Por qué las políticas educativas importan para la igualdad

Por qué las políticas educativas importan para la igualdad
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Gran parte del debate sobre la desigualdad se centra en sus efectos sociales y políticos perjudiciales y en su impacto en el crecimiento. Pero una cuestión igualmente importante es qué políticas desempeñan un papel claro en la reducción de la desigualdad de ingresos.

Los resultados de nuestro nuevo estudio sugieren que las mejoras en la educación –incluso más que factores como el gasto público o el desarrollo del sector financiero– han contribuido de forma importante a reducir la desigualdad de ingresos dentro de los países.

Relación entre crecimiento y equidad

En nuestro estudio, primero analizamos si la distribución de los ingresos de un país se vuelve más igualitaria a medida que se enriquece –una cuestión que ha intrigado a los economistas desde Simon Kuznets. ¿Se reduce la desigualdad de ingresos a medida que los países prosperan? ¿Depende esta relación de la etapa de desarrollo económico del país? ¿Qué factores la afectan?

Al examinar datos históricos, comprobamos que una mayor prosperidad, en promedio, conduce a una menor desigualdad. Un aumento del 1 % del PIB per cápita reduce el coeficiente de Gini –una medida de la desigualdad de ingresos que va de 0, para la igualdad perfecta, a 1, para la desigualdad absoluta– en alrededor de 0,08 puntos porcentuales.

Además, comprobamos que el crecimiento del PIB de un país incrementa la participación relativa en los ingresos de los pobres y de la clase media, a expensas del 20 % más rico. Dicho de otro modo, no solo los pobres y la clase media se benefician del crecimiento, sino que, de hecho, se benefician en mayor proporción que los ricos. Estos resultados se mantienen en todas las regiones y en las distintas etapas de desarrollo.

Tratamos de determinar con precisión cómo la mayor prosperidad contribuye a reducir la desigualdad, y descubrimos que la educación desempeña un papel clave. De hecho, nuestros resultados sugieren que las políticas educativas –en particular las que se centran en la equidad y las competencias– pueden estar entre las palancas más poderosas de que disponen los países para reducir las disparidades de ingresos a largo plazo.

El papel de la tecnología

Si el crecimiento reduce la desigualdad, ¿cómo encaja esto con el aumento de la desigualdad en los ingresos laborales y salariales que se ha observado en muchos países en las últimas décadas?

La tecnología y la globalización son dos posibles explicaciones de este fenómeno. El cambio tecnológico ha dado ventaja a quienes dominan el trabajo con ordenadores y las tecnologías de la información. Las cadenas globales de suministro han trasladado empleos poco cualificados fuera de las economías avanzadas, lo que ha deteriorado las perspectivas de los trabajadores que antes ocupaban esos puestos. Incluso en los países a los que se trasladan estos empleos, los primeros beneficiarios suelen ser los trabajadores más cualificados.

La educación es importante porque las personas con formación están mejor preparadas para afrontar los cambios tecnológicos y ambientales que influyen directamente en los niveles de productividad. De hecho, una mejor educación es la mejor política para ayudar a los países a evitar el aumento de la desigualdad de ingresos que a menudo resulta del cambio tecnológico y la globalización.

Implicaciones para las políticas

Entonces, ¿qué se puede hacer? En muchas economías avanzadas, incluido Estados Unidos, reducir la desigualdad en el futuro implica aumentar la oferta de trabajadores altamente cualificados. Demasiados jóvenes abandonan la educación secundaria y demasiados graduados de secundaria no están preparados para la universidad. Además, está el coste de la educación superior, que en Estados Unidos es prohibitivamente caro para muchas familias. Son problemas que podrían resolverse con mejores políticas públicas.

En muchos países en desarrollo, los niveles de logro educativo siguen siendo preocupantemente bajos, y el acceso incluso a la educación básica está limitado por fallos de mercado y políticas ineficientes.

Si bien el enfoque preciso de las políticas varía necesariamente de un país a otro, pueden esbozarse varios ámbitos generales. Las políticas educativas que ayudan a los estudiantes a obtener buenos resultados académicos, a continuar hacia niveles superiores de educación y a adquirir las competencias necesarias para triunfar en una economía globalmente competitiva pueden fomentar una mayor movilidad intergeneracional de los ingresos laborales y contribuir a reducir la desigualdad de ingresos con el tiempo.

En los países en desarrollo, las políticas que promueven el acceso equitativo a la educación básica, como las transferencias monetarias destinadas a incentivar una mejor asistencia a la escuela primaria o el gasto en educación pública que beneficie a los pobres, podrían reducir la desigualdad al contribuir a formar capital humano y hacer que las oportunidades educativas dependan menos de las circunstancias socioeconómicas.

Publicado en colaboración con FMI

Autora: Era Dabla-Norris es subjefa del departamento de Estrategia, Política y Revisión del FMI.

Imagen: un grupo de estudiantes regresa a casa desde la escuela por una carretera que se encuentra en construcción en el complejo residencial Bumi Serpong Damai, en las afueras de Yakarta, el 28 de enero de 2014. REUTERS/Beawiharta

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