Los niños difieren mucho en su rendimiento escolar. En los últimos años, los investigadores han demostrado que alrededor de dos tercios de las diferencias en el rendimiento académico pueden explicarse por diferencias en los genes de los niños.
Se ha demostrado que los genes influyen en el rendimiento de los niños en la educación primaria, al final de la educación obligatoria, e incluso en distintas asignaturas. Sin embargo, se sabe menos sobre cómo los factores genéticos y ambientales contribuyen a que un niño siga progresando académicamente durante toda su etapa escolar.
Para estudiarlo, utilizamos una muestra de más de 6000 pares de gemelos que forman parte del Twins Early Development Study, representativo del Reino Unido, y analizamos sus calificaciones desde la educación primaria hasta el final de la educación obligatoria. Nuestra nueva investigación reveló que el rendimiento educativo de los gemelos era notablemente estable: los niños que obtienen buenos resultados en primaria también tienden a rendir bien en los exámenes GCSE, realizados al final de la educación obligatoria.
Utilizar gemelos nos permite estimar la proporción de diferencias que pueden explicarse por factores genéticos. Los gemelos idénticos comparten el 100 % de sus genes, mientras que los gemelos no idénticos comparten de media el 50 % de los genes que varían entre personas, al igual que otros hermanos. Si los gemelos idénticos se parecen más en un rasgo concreto que los no idénticos, como el rendimiento escolar, podemos deducir que este está influido por sus genes. Después podemos estimar la heredabilidad de ese rasgo, es decir, la proporción de diferencias que se deben a las diferencias en la secuencia de ADN de los niños.
Analizamos qué factores influían en la estabilidad del rendimiento educativo, es decir, cuando las calificaciones en una prueba estandarizada se mantienen similares entre la educación primaria y la secundaria. Descubrimos que alrededor del 70 % de la estabilidad del rendimiento se explica por factores genéticos, mientras que el 25 % se debe al entorno compartido por los gemelos, como crecer en la misma familia y asistir a la misma escuela. El 5 % restante se explicó por su entorno no compartido, como tener amigos o profesores diferentes.
Cuando hubo un cambio en el rendimiento educativo, es decir, cuando las calificaciones subieron o bajaron entre la educación primaria y la secundaria, descubrimos que esto se explicaba en gran medida por aquellos factores ambientales que no comparten los gemelos.
Es razonable suponer que esta notable influencia de los genes en la continuidad del rendimiento de los niños durante su etapa escolar puede explicarse por la inteligencia. Sin embargo, descubrimos que la influencia de los genes seguía siendo considerable, del 60 %, incluso después de tener en cuenta la inteligencia, medida mediante varias pruebas verbales y no verbales que realizaron los gemelos a lo largo de la infancia y la adolescencia.
Predecir el rendimiento a través del ADN.
Aunque las estimaciones de estudios con gemelos como este nos pueden informar sobre rasgos dentro de grandes grupos de personas, los avances científicos recientes revelan cada vez más sobre la influencia de los genes en el individuo. Recientemente se han logrado avances considerables al identificar variantes genéticas asociadas al nivel educativo alcanzado mediante los llamados estudios de asociación de genoma completo (GWAS, por sus siglas en inglés). Estos estudios localizan marcadores genéticos asociados a determinados rasgos. Sin embargo, cada marcador genético explica una proporción muy pequeña (menos del 0,1 %) de las diferencias individuales en el rendimiento escolar.
Recientemente se desarrolló un método más potente que suma miles de los marcadores genéticos identificados en los estudios GWAS para calcular, en cambio, una “puntuación poligénica” de todo el genoma. Esta puntuación se utiliza actualmente, con niveles de precisión cada vez mayores, para predecir la varianza de un rasgo, como el rendimiento escolar, en personas no relacionadas entre sí.
Como parte de nuestro nuevo estudio, utilizamos datos de análisis GWAS previos para crear una puntuación poligénica del nivel educativo alcanzado. Calculamos una puntuación para uno de cada par de nuestros 6000 conjuntos de gemelos (de modo que todas las personas de esta parte del estudio no estuvieran relacionadas). Esto permitió predecir si les iría bien a lo largo de su etapa escolar. Estas predicciones oscilaron entre explicar el 4 % de la varianza del nivel educativo alcanzado al inicio de la educación primaria y el 10 % de la varianza en el nivel de los GCSE. Nuestros hallazgos confirmaron los resultados de la primera parte de nuestro análisis con gemelos: las mismas variantes genéticas desempeñan un papel en la explicación de por qué los niños difieren en su rendimiento en cada etapa del desarrollo.
Nuestros hallazgos, que sugieren que los genes influyen en el rendimiento de un niño a lo largo de toda su etapa escolar, deberían ofrecer un motivo adicional para identificar cuanto antes a los niños que necesitan intervenciones, ya que es probable que los problemas persistan durante los años escolares. En el futuro, la predicción mediante puntuaciones poligénicas, junto con la predicción de riesgos ambientales, como la exposición a determinadas características del vecindario, la familia y la escuela, podría constituir una herramienta para identificar muy pronto en la vida a los niños con problemas educativos. Después se les podrían ofrecer programas de aprendizaje individualizados.
Por ejemplo, podríamos realizar pruebas de ADN al nacer para identificar a los niños con riesgo genético de desarrollar problemas de lectura y ofrecerles una intervención temprana. Como las intervenciones preventivas tienen más probabilidades de éxito en las primeras etapas de la vida, una gran ventaja de las puntuaciones poligénicas es que pueden predecir al nacer tan bien como más adelante, lo que podría resultar especialmente útil para los niños que probablemente tendrán más dificultades.


