Por qué una buena educación no siempre es la clave de la movilidad social

School children listen to their teacher Sebastien Ducoroy in their classroom at the Primary School Les Ormeaux in Montereau-Fault-Yonne near Paris, France, June 18, 2018. Picture taken on June 18, 2018. REUTERS/Gonzalo Fuentes - RC16FBEA21D0
There's great disparity in outcomes around the world.Image: REUTERS/Gonzalo Fuentes
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Los educadores de todo el mundo, especialmente quienes trabajan en la educación secundaria, suelen recurrir a una historia convincente cuando intentan motivar a sus estudiantes: esfuérzate, obtén buenos resultados y tendrás un futuro exitoso con atractivas perspectivas laborales.

Esta es actualmente la opinión predominante en gran parte del mundo occidental, donde se establecen fuertes vínculos entre la educación, la meritocracia y la movilidad social ascendente.

Pero ¿qué indican las investigaciones sobre la movilidad intergeneracional? ¿Tienen los niños de entornos más pobres el mismo potencial para hacer realidad sus sueños si alcanzan un alto nivel en sus sistemas educativos?

De hecho, la educación es importante, pero no basta para cambiar las desigualdades en el mundo. La movilidad intergeneracional, que se refiere a los cambios en la posición social de distintas generaciones de una misma familia, dista mucho de ser habitual.

El sueño americano en Dinamarca

Los investigadores de salud pública Richard Wilkinson y Kate Pickett sostuvieron que los resultados en movilidad social y educación son significativamente peores en los países ricos con mayor desigualdad, es decir, en aquellos cuyas poblaciones presentan brechas más amplias entre ricos y pobres. Por ejemplo, en Estados Unidos y el Reino Unido existe una estrecha relación entre los ingresos de padres e hijos varones, en comparación con países como Dinamarca, Finlandia, Suecia y Noruega.

Wilkinson llegó incluso a comentar en tono de broma durante una charla TED: «Si los estadounidenses quieren vivir el sueño americano, deberían ir a Dinamarca».

Richard Wilkinson afirma que los ingresos tienen una importancia enorme en nuestras sociedades.

¿Mucha movilidad?

La relación entre los niveles nacionales de desigualdad de ingresos y los menores niveles de movilidad intergeneracional se conoce como la curva del Gran Gatsby. El Gran Gatsby es el protagonista de la novela homónima de F. Scott Fitzgerald, que aparece primero como el enigmático anfitrión de animadas fiestas en su mansión frente al mar. Más adelante se revela que es hijo de agricultores pobres. Por tanto, la curva busca medir cuánto puede ascender una persona en la escala social de una sociedad determinada.

Image: Brookings Institution

Un estudio de 2015 utilizó datos comparables entre países de el Programa para la Evaluación Internacional de las Competencias de los Adultos (PIAAC) para aportar nuevas perspectivas sobre el papel de la educación en relación con esta curva: el estudio examinó los vínculos entre la educación de una persona, la educación de sus padres y los resultados en el mercado laboral, como los ingresos.

En países como Dinamarca, Finlandia, Noruega, Suecia, Austria, Alemania, Bélgica y los Países Bajos, los resultados indicaron que la educación de los padres tenía poca influencia adicional en los ingresos de sus hijos; lo que importaba era el nivel educativo de estos.

Pero en Francia, Japón, Corea del Sur y el Reino Unido, la influencia de la educación de los padres en sus hijos era considerable. En estos países, los hijos cuyos padres pertenecían a un grupo con bajo nivel educativo ganaban un 20 por ciento menos que aquellos cuyos padres tenían un nivel educativo más alto, aunque unos y otros contaran con el mismo nivel de cualificación en la misma área de estudio.

En conjunto, esta investigación indica que la movilidad social varía entre países en función del nivel educativo que alcanza una persona. La igualdad en la educación no siempre significa igualdad de oportunidades.

Indicadores de referencia

En una economía globalizada, depender del favoritismo y el nepotismo resulta poco útil. Más bien, para seguir siendo competitiva, la economía global exige que cada país aproveche al máximo sus recursos humanos, sin importar la posición social de determinadas personas o grupos.

Como era de esperar, a los gobiernos les preocupa cada vez más abordar las desventajas socioeconómicas en los sistemas escolares para poder aprovechar al máximo el capital humano de sus países y promover la movilidad intergeneracional.

De hecho, los responsables de formular políticas de todo el mundo han mostrado interés por los resultados de indicadores de referencia internacionales como el PIAAC y el Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA). A menudo se basan en estos indicadores para evaluar las brechas de rendimiento que existen entre estudiantes de distintos entornos socioeconómicos.

Lo ideal es que los países aspiren a un alto rendimiento y a brechas de aprendizaje reducidas, ya que estas últimas son señal de un sistema educativo eficaz. Como era de esperar, algunos países parecen obtener mejores resultados al promover mejores resultados educativos para los estudiantes de grupos socioeconómicos menos favorecidos.

Por ejemplo, los resultados de PISA 2015 indicaron que más del 30 por ciento de los estudiantes en situación de desventaja económica de Canadá, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Alemania, Hong Kong, Irlanda, Japón, Corea, los Países Bajos, Noruega, Singapur y Eslovenia se consideraban «académicamente resilientes». Esto significa que alcanzaron un alto rendimiento pese a pertenecer al cuartil inferior de la clasificación del nivel socioeconómico.

Aunque los países que aparentemente obtienen mejores resultados pueden estar orgullosos de sus logros, cabe señalar que una posición alta en las clasificaciones mundiales no refleja necesariamente cómo se manifiestan las desigualdades a nivel nacional. Por ejemplo, en Canadá existe una brecha notable entre los resultados educativos de los pueblos indígenas y los no indígenas.

Políticas para la igualdad

Al considerar la capacidad de la educación para influir en la movilidad social en el mundo, los resultados parecen dispares. Se necesita más investigación para comprender exactamente cómo algunos países parecen ofrecer oportunidades más equitativas en las escuelas y la sociedad, y a quiénes.

Cuando hay disparidades, los gobiernos deben considerar más opciones de política pública en varios sectores para crear una situación en la que las mismas capacidades y cualificaciones se traduzcan en las mismas perspectivas y resultados. No hacerlo pone en duda nuestra apreciada noción de meritocracia.

En otras palabras, en muchos países, la educación solo se traducirá en movilidad social con una mayor intervención del gobierno.

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