En cuanto un estudiante universitario comienza una carrera de empresariales, ya piensa en las ofertas de trabajo que espera recibir en abundancia nada más graduarse. Sin embargo, sigue habiendo un desajuste entre lo que los estudiantes creen que quieren los empleadores y lo que estos buscan realmente.
Ante la preocupación de que queden puestos vacantes porque algunos graduados no superan los procesos de selección, se ha puesto en marcha una nueva campaña llamada Work Ready Graduates para que más estudiantes universitarios se familiaricen con la etiqueta empresarial. Los empleadores deben asegurarse de que los graduados que contratan puedan ponerse manos a la obra de inmediato, pero también sean empleados flexibles capaces de volver a formarse para afrontar situaciones cambiantes.
A la hora de hablar de la empleabilidad de un estudiante de una carrera universitaria de empresariales, conviene recurrir a los antiguos griegos para obtener perspectiva. Aristóteles no fue solo un filósofo: también participó profesionalmente en el desarrollo de altos directivos como tutor de Alejandro Magno, y analizó las «virtudes» que necesitaba un líder exitoso. Sus tres grandes categorías siguen siendo muy pertinentes hoy en día.
En primer lugar, Aristóteles identificó el conocimiento (episteme); en segundo, las habilidades (techne); y, en tercero, la sabiduría práctica (phronesis). Estas siguen siendo las tres cualidades generales que buscan los empleadores, aunque la naturaleza de cada una y el equilibrio entre ellas cambian continuamente.
Cuando encuestamos a los estudiantes que comienzan sus estudios universitarios de empresariales, no sorprende que crean firmemente que la más importante de estas tres cualidades para los empleadores es el conocimiento. Al fin y al cabo, el sistema escolar está casi enteramente orientado a transmitir y evaluar conocimientos, al igual que la educación superior.
Competencias técnicas y habilidades interpersonales
Las escuelas de negocios imparten dos tipos de conocimiento contrapuestos. Históricamente, el conocimiento técnico y específico de cada disciplina, relacionado con distintas funciones empresariales como la contabilidad, el marketing y la estrategia, ha predominado en los planes de estudio de las escuelas de negocios. El otro tipo de conocimiento se refiere a la gestión como función general, que trasciende las disciplinas empresariales e incluso los sectores. Abarca temas como el comportamiento organizativo y los procesos de gestión, y a veces se lo descarta como conocimiento «blando».
Sin embargo, basta con examinar rápidamente lo que dicen querer las grandes empresas para obtener una imagen muy distinta de las expectativas de quienes terminan la escuela. La firma de contabilidad PWC busca cinco cualidades, de las cuales solo una está relacionada con las capacidades técnicas. Las otras cuatro son: «liderazgo integral, perspicacia empresarial, visión global y relaciones».
Los empleadores siguen queriendo estudiantes con buenos títulos, un indicador de capacidad intelectual. Pero, básicamente, ese es un requisito de entrada. Las áreas «blandas» ocupan cada vez más el centro de la empleabilidad.
Es probable que la mayoría de los buenos estudiantes cuenten con las bases intelectuales necesarias para ser empleables, casi con independencia de la especialidad de su título. Esto significa que los docentes de las escuelas de negocios están haciendo mucho más hincapié en otras áreas, en particular en la sabiduría práctica.
Problemas complejos y perversos
Desarrollar la sabiduría práctica es fundamental para un plan de estudios universitario progresista de empresariales. El objetivo es ayudar a los futuros directivos a abordar los problemas «perversos». Son problemas difíciles que no tienen una solución formulada de antemano, a diferencia de los problemas «dóciles», que pueden resolverse con libros de texto y fórmulas. Los estudiantes universitarios actuales tendrán que afrontar enormes incertidumbres tanto a escala mundial como social. También tendrán que resolver los inevitables conflictos entre lo que es funcionalmente correcto para una parte de las empresas en las que trabajen y lo que es correcto para la organización en su conjunto.
A menudo se presta mucha atención a las escuelas de negocios mejor clasificadas, tanto a escala internacional como nacional. Sin embargo, en las conferencias sobre empleabilidad, algunas de las experiencias y lecciones más interesantes que he conocido proceden de escuelas regionales que pasan desapercibidas en las revistas de lujo.
Durante el último año me han llamado especialmente la atención las visitas a tres escuelas de negocios —Hull, Cork y Denver—, cada una de las cuales mantiene relaciones excepcionalmente estrechas con empleadores regionales, para beneficio evidente de su investigación y enseñanza. Estas relaciones son directamente pertinentes para la empleabilidad de los estudiantes.
Cuando, hace 15 años, la industria local de TI pidió graduados en sistemas de información capaces de demostrar amplias habilidades creativas, el profesorado de University College Cork tuvo la idea de crear una «Antología» para mostrar públicamente las habilidades creativas y artísticas de sus estudiantes en poesía, fotografía, arte y escritura creativa. Esto desarrolló tanto sus habilidades técnicas como una sabiduría práctica más amplia.
Adaptarse al futuro
La Fundación Carnegie encargó un estudio pionero sobre los planes de estudio universitarios de empresariales en 2011, que propuso ir «más allá de una limitada pericia técnica para dar cabida a la creatividad, el juicio profesional y una mayor contribución social y realización personal».
El Aspen Undergraduate Business Education Consortium reúne a varias decenas de escuelas de negocios progresistas que adoptan un enfoque proactivo para poner en práctica estas propuestas.
Esto llega en un momento muy oportuno. En el futuro, las escuelas de negocios deberán no solo cumplir las expectativas de los estudiantes universitarios de recibir formación en conocimientos técnicos empresariales, sino también intensificar el énfasis en aprender sabiduría práctica para un entorno empresarial globalizado y en evolución.
Publicado en colaboración con The Conversation
Autor: Clive Holtham es profesor de Gestión de la Información y director de Cass Learning Laboratory, Cass Business School, en City University London
Imagen: Un recién graduado japonés habla con un asesor dentro de un compartimento del Centro de Consultas Laborales del Gobierno Metropolitano de Tokio, en Tokio. REUTERS/Yuriko Nakao

