El Informe Global sobre la Brecha de Género 2014 del Foro Económico Mundial nos mostró qué países siguen avanzando hacia el fin de la desigualdad de género. Islandia, Finlandia, Noruega, Suecia, Bélgica, Nicaragua, Filipinas y Ruanda obtuvieron los mejores resultados, y aplaudo sus avances.
El informe también reveló que 35 países han cerrado por completo la brecha en salud y supervivencia, y que 25 países han cerrado la brecha en el nivel educativo.
Sin embargo, todavía hay muchos países rezagados y queda mucho por hacer en todo el mundo. Algunas áreas que preocupan especialmente son el empoderamiento político, la participación económica y el empoderamiento en el lugar de trabajo.
Líderes, no seguidoras
La verdad es que el empoderamiento en el lugar de trabajo seguirá siendo un desafío mientras persistan prácticas y creencias culturales que frenan a las mujeres. Se trata de sistemas de creencias que consideran a las mujeres el sexo inferior y que, por tanto, deberían ser seguidoras, no líderes, pese a que esto perjudica nuestras economías. Mientras tanto, algunas sociedades incluso niegan a las mujeres el derecho a heredar.
En algunos países, una mujer puede ganar el 50 % de lo que gana un hombre por desempeñar una función similar. Esto no solo muestra el escaso valor que algunas culturas atribuyen a la fuerza laboral femenina, sino que también revela prácticas discriminatorias subyacentes.
Esto debe cambiar, y es necesario aplicar políticas que creen equilibrio de género en el lugar de trabajo. Por ejemplo, la igualdad salarial debería ser una prioridad, y también es preciso abordar el número de mujeres en puestos de poder.
También es importante que las mujeres se sientan empoderadas para iniciar una carrera en sectores que se consideran reservados estrictamente a los hombres, como el diseño, la tecnología, la arquitectura, la minería y el ejército. Esto podría lograrse creando puestos que solo puedan ocupar mujeres.
El acceso a la atención médica también supondría un gran avance. Incluso en el siglo XXI, con todos los avances de la medicina, las mujeres siguen afrontando enormes obstáculos para acceder a una atención médica adecuada.
Por ejemplo, el mundo en desarrollo —donde a las mujeres les resulta más difícil acceder a los anticonceptivos— registró un estimado de 63,2 millones de embarazos no planificados en 2012.
La Organización Mundial de la Salud también ha señalado que cada día mueren 800 mujeres por causas prevenibles relacionadas con el embarazo y el parto, y que el 99 % de todas las muertes maternas se producen en países en desarrollo.
Si se ofrece a las mujeres mejores opciones anticonceptivas, podrán tomar mejores decisiones y contribuir a combatir los abortos inseguros y afecciones como la pandemia mundial del VIH/sida.
Una oportunidad perdida
Las creencias culturales y religiosas también pueden poner en riesgo la salud de las mujeres, y los gobiernos deben comprometerse más a combatir las creencias que solo sirven para promover la desigualdad.
La exclusión de las mujeres es una oportunidad perdida para el crecimiento económico, la construcción nacional y el desarrollo internacional. Comprometerse a introducir políticas inclusivas conduce, por ejemplo, a una mayor productividad agrícola, seguridad alimentaria y rentabilidad de la inversión.
Empoderar a una mujer es empoderar a una nación. Invierta en una mujer y ella invertirá en su familia y su comunidad. Los países que actualmente ocupan los últimos puestos del Informe sobre la Brecha de Género deberían centrarse en ofrecer a las mujeres más oportunidades en los mercados empresariales, formación en finanzas y tecnología, y mejores derechos de propiedad.
No hace falta decir que las mujeres con acceso a la educación tienen más probabilidades de contribuir al crecimiento económico y de tomar mejores decisiones sobre la salud y la gestión del patrimonio.
Por tanto, es esencial centrarse en la igualdad de acceso de las mujeres a la educación, en elevar las tasas de alfabetización y en comprometerse a que más mujeres accedan a la educación superior.
En algunas sociedades, las niñas son enviadas a trabajar para sus familias mientras que los niños van a la escuela, pero debemos asegurarnos de educar a las familias sobre la importancia de romper los ciclos de pobreza, empoderando a las niñas en el ámbito comunitario al enviarlas a la escuela.
También es necesario que más mujeres participen en las decisiones políticas y de formulación de políticas.
La competitividad de una nación depende en gran medida de si educa a su población femenina y de cómo aprovecha su talento. Para maximizar su competitividad y potencial de desarrollo, cada país debería procurar la igualdad de género.
La sensibilización, la promoción y la educación de las mujeres son esenciales si queremos tener alguna esperanza de empoderar a las niñas en sociedades patriarcales que tradicionalmente no tratan a las mujeres como iguales.
Autora: Lebogang Keolebogile Maruapula es cofundadora de The GODDESS Foundation, responsable de relaciones públicas de la Botswana Tourism Organisation y Global Shaper del centro de Gaborone, Botsuana.
Imagen: Una niña que vende manzanas al borde de la carretera espera a sus clientes a las afueras de la ciudad angoleña de Lubango, el 15 de enero de 2010. REUTERS/Finbarr O’Reilly

