En 1950, la población mundial era de 2.500 millones de personas. Hoy supera los 7.000 millones. Para 2050, será casi de 10.000 millones.
Este crecimiento explosivo ha ejercido una enorme presión sobre nuestros recursos naturales, pero al mismo tiempo ha contribuido a crear las condiciones para un periodo sin precedentes de crecimiento económico mundial, que ha permitido sacar de la pobreza a miles de millones de personas.
El futuro financiero al que nos enfrentamos hoy es incierto. La mayoría de la gente cree que el crecimiento mundial promediará un 3 % anual en el futuro previsible, frente al 5 % anterior a la crisis económica mundial. Esto significa que la economía tardará 25 años en duplicar su tamaño, 10 años más de lo que tardaría si siguiera avanzando a buen ritmo, al nivel previo a la crisis.
¿Qué significa esto? Un futuro de expectativas reducidas e incertidumbres crecientes plantea desafíos profundos.
Considerando que ya vivimos en un mundo en el que cientos de millones de personas están desempleadas o luchan por llegar a fin de mes en los márgenes de la economía formal, esto no puede subestimarse.
Pero también creo que estos desafíos centran nuestra atención en soluciones a largo plazo que, en última instancia, harán de nuestro mundo un lugar más justo, más próspero y mejor para vivir.
El único camino a seguir es liberar el talento que existe en todos nosotros.
Desempleo juvenil
Nos hemos acostumbrado a los titulares que relatan la grave situación del empleo juvenil en todo el mundo. El desempleo mundial medio ronda el 13 %, pero la cifra es el doble, e incluso más, en algunas zonas del sur de Europa, Oriente Medio y el norte de África.
No tiene por qué ser así.
Unos planes de estudio más inteligentes en escuelas y universidades y una mayor atención a las competencias pertinentes, apoyadas por la tecnología y el poder democratizador de Internet, permitirán a los jóvenes prepararse para el éxito en un mercado mundial competitivo, justo cuando la tecnología vuelve obsoletos otros empleos.
El talento es hoy tan importante como el capital a la hora de definir la competitividad económica de un país, y cada vez lo aprovechamos mejor. En Europa, por ejemplo, ocho de cada diez empleos creados desde 2008 se han generado en pequeñas y medianas empresas.
Si el sector público y el privado trabajan junto con el ámbito académico, este florecimiento del talento puede prosperar de verdad y convertirse en el nuevo motor del crecimiento de nuestras economías.
Igualdad de género
Pero solo se puede liberar el talento si se presta la misma atención a ambas mitades de la población. La igualdad de género no solo tiene que ver con los derechos humanos, sino que también tiene un sentido económico frío y riguroso. Crear una igualdad real en el mundo laboral, desde los consejos de administración hacia abajo, tendrá un efecto transformador en muchas economías.
Se ha sugerido que la economía de EE. UU. podría crecer hasta un 5 % si existiera una auténtica igualdad económica entre ambas mitades de la población.
La de Japón podría crecer aún más, hasta un 9 %. Ninguna economía quiere perderse ese tipo de crecimiento. Por eso el presidente Shinzo Abe anunció en Davos, en 2014, que deseaba que en 2020 las mujeres ocuparan el 30 % de todos los puestos directivos superiores de su país. No será el último en hacer promesas de este tipo. No dejar a nadie atrás es clave.
Vivimos en un mundo diverso, y las economías que respetan a sus personas más talentosas, sea cual sea su condición, serán las que, en última instancia, logren asegurar su prosperidad futura.
Los beneficios de la fuerza laboral plateada
En el Foro Económico Mundial, damos tanta importancia a la capacidad de los países para atraer y retener talento que forma parte integral de nuestra evaluación anual de la competitividad global. Lo mismo ocurre con el aprovechamiento del potencial económico de quienes se acercan al final de su vida laboral.
Sobre el papel, impedir que las personas trabajen más tarde en la vida parece una forma razonable de liberar empleos para quienes entran en el mercado laboral. Pero los economistas lo llaman la falacia de la «cantidad fija de trabajo»: en realidad, una fuerza laboral plateada activa y dinámica es una excelente forma de generar empleo para los jóvenes.
El futuro al que nos enfrentamos puede ser incierto, pero no tiene por qué ser un futuro de expectativas reducidas.
Un pensamiento a largo plazo y una colaboración genuina entre todas las partes interesadas no solo proporcionarían un crecimiento y un empleo sostenibles y de calidad, sino que también volverían a equilibrar la renta nacional a favor del trabajo, lo que ayudaría a abordar la tendencia a largo plazo hacia la desigualdad de ingresos que observamos.
Estos son los resultados que merecen las generaciones futuras, y creo que podemos lograrlos.
Publicado en colaboración con CNN
Autor: Jennifer Blanke es economista jefe del Foro Económico Mundial.
Imagen: El ministro de Economía suizo, Johann Schneider-Ammann, sostiene una bolsa con la leyenda «equal pay day» mientras habla con miembros de la sección de mujeres del Partido Liberal Democrático Suizo (FDP) con motivo del Día Internacional de la Mujer, en Berna, el 8 de marzo de 2011. REUTERS/Michael Buholzer

