Es la primera ministra de Noruega, responsable de cinco millones de personas y de un PIB de más de 400.000 millones de dólares.
Pero hasta Erna Solberg ha sido víctima de «mansplaining». No es un término que ella haya usado, pero, en una entrevista en Davos, la política contó una experiencia de los inicios de su carrera con la que muchas mujeres se identificarán y que les hará esbozar una mueca de incomodidad.
«Me he encontrado con mucha gente que quizá te subestimaba porque en aquel entonces eras una chica joven en política», dijo.
«Recuerdo que estaba en una comisión de finanzas del Parlamento y que uno de los directores ejecutivos de una gran entidad bancaria intentaba explicarme, como si fuera una niña, de una forma muy infantil, cómo funciona el mercado de los tipos de interés. Entonces, el presidente de la comisión se inclinó hacia mí y dijo: “Tiene el nivel de formación más alto de la comisión”»
Solberg forma parte de un panel de siete mujeres, entre ellas la directora ejecutiva de IBM, Ginni Rometty, y Christine Lagarde, directora del FMI, que presiden Davos. Sin embargo, el panorama general de las mujeres en el poder es sombrío: el porcentaje de mujeres en los parlamentos nacionales de todo el mundo es del 23 %, mientras que en Estados Unidos solo el 6 % de las empresas de Fortune 500 están dirigidas por mujeres.
«Creo que hacen falta más mujeres: cuantas más haya, más natural será», dijo Solberg. «Hay que hablar de temas como #metoo, del acoso sexual y de cómo se ejerce el poder entre las personas… Lo más importante que debemos entender es que esto no va de mujeres y hombres, sino de aprovechar todo el talento de la sociedad».


