Impulsar cambios sistémicos en ámbitos fundamentales como la salud, la energía y las infraestructuras es la tarea de los 700 miembros del Consejo Global del Futuro en Dubái esta semana. Están investigando cómo pueden utilizarse tecnologías revolucionarias para «conectar los puntos».
Un requisito clave para ese cambio es contar con una población mundial bien informada, bien educada y alfabetizada. Esto es esencial para avanzar hacia el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 (ODS 4) sobre educación, por ejemplo. Pero muchos otros ODS también dependen de que la población sepa leer, escribir y hacer cálculos.
Tomemos la pobreza, por ejemplo. La tasa mundial de pobreza podría reducirse en más de la mitad si todas las personas adultas completaran la educación secundaria, según las estimaciones publicadas en un informe conjunto del Instituto de Estadística de la UNESCO (IEU) y el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo. Consideremos también las posibilidades de conseguir un empleo digno. Las competencias y el empleo juvenil ocupan un lugar destacado en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. La meta 4.4 del ODS, por ejemplo, pide aumentar considerablemente el número de jóvenes y adultos con competencias pertinentes para el empleo.
Sin embargo, datos recientes del Instituto de Estadística de la UNESCO han suscitado preocupación por las perspectivas de 617 millones de niños y adolescentes que no pueden leer correctamente ni realizar operaciones matemáticas básicas. En la actualidad, solo la mitad de los niños del mundo alcanza el nivel mínimo de competencia en lectura y matemáticas al terminar la escuela, según un nuevo indicador compuesto mundial elaborado por el IEU. Un total de 230 millones de adolescentes no alcanzará los niveles mínimos de competencia en lectura y matemáticas cuando deban terminar la educación secundaria inferior. Aunque muchos de ellos están fuera de la escuela, unos 137 millones, cerca del 60%, sí están en las aulas, como muestra el gráfico siguiente.
Estos datos han generado alarma por el número de adolescentes y jóvenes que dejan la escuela sin las competencias básicas que necesitan para el mundo laboral del siglo XXI. Nos enfrentamos a una crisis mundial del aprendizaje y al riesgo de perder a una generación de jóvenes que deberían estar creando el capital económico y social de sus países, pero carecen de las competencias necesarias para hacerlo.

El futuro de cualquier economía depende mucho más de sus recursos humanos que de sus activos físicos. Sin embargo, los jóvenes, que representan los recursos humanos más dinámicos del mundo, tienen casi tres veces más probabilidades de estar desempleados que los adultos. En la actualidad, los jóvenes (de 15 a 24 años) representan el 18% de la población mundial, pero constituyen el 40% de las personas desempleadas del mundo.
Quienes tienen trabajo suelen verse atrapados en empleos de menor calidad. Las mujeres jóvenes tienen más probabilidades de sufrir subempleo y recibir salarios más bajos, y de trabajar a tiempo parcial, en el sector informal o de forma temporal. Según la Organización Internacional del Trabajo, el crecimiento económico, el desarrollo y la estabilidad dependen en gran medida de la educación, la formación y la empleabilidad de los jóvenes. Cuando los jóvenes no participan en el sistema educativo ni en el mercado laboral, se desconectan de la sociedad y pierden gradualmente toda perspectiva de adquirir nuevas competencias que les ayuden a encontrar un empleo significativo.
Según la Comisión de Educación, alrededor del 40% de los empleadores de todo el mundo ya tiene dificultades para contratar a personas con las competencias que necesita. Si los sistemas educativos de gran parte del mundo no logran seguir el ritmo de la creciente demanda de competencias —considerando la lectura, la escritura y las matemáticas como requisitos mínimos—, habrá una grave escasez de trabajadores cualificados tanto en las economías en desarrollo como en las desarrolladas, además de un gran excedente de trabajadores con competencias insuficientes. Sin medidas urgentes, más de una cuarta parte de la población de los países de bajos ingresos aún podría vivir en pobreza extrema en 2050.
La crisis mundial del aprendizaje supone una grave amenaza para la prosperidad futura. Pero no tiene por qué ser así. No es inevitable. Podemos garantizar que todos los niños y jóvenes asistan a la escuela y aprendan las competencias que necesitan para prosperar en el trabajo y en la vida. Esta visión puede hacerse realidad en una generación si todos los países aceleran sus avances hasta alcanzar el ritmo del 25% de países que más rápido mejoran en educación, según un estudio de la Comisión de Educación. El IEU respalda firmemente esta visión, que comparte con el Comité Directivo de Educación 2030 del ODS. Pero su éxito dependerá de que haya más datos y de mejor calidad.
El recurso renovable más valioso del mundo son sus niños y jóvenes. Los nuevos datos del IEU han reforzado los llamamientos a invertir mucho más en ellos. La tarea que tenemos por delante es impulsar urgentemente esa inversión, basándonos en los mejores datos posibles para garantizar que cada niño adquiera las competencias necesarias para un futuro productivo.
¿Qué hace falta para producir los mejores datos posibles? Como fuente oficial de datos del ODS 4, el IEU trabaja a diario con países de todo el mundo y les ayuda a producir los datos necesarios. El IEU conoce los problemas técnicos a los que se enfrentan los estadísticos al esforzarse por proporcionar los datos de calidad que necesitan los responsables de la formulación de políticas. Además de dar la voz de alarma sobre la necesidad de contar con los mejores datos posibles, el IEU también aboga por fortalecer las capacidades de los países en la próxima edición del Compendio de Desarrollo Sostenible del IEU, una fuente de las estrategias y herramientas de datos más recientes.

