícitos, que son menos conscientes y menos controlables que los explícitos. La prueba más utilizada es el Test de Asociación Implícita, que permite a los investigadores medir si las personas tienen más asociaciones positivas con algunos grupos raciales que con otros. Sin embargo, una limitación importante de esta prueba es que solo funciona bien con personas de seis años o más: las instrucciones son demasiado complejas para que los niños más pequeños las recuerden.

Recientemente, mis colegas y yo desarrollamos una nueva manera de medir los prejuicios, que llamamos Prueba de Prejuicio Racial Implícito. Puede utilizarse con niños desde los tres años, así como con niños mayores y adultos. Evalúa los prejuicios de una forma similar al TAI, pero con instrucciones diferentes.

Así funcionaría una versión de la prueba para detectar un prejuicio implícito favorable a las personas blancas frente a las negras: mostramos a los participantes una serie de rostros de personas negras y blancas en una pantalla táctil. Cada fotografía aparece junto a una sonrisa de dibujos animados en un lado de la pantalla y un ceño fruncido en el otro.

Image: The Conversation

En una parte de la prueba, pedimos a los participantes que toquen la sonrisa de dibujos animados lo más rápido posible cada vez que aparezca un rostro negro, y el ceño fruncido lo más rápido posible cada vez que aparezca un rostro blanco. En otra parte de la prueba, se invierten las instrucciones.

La diferencia entre el tiempo que se tarda en seguir un conjunto de instrucciones y el que se tarda en seguir el otro se utiliza para calcular el nivel de prejuicio implícito de cada persona. La explicación es que responder de maneras contrarias a nuestras intuiciones requiere más tiempo y esfuerzo.

¿Tienen prejuicios raciales incluso los niños pequeños?

Los prejuicios raciales explícitos se han documentado en niños pequeños desde hace muchos años. Los investigadores saben que los niños pequeños también pueden mostrar prejuicios implícitos desde las edades más tempranas en que se han medido y, a menudo, con una frecuencia comparable a la observada en adultos.

Algunos estudios sugieren que pueden detectarse precursores de los prejuicios raciales durante la lactancia. En un estudio de este tipo, los investigadores midieron cuánto tiempo miraban los bebés rostros de personas de su propia raza o de otra, acompañados de música alegre o triste. Observaron que los bebés de 9 meses miraban durante más tiempo cuando los rostros de personas de su propia raza iban acompañados de música alegre, un patrón distinto al de los tiempos de observación de los rostros de personas de otra raza. Este resultado sugiere que la tendencia a preferir rostros que coinciden con la propia raza comienza durante la lactancia.

Estos primeros patrones de respuesta surgen de una tendencia psicológica básica: nos gustan y nos acercamos a las cosas que nos resultan familiares, y nos desagradan y evitamos las que nos resultan desconocidas. Algunos investigadores creen que estas tendencias tienen raíces en nuestra historia evolutiva porque ayudan a las personas a forjar alianzas dentro de sus grupos sociales.

Sin embargo, estos prejuicios pueden cambiar con el tiempo. Por ejemplo, los niños negros pequeños de Camerún muestran un prejuicio implícito a favor de las personas negras frente a las blancas, como parte de una tendencia general a preferir a los miembros del propio grupo, es decir, a quienes comparten características con uno mismo. Pero este patrón se invierte en la edad adulta, cuando las personas reciben repetidamente mensajes culturales que indican que las personas blancas tienen un estatus social más alto que las negras.

Un nuevo enfoque para combatir los prejuicios

Desde hace tiempo, los investigadores reconocen que los prejuicios raciales están asociados con la deshumanización. Cuando las personas tienen prejuicios contra personas de otras razas, tienden a verlas como parte de un grupo indiferenciado en lugar de como individuos concretos. Practicar la distinción entre personas de otras razas ayuda a los adultos a reducir los prejuicios implícitos, pero estos efectos suelen durar muy poco.

En nuestra nueva investigación, adaptamos este enfoque de individuación para utilizarlo con niños pequeños. Mediante una aplicación de entrenamiento creada específicamente para este fin, los niños pequeños aprenden a identificar a cinco personas de otra raza durante una sesión de 20 minutos. Observamos que los niños de 5 años que participaron no mostraban prejuicios raciales implícitos inmediatamente después del entrenamiento.

Aunque los efectos de una sola sesión duraron poco, una sesión de refuerzo adicional de 20 minutos una semana después permitió que los niños mantuvieran durante dos meses aproximadamente la mitad de la reducción inicial de sus prejuicios. Actualmente estamos trabajando en una versión de la aplicación con formato de juego para seguir evaluándola.

Solo un punto de partida

Aunque nuestro enfoque apunta a una nueva vía prometedora para reducir los prejuicios raciales, es importante señalar que no es una solución mágica. También hay que investigar otros aspectos de la tendencia a deshumanizar a personas de distintas razas, como el menor interés por la vida mental de las personas ajenas al propio grupo social. Dado que las iniciativas bienintencionadas para reducir los prejuicios raciales a veces pueden ser ineficaces o tener consecuencias imprevistas, los nuevos enfoques que se desarrollen deberán evaluarse rigurosamente.

Y, por supuesto, el problema de los prejuicios raciales no puede resolverse abordando únicamente las creencias de las personas. Combatirlo también exige abordar los factores sociales y económicos más amplios que fomentan y mantienen las creencias y conductas prejuiciosas.

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